Reinserción social de adolescentes infractores: una asignatura pendiente, afirma experta
Para especialistas en justicia penal, la reinserción social de adolescentes infractores sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes del Estado paraguayo. La doctora Andrea Vera Aldana resumió el problema con crudeza: no se cumple porque faltan interés, voluntad política, financiamiento y presupuesto.
En el caso de adolescentes, el objetivo legal y social no debería agotarse en la sanción, sino incluir un proceso real de reeducación, acompañamiento y reconstrucción de proyecto de vida. Sin embargo, la realidad muestra otra cosa: trayectorias marcadas por exclusión escolar, vínculos familiares frágiles, consumo problemático y respuestas institucionales débiles. Un informe reciente del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP) advirtió que muchos adolescentes privados de libertad llegan al sistema después de una acumulación de vulneraciones previas que nunca fueron atendidas a tiempo.
La consecuencia es conocida, aunque poco discutida: si el encierro no viene acompañado de educación, contención psicosocial, formación laboral y seguimiento posterior, el sistema termina devolviendo a la sociedad a jóvenes que salieron con más estigmas que herramientas. Y ahí es donde el fracaso deja de ser individual para convertirse en un problema público. La reincidencia, en muchos casos, no responde solo a una conducta delictiva persistente, sino a la ausencia de un Estado capaz de ofrecer una segunda oportunidad mínimamente estructurada.
El desafío, además, no se limita a los centros educativos o de reclusión juvenil. La reinserción exige una red que hoy prácticamente no existe con la escala necesaria: escuelas dispuestas a reincorporar, programas comunitarios, apoyo a las familias, salud mental, capacitación y empleo. Sin esa arquitectura, el discurso de "darles otra oportunidad" queda reducido a una consigna bien intencionada pero vacía. Los propios datos del MNP muestran que en Paraguay hay altas cifras de adolescentes en conflicto con la ley penal, más allá del número, refleja un universo pequeño en tamaño pero enorme en complejidad social.