Un hijo pródigo más en el terruño paraguayo
Hace poco menos de dos años, con una maleta cargada de libros y una minúscula cantidad de ropas, me embarqué a una aventura muy importante en mi vida: ¡Regresar al terruño que me vio nacer después de casi dos décadas! Dejé mi zona de confort, una calidad de vida diferente, y regresé a Paraguay. Con mis alforjas llenas de sueños e ilusiones dejé mi patria adoptiva, la que me ha entrenado y formado para batallar en las situaciones más difíciles de la vida.
Dejé Alemania, un país exigente y complicado para salir adelante como profesional, pero no imposible; lo he logrado como muchos compatriotas que han alcanzado los objetivos propuestos en el extranjero. Decidí regresar por una razón más que esencial: ayudar en educación, colaborar con un granito de arena todos los días hasta lograr construir un castillo sólido con los jóvenes de nuestra querida patria. Empezar de cero, desde todo punto de vista, es muy difícil, y más con el agravante de la edad, ya no soy un jovenzuelo, sino ya adulto, maduro, formado, de hecho y derecho.
La hospitalidad natural de nuestro pueblo me ha cobijado y me ha ayudado a salir adelante para readaptarme y reintegrarme al ritmo folclórico de nuestro país, con sus luces y sombras, es una Nación heroica, resiliente por naturaleza y orgullosa que saltan por los poros de la piel de cualquier paraguayo.
Me toca pasar esta Navidad en la tierra colorada que me vio nacer. Navidad es esperanza, es renacer y es compartir este mágico momento con los seres queridos. Este tiempo navideño me transporta a esa niñez inocente de la cual formé parte. Se me nublan las retinas y aparecen imágenes de una época entrañable, de esa algarabía de niños recorriendo las casas del barrio para mirar los pesebres, que con tanto esfuerzo y cariño las familias los preparaban. El clásico “puedo pasar a ver tu pesebre”, seguidamente se ofrecen el refrescante clericó, un pedazo de pandulce, o quizás un turrón. Al final de la ceremonia, “muchas gracias, señora, muy lindo tu pesebre”, y desaparecía la magia hasta que otro grupo de chiquillos traviesos apareciera. No faltaban las “bombitas ñembokapu”, los mbokabichos, los buscapiés y otros artilugios de estruendo para amenizar la espera del Niñito Santo.
Esa estampa del pasado, hoy en día es casi difícil observar, debido a la globalización, al aislamiento, al individualismo acelerado que nuestra sociedad está viviendo actualmente. Esa estampa del pasado se ha borrado prácticamente de las costumbres tradicionales paraguayas y en estos tiempos se ha agravado con la aparición del virus mandarín, mortal que enlutó a muchas familias.
Este año 2020 nos sorprendió a todos, nos dejó encerrados y más aislados que nunca. Mal o bien, el Gobierno ha decretado una serie de normas para enfrentar a este virus invisible, aunque el descontento de la población por el encierro compulsivo hizo mella en la paciencia de la gente.
Esa resiliencia innata que tenemos todos los paraguayos se activó en mis venas y me dio energías y ganas de seguir apostando por un nuevo país, por seguir apoyando desde el lugar que me toca para que la educación del Paraguay se encamine hacia nuevos horizontes.
En este tiempo de recogimiento, de alegría, de espera del nacimiento del Niño Dios, me detengo a agradecer a mucha gente que me ha tendido la mano para el reencendido automático en este cálido país.
Agradezco a mis familiares y amigos, quienes de alguna u otra manera me hicieron y me están haciendo el aguante para redescubrir mi país.
Un agradecimiento muy especial al diario El Nacional, que me ha abierto las puertas para colaborar con temas vinculados a la educación y la cultura en general. Un abrazo cálido para mis lectores que siguen mis artículos publicados en www.elnacional.com.
La construcción de una nueva República solo será posible si todos ponemos nuestro grano de arena y les hacemos ver a las autoridades el camino correcto, por medio de críticas sanas y constructivas.
¡Feliz Navidad!
(*) Doctor en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica.
Universidad de Kiel, Alemania.