Educación superior

Solo una de cada diez carreras universitarias está acreditada en Paraguay

El dato vuelve a exponer las debilidades estructurales de la educación superior paraguaya: proliferación de ofertas académicas, escasos controles de calidad y creciente preocupación entre estudiantes y profesionales.
Educación superior en Paraguay. Cortesía

La educación superior en Paraguay enfrenta una crisis cada vez más visible, según se advierte en un informe. Mientras crece la cantidad de universidades y carreras habilitadas, la acreditación —considerada el principal sello de calidad académica— sigue siendo excepcional. Actualmente, apenas una de cada diez carreras universitarias cuenta con acreditación vigente en el país.

Los datos de la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (ANEAES) muestran que de unas 5.000 carreras habilitadas por el Consejo Nacional de Educación Superior (CONES), solo alrededor de 500 están acreditadas. La diferencia revela una brecha profunda entre expansión educativa y estándares de calidad.

La acreditación es un proceso mediante el cual se evalúan aspectos como infraestructura, nivel docente, contenido académico, investigación y condiciones institucionales. Aunque una carrera puede estar legalmente habilitada para funcionar, eso no implica necesariamente que haya superado una evaluación de calidad académica.

Los informes recientes de la ANEAES muestran que esta situación se repite en múltiples áreas. En Ingeniería, solo el 18% de las carreras está acreditado; en Derecho, el porcentaje ronda el 17%; y en Psicología apenas llega al 19%. El patrón se repite especialmente en el sector privado, donde se concentra la mayor expansión de ofertas académicas en la última década.

El problema trasciende lo estadístico. Para miles de estudiantes, la acreditación empieza a convertirse en un factor determinante por el temor a futuras restricciones para registrar títulos o acceder a oportunidades laborales y académicas. El propio debate ya se instaló entre universitarios y profesionales jóvenes, especialmente en carreras vinculadas a salud, ingeniería y derecho.

En Paraguay, la expansión de la educación superior fue explosiva en los últimos 20 años. El aumento de universidades privadas permitió una mayor cobertura y acceso, pero también abrió cuestionamientos sobre el control efectivo de la calidad educativa. En muchos casos, las carreras crecieron más rápido que los mecanismos de supervisión, generando un sistema heterogéneo, con fuertes diferencias entre instituciones.

A esto se suma otro desafío: la desconexión entre formación universitaria y mercado laboral. Expertos en educación advierten que la acreditación no solo debe verse como un trámite administrativo, sino como una herramienta para garantizar competencias profesionales mínimas en áreas sensibles para el desarrollo del país.

El escenario plantea además un dilema para las autoridades: cómo elevar los estándares sin restringir el acceso a la educación superior en un país donde la universidad sigue siendo, para miles de jóvenes, una de las pocas vías de movilidad social.

En medio de ese debate, la acreditación comienza a ganar peso como criterio de confianza y calidad. Y aunque todavía no es obligatoria para todas las carreras, el dato actual deja una señal clara: el crecimiento de la educación superior paraguaya sigue avanzando más rápido que su consolidación académica.