En el marco del Día Mundial de la Vida Silvestre, celebrado el pasado 3 de marzo, queremos desde Paraguay reafirmar nuestra condición de país rico en biodiversidad, estrechamente relacionada con la cultura y la idiosincrasia, base del desarrollo económico y social, y que a pesar de esto enfrenta el desafío de conservar un patrimonio natural de valor incalculable. Como sabemos, el tema de este año es "Plantas medicinales y aromáticas". Conservando la salud, el patrimonio y los medios de vida", lo que nos resuena con especial fuerza en un país que es, a la vez, cuna de especies cultivadas fundamentales para la humanidad, especies de un valor genético invaluable y hogar de comunidades y ecosistemas muy particulares, con la particularidad de una variada heterogeneidad en un espacio en el que convergen grandes ecorregiones sudamericanas.

Paraguay ocupa una posición geográfica privilegiada que lo convierte en un punto de encuentro de ecorregiones extraordinarias. El Bosque Atlántico o Selva Paranaense en la región oriental, el Gran Chaco, con su Chaco Húmedo o Bajo Chaco y su Chaco Seco —el segundo bosque más grande de América del Sur después del bosque amazónico— y los humedales del Pantanal y los ríos Paraguay y Paraná y sus praderas de inundación, así como el Cerrado, configuran un mosaico de ecosistemas, comunidades naturales y paisajes que albergan una diversidad de flora, fauna y hongos de relevancia regional y global, dando así una riqueza biológica notable.
El país alberga entre 6.500 y 7.000 especies de plantas, 720 especies de aves, 167 de mamíferos, alrededor de 150 de reptiles y entre 63 y 75 de anfibios, además de 261 especies de peces. Entre su fauna emblemática se encuentran el jaguarete (Panthera onca), el oso hormiguero gigante o jurumi (Myrmecophaga tridactyla), el tapir (Tapirus terrestris), el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), el tatú carreta (Priodontes maximus) y una gran diversidad de aves como hemos visto en varias de mis columnas dominicales (harpyja), todas especies que enfrentan distintos grados de amenaza.

Pero la riqueza de Paraguay no se limita a su fauna. El país es parte del Centro de Origen Menor Brasileño-Paraguayo, donde se originaron cultivos de importancia global como la mandioca (Manihot esculenta), el maní o manduvi (Arachis hypogaea), la batata (Ipomoea batatas), el locote (Capsicum spp.), la piña o ananá (Ananas comosus) y la yerba mate (Ilex paraguariensis), sin olvidar al ka'a he'ẽ o stevia (Stevia rebaudiana), y como ellas muchas otras especies conocidas como recursos fitogenéticos, lo que denota el sentido "utilitario" de estas plantas. Esta agrobiodiversidad, íntimamente ligada a la identidad cultural del país, es también un recurso estratégico para la seguridad alimentaria nacional y regional. Hace poco se publicaba una información de que unas 60 mil plantas se utilizan en todo el mundo con fines medicinales y afines. Paraguay es parte de esa estadística con su pohã ñana y todas las plantas que utiliza en su arte culinario.

La vida silvestre, la biodiversidad del Paraguay, no es solo valor intrínseco de la naturaleza, sino que es el sostén de la vida humana y de la economía nacional. Los ecosistemas naturales proveen servicios ambientales esenciales —regulación del ciclo hídrico, control de la erosión, captura de carbono, polinización de cultivos— sin los cuales la producción agropecuaria que sustenta la economía del país sería inviable. Y sin olvidar a las tres grandes represas hidroeléctricas que requieren de un elemento cada vez más valioso, el agua, que es captura, retenido, filtrado por los bosques, los pastizales, las sabanas, los humedales.
En sintonía con el tema del Día Mundial de la Vida Silvestre 2026, las plantas medicinales y aromáticas del Paraguay representan un vínculo profundo entre la naturaleza, la cultura y la salud. Las comunidades indígenas y campesinas han desarrollado durante siglos un conocimiento etnobotánico sofisticado sobre el uso de especies nativas para la medicina tradicional, la alimentación y los rituales culturales. Este saber, transmitido de generación en generación, constituye un patrimonio inmaterial que merece ser documentado, valorado y protegido con la misma urgencia que los ecosistemas y las ecorregiones y sus comunidades naturales que lo sustentan.

La bioeconomía emerge hoy como una oportunidad concreta para que Paraguay transforme su biodiversidad en desarrollo sostenible, y que sea el motor real y eje principal del desarrollo, como el ecoturismo, los productos forestales no maderables, la bioprospección responsable y la certificación de productos naturales, que son vías que permiten generar valor económico sin destruir el capital natural.
Paraguay cuenta con un conjunto de instrumentos legales orientados a la protección de su vida silvestre, como la Ley N.° 96/92 de Vida Silvestre, que regula el aprovechamiento y la conservación de la flora y fauna nativas; la Ley N.° 352/94 de Áreas Silvestres Protegidas, que estableció el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINASIP), y que hoy alberga más de unidades de conservación. La Ley N.° 2524/04, conocida como "Ley de Deforestación Cero" para la Región Oriental, logró reducir el riesgo de extinción del bosque atlántico. Paraguay también ratificó el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), la Convención de Especies Migratorias y la Convención CITES, y cuenta con Reservas de Biosfera reconocidas por la UNESCO.

A pesar de estos avances, la situación de la vida silvestre en Paraguay sigue siendo crítica. La expansión agropecuaria continúa siendo la principal amenaza para los ecosistemas naturales, especialmente en el Chaco, donde la deforestación avanza a un ritmo alarmante a pesar de que existen anuncios oficiales del mantenimiento de la masa forestal. En este sentido, pueden existir bosques y hasta, si se quieren, artificiales, pero la fauna y la flora nativa ya no están allí. La contaminación de ríos y fuentes de agua por agroquímicos, la caza furtiva, el tráfico de especies y los efectos del cambio climático —con proyecciones de aumento de temperatura— agravan la presión sobre la vida silvestre.
A nivel institucional, el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES) enfrenta limitaciones presupuestarias y de personal que dificultan la vigilancia efectiva de las áreas protegidas y las acciones sobre la vida silvestre. Algunas áreas carecen de planes de manejo actualizados, y de que los que existen se respeten por las mismas autoridades locales y centrales, y de una presencia institucional suficiente para frenar las invasiones y la degradación.

El Día Mundial de la Vida Silvestre es una oportunidad para recordar que la conservación no es responsabilidad exclusiva del Estado. Las organizaciones de la sociedad civil como para las que he trabajado y he creado o apoyado su creación, han demostrado que la gestión privada y comunitaria de áreas protegidas puede ser eficaz y complementaria a la acción pública y que la producción y la conservación son "caras de la misma moneda". Las comunidades indígenas, guardianas ancestrales de los bosques y áreas naturales, deben ser reconocidas como actores centrales de cualquier estrategia de conservación y tanto ellas como las comunidades tradicionales deben ser parte de la gobernanza de la vida silvestre.
Paraguay tiene ante sí una elección: puede seguir perdiendo su patrimonio natural a manos de la expansión sin planificación, o puede apostar por un modelo de desarrollo que reconozca en su biodiversidad la base de su prosperidad a largo plazo. La vida silvestre no es un obstáculo al desarrollo, es su condición más fundamental.
