Nunca es tarde: abuelos estudiantes que le ganan al tiempo

27 Febrero de 2022
27 Febrero de 2022
Nunca es tarde: abuelos estudiantes que le ganan al tiempo
Nunca es tarde: abuelos estudiantes que le ganan al tiempo

Al momento de cruzar por primera vez el portón de la casa de estudio lo hizo lento, en su silla de ruedas, pero seguro. “Lo primero que hice fue dar gracias por volver a las aulas”, confesó. Eso sí, el temor del qué dirán daba vueltas en su mente. “No sabía cómo iban a tomar los muchachos que un abuelo se siente en clases. Pero esa inquietud rápidamente se esfumó. Todos me trataron de la mejor manera”, añadió. El que habla es don Cándido Silva, de 87 años de edad. Él es de esas personas que le ganan al tiempo. Que viven en base a sus pasiones y motivaciones, muchas de las cuales no pudo realizar de joven.

Sus arrugas y cabellera blanca sobresalen entre tanta piel joven en las aulas de la la Escuela Básica N.º 1.280 San Francisco de Asís, de La Paloma, Canindeyú. Al enterarse de las clases presenciales, don Cándido decidió volver a la escuela y comenzó el 7º grado. Comentó que está muy emocionado de retomar sus estudios “porque nunca es tarde”. Él es tan solo un ejemplo del aumento de la cantidad de "estudiantes senior" que rompen barreras en busca de un objetivo: culminar sus estudios.

¿Por qué estudiar ahora? ¿No es mejor estar con la familia y amigos, disfrutando día a día? ¿Qué sienten cuando les dicen que ya están grandes para estudiar? Eso quiso saber El Nacional de estas personas que, sin dudas, son ejemplos para todos.

“En mi mente siempre daba vueltas de que debía volver a estudiar. Era algo que estaba en mí. Yo había hecho hasta el 6º grado, en 1947 a 1948. Mi escuela estaba en Carapeguá, yo soy carapegüeño. Después ya no pude continuar, pero siempre tenía en mente que alguna vez retomaría mis estudios y eso por suerte se pudo dar este año”, contó don Cándido.Don Cándido vive en La Paloma, Canindeyú, y la escuela a la que asiste queda a tres cuadras de su casa. El estudiante anda en silla de ruedas debido a un problema de la rodilla, pero eso no le impide perseguir sus sueños. Los alumnos y profesores de la escuela San Francisco de Asís no podían creer lo que veían, al saber que el abuelito retomaba las clases. “Muchos se sorprendieron al verme llegar y dar las clases con ellos. A lo mejor muchos piensan que ya no es momento, pero el sueño de uno está”, sostuvo.

“Cuando supe que las clases serían otra vez de manera presencial, me animé y dije tengo que volver a las aulas, y así lo hice”, explicó. Don Cándido es padre de dos hijas y dos hijos, 5 nietos y 3 bisnietos. “Luchar siempre. Rendirse jamás. Tenés que demostrarte a vos mismo que tenés potencial y que para estudiar no importa la edad. Deseo culminar mi secundaria y por qué no, seguir alguna carrera universitaria más adelante”, destacó.

Se destaca en la universidad

El perfil de alumno que sale de la escuela secundaria y acto seguido entra a la universidad se va diluyendo como pintura por madera. En las diferentes universidades de nuestro país se puede notar que cada vez hay más “estudiantes senior”.

Para ellos (o en todo caso para la mayoría de ellos), la universidad es una verdadera elección. Quienes deciden retomar una carrera interrumpida o hacer sus primeros pasos en las aulas universitarias después de cumplir los 60, 70 u 80 años, llevan una carga más pesada que sus compañeros recién salidos del secundario. Detrás de cada uno de los alumnos “senior” hay una historia. La mayoría coincide que en su momento de juventud no pudo estudiar por diferentes circunstancias de la vida.Doña Dolores Vázquez es un reflejo de ello. Ella vive sola, nunca se casó, ni tampoco tuvo hijos. Su ilusión fue siempre estudiar en la facultad. Un sueño bastante común entre la mayoría de los adolescentes que salen del colegio. Pero para ella estudiar supuso todo un reto. Debido a su temprano ingreso al campo laboral no pudo seguir ese anhelo. “Siempre quise seguir esa carrera (Ingeniería Ambiental) porque soy una amante de la naturaleza, de las plantas, de los animales”, confesó. “Terminé a duras penas el colegio, eso sí con buenas notas, pero me costó porque éramos una familia humilde. Luego ya me tocó trabajar”, dijo. “A los 75 años me decidí y dije 'los sueños hay que cumplirlos' y hoy a mis 82 años lucho por ellos”, comentó.

A doña Dolores le faltan tan solo algunas materias para culminar la malla curricular en la Facultad a la que asiste, que queda en Ayolas. “Yo solo quiero decir a los jóvenes que siempre luchen por lo que quieren. Somos muchos los que no tuvimos la suerte de poder estudiar en su momento y por eso lo hacemos recién ahora. Es por eso que le pido a la juventud que no desaprovechen la oportunidad que tienen y que estudien”, finalizó.

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