Don Juan Flor (52) y doña Estela Lezcano (38) dejan en claro que el amor no es un aroma remoto o una palabra extraviada en los diccionarios. Su historia es de las más intensas y más felices que puedan narrarse. Están cada vez más enamorados y se reconocen por el ritmo y el sonido de sus pasos, a muchos metros de distancia. El amor que nació entre ambos abarca la literalidad de la frase "el amor es ciego", porque los dos carecen de esa capacidad de ver que tenemos la mayoría de las personas. Sí, son ciegos. Pese a no conocerse visualmente, se aman y llevan una excelente relación sentimental.
“Los nuestro fue amor a primera vista”, bromea él. “No cabe duda de que nuestro amor es ciego”, agrega ella con una sonrisa que denota el sentimiento más puro. Ambos se conocieron hace muchos años en la escuela para no videntes “Santa Lucía”, y fue ahí que nació el amor. “Nunca le vi, pero sí conozco su corazón y nobleza, su rectitud y eso me enamoró de él”, contó doña Estela a El Nacional. “Desde que escuché su voz supe que el amor llegó a mi vida”, dijo don Juan.
Cada 14 de febrero, en el día de los enamorados, don Juan y doña Estela la pasan juntos con una cena romántica para recordar todo lo que la vida les dio. “Hace 13 años que estamos juntos, tenemos dos hijos, Alan (9) y Dylan (7) y por ellos peleamos día a día. En el día de los enamorados recordamos todo lo que ya vivimos, esos momentos que quedan para siempre. Solo el amor puede hacer que dos personas que nunca se vieron se conozcan como si fuesen almas gemelas”, resaltó don Juan.
Don Juan y doña Estela sospechan que los ojos son, para los enamorados, una “decoración” y un recurso innecesario, y que con mucha frecuencia son ellos los que no dejan ver. “Dicen que de la vista nace el amor, pero yo digo todo lo contrario. A mí me enamoró su voz, su aroma, su trato. Somos almas gemelas. El respeto fue clave en nuestra relación”, dijo don Juan. “Sé que para muchos la belleza física importa y está bien, pero la misma es esclava del tiempo. Para mí ella es la más bella de todas las mujeres”, agregó.
“A todas las personas que están en pareja y a las que están en busca de su alma gemela, les quiero decir que el amor todo lo puede y si se da con respeto florecerá día a día”, precisó don Juan.
Juntos en el colectivo
Don Juan y doña Estela viven en Reducto, de la ciudad de San Lorenzo. Ambos se levantan todos los días a las 4 de la mañana. A las 5 ya están en la parada de colectivos para dirigirse a sus lugares de trabajo. Él trabaja en el Centro de Rehabilitación para personas ciegas, y ella en el Ministerio de Agricultura y Ganadería. “Tomamos el micro juntos todos los días. A veces cuesta un poco, pero casi siempre es tranquilo, casi siempre encontramos gente buena que nos brinda su ayuda. Además, conocemos el camino”, dijo don Juan.
El hombre contó que nació con un problema visual denominado glaucoma congénito. Comentó que vio el mundo por última vez a los dos años. No recuerda el momento en que todo se apagó definitivamente, pero lo toma como atardecer definitivo y que brilló cuando el amor llegó a su vida. “Sin dudas que Estela y mis hijos fueron lo mejor que pasó en la vida”, finalizó.