Entrevista

Paraguay, 215 años después: dependencias que la independencia no resolvió

El historiador Fabián Chamorro analiza las contradicciones entre el discurso patriótico y la realidad estructural del país.
Fabián Chamorro, historiador. Foto: Gentileza.

A 215 años de mayo de 1811, Paraguay conmemora una independencia que, según el historiador Fabián Chamorro, fue mucho más que un acto político puntual y dejó pendientes profundas que aún hoy definen al país. En diálogo con El Nacional, Chamorro repasa los alcances reales de aquella gesta, las dependencias que persisten y los silencios que la historia oficial prefiere no mencionar.

Un quiebre político, no una liberación total

"Desde ese 15 de mayo, ninguna autoridad española volvió a tener poder en Paraguay", señala Chamorro al describir el significado inmediato de la independencia. Sin embargo, el historiador distingue claramente entre la ruptura con España y la consolidación de una soberanía plena.

Paraguay formaba parte del Virreinato del Río de la Plata, cuya capital era Buenos Aires, ciudad que intentó imponerse sobre el resto de las provincias que integraban ese territorio.

Las consecuencias de esa disputa se extendieron durante décadas. Argentina recién reconoció la independencia paraguaya en 1852, es decir, 41 años después de la gesta independentista. Las fronteras con Brasil y Argentina, además, solo quedaron definitivamente delimitadas tras la Guerra de la Triple Alianza. "Recién ahí podemos hablar de un territorio específico", afirma Chamorro. "La independencia del Paraguay es un proceso largo".

Un concepto que fue cambiando con el tiempo

Para Chamorro, la idea misma de independencia no es estática. "El concepto fue cambiando con el tiempo, prácticamente por períodos", explica.

Lo que en 1811 fue esencialmente un acontecimiento político vinculado al nacimiento del Estado paraguayo, con el correr de los años incorporó otras dimensiones: la independencia económica, energética y cultural, entre otras.

Ese proceso de resignificación estuvo marcado por acontecimientos concretos que reconfiguraron la región y al propio Paraguay. La Guerra del Chaco y otros fenómenos globales moldearon la manera en que el país entendió su autonomía a lo largo de los siglos.

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Las dependencias que persisten

Más de dos siglos después, Chamorro identifica dependencias que no solo persisten, sino que continúan siendo estructurales. La más acentuada, según su análisis, es la económica.

Al tratarse de un país mediterráneo, Paraguay depende en gran medida de sus vecinos y de un bloque regional que, según el historiador, no siempre funciona: el MERCOSUR.

"La dependencia económica sigue siendo muy, muy fuerte", afirma. Pero, aclara, no se trata únicamente de economía.

Chamorro también señala dependencias socioculturales y una práctica política que describe como "clientelar y prebendaria", la cual termina afectando el ejercicio pleno de la ciudadanía. Esos problemas estructurales, sostiene, siguen siendo profundos y configuran una forma de dependencia interna que también merece atención.

El discurso patriótico frente al espejo

Uno de los puntos más provocadores del análisis de Chamorro tiene que ver con las contradicciones entre el relato oficial y la realidad cotidiana.

El discurso patriótico paraguayo, explica, se apoya con frecuencia en la memoria de la Guerra de la Triple Alianza como eje del orgullo nacional. Sin embargo, la economía del país depende estrechamente de Brasil y Argentina, precisamente los países que integraron aquella alianza que devastó al Paraguay en el siglo XIX.

"Nuestra economía depende absolutamente de Brasil y de Argentina, más de Brasil que de Argentina", expresó.

A ello se suma otro elemento incómodo: los delitos transnacionales, como el narcotráfico, que también llegan desde esos países vecinos y terminan afectando al Paraguay.

La segunda gran contradicción señalada por el historiador tiene relación con el idioma. El guaraní es reivindicado permanentemente como símbolo de identidad nacional, pero quienes lo hablan como lengua materna enfrentan barreras reales para integrarse plenamente.

"Por más que son guaraní hablantes, se les obliga a tener una enseñanza en castellano", sostiene Chamorro.

El idioma que se celebra en los discursos oficiales es, muchas veces, el mismo que se margina en las aulas.

Los silencios que la historia oficial no cuenta

Chamorro también dedica parte de su análisis a aquello que no se cuenta —o se cuenta de manera incompleta— sobre la independencia paraguaya.

El primero de esos silencios es de naturaleza política: el 14 y 15 de mayo fueron, en rigor, un golpe militar. "Mucha gente no entiende que hablamos de un evento militar", señala, en referencia a una dimensión que la narrativa escolar suele suavizar o directamente omitir.

El segundo silencio es el de las mujeres. Su participación en la independencia permaneció invisibilizada durante décadas. Recién a partir de 1892 comenzó a hablarse de ese rol a través de la figura de Juana María de Lara, reconocida oficialmente como prócer recién en 2010, casi dos siglos después de los hechos.

El tercer silencio, según el historiador, está relacionado con la consolidación de los primeros gobiernos paraguayos tras la independencia, un proceso que también sigue siendo poco analizado y discutido dentro de la educación formal.

"Quizás esos sean elementos invisibilizados por lo mediocre de la educación paraguaya", concluye Chamorro, con una crítica que, lejos de ser anecdótica, apunta al corazón del problema: a 215 años de aquel mayo de 1811, Paraguay todavía mantiene una deuda pendiente con su propia historia.