La tarde de este lunes, tras la alerta emitida por la Dirección de Meteorología e Hidrología, se desató un fuerte temporal que descargó una importante cantidad de agua en un corto periodo de tiempo. El resultado fue inmediato: calles convertidas en verdaderos ríos, bocas de tormenta colapsadas y puntos críticos desbordados en cuestión de minutos.
En Asunción, zonas tradicionalmente conflictivas volvieron a quedar bajo agua. Avenidas principales se transformaron en peligrosas correntadas, generando escenas de pánico entre conductores y peatones. En varios sectores, el nivel del agua superó veredas y alcanzó accesos a viviendas y locales comerciales.
La situación se replicó en Luque, San Lorenzo y Lambaré, donde los raudales arrastraron basura, ramas y hasta vehículos estacionados. En algunos puntos, vecinos reportaron que el agua bajaba con una fuerza inusual, lo que incrementó el riesgo para quienes intentaban cruzar calles anegadas. Las imágenes difundidas en redes sociales mostraron la magnitud del fenómeno, con torrentes que en cuestión de segundos cubrían por completo arterias muy transitadas.
El fenómeno no es nuevo. Cada tormenta intensa expone la misma fragilidad estructural: desagües insuficientes, falta de mantenimiento, urbanización desordenada y ocupación de cauces naturales. Especialistas advierten desde hace años que la ciudad no cuenta con un sistema de drenaje acorde al crecimiento urbano ni a los eventos climáticos extremos que se registran con mayor frecuencia.
Vecinos afectados cuestionaron la ausencia de obras integrales y señalaron que los trabajos puntuales no han logrado resolver el problema de fondo. En barrios de la capital y del departamento Central, la acumulación de agua se produjo en cuestión de minutos, dejando aisladas a familias y complicando el tránsito en plena hora pico..