Mamífero hervíboro

Nuestro mboreví, un gran restaurador en la naturaleza

El pasado 27 de abril celebramos a nivel mundial el Día del Tapir, nuestro mboreví, también conocido como anta o danta, científicamente conocido como Tapirus terrestris.
Una cría de tapir con su críptica coloración. Foto: Carlos Ortega. Foto: Carlos Ortega.

Este gran mamífero herbívoro fue el foco de la celebración desde el 2008 por el Grupo de Especialistas de Tapires de la Comisión de Supervivencia de Especies de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que lidera el apreciado Jon Paul Rodríguez; y esto tiene como objetivo concienciar sobre la importancia de los tapires en los ecosistemas y promover su conservación. Lo que me motivó fue una foto de Carlos Ortega y luego el mismo Carlos y Edgar Romero me compartieron bellísimas imágenes, algunas de ellas aquí reproducidas y yo agradecido a ambos por motivarme y compartir sus imágenes. 

Mborevi en ambiente acuatico dentro del bosque. Foto: Edgar Romero.

Este herbívoro cumple roles ecológicos fundamentales en los ecosistemas, es el mamífero de mayor tamaño en Sudamérica y se lo asemeja a un borro, con un peso entre 150 y 300 kg, con una trompa prensil, que utiliza para alimentarse, y un gran cuerpo con el que embiste la vegetación en sus andanzas; tiene un pelaje corto oscuro, y muchas veces tiene bordes blanquecinos en sus orejas. En cuanto a su hábitat parece ser un poco plástico, ya que habita bosques, selvas, humedales, pastizales, pero siempre cerca del agua y en diferentes ecorregiones y casi todos los países del continente sudamericano. Este gusto por los hábitats acuáticos lo ha ligado a la cosmovisión guaraní, ligando el amor con una bella indígena, pero también ligando su nombre con el camino al paraíso (mborevi rape).

Es un mamífero solitario y mayormente nocturno, y pasa parte de su tiempo cerca del agua, donde se alimenta, lame zonas con sales, se refresca en el agua y se rasca contra los troncos. Todo esto nos deja muchas señales en la naturaleza que denotan su presencia, además de las grandes y fuertes pisadas, como así también sus excrementos, los que nos recuerda a los del caballo, si bien son más pequeños. 

Mborevi deambulando por su territorio. Foto: Edgar Romero.

Este gran herbívoro tiene un rol poco apreciado en las comunidades naturales donde habita, si bien ya hemos visto por ahí que lo tratan del jardinero o el restaurador del boque y por muy buenas razones. Como consume grandes cantidades de frutos, al defecar las semillas normalmente intactas en diferentes áreas, contribuye a la regeneración y diversidad forestal. Algunas especies vegetales dependen especialmente de los tapires para su dispersión efectiva. Seguramente algunos ya conocen a la planta cuyo nombre común es mborevi rembiu (comida del tapir). En esos senderos y arremetidas que hacen por el bosque, abre caminos que facilita el movimiento de otros animales y la dispersión de semillas por el bosque, y de alguna manera lo que come y lo que dispersa, influye en la composición y estructura de la vegetación, favoreciendo ciertas especies sobre otras y así modelando el paisaje en el que vive, transforma el material vegetal y contribuye al ciclo de nutrientes en el suelo forestal, y aunque de grandes tienen pocos depredadores naturales debido a su tamaño, los jaguarete pueden cazarlos, manteniendo así las cadenas tróficas. Otro que los caza es el ser humano y que construye "mangrullos" a unos pocos metros de altura por sus senderos o en los barreros, donde los tapires suelen acudir para sus baños de barro, refrescarse y lamer la sal que allí brota.

La cría del tapir es de color diferente y es muy mimético, tiene manchas muy llamativas. Además, el macho del tapir tiene algunas características muy particulares que hace que, si te tratan de mborevi, elogian una característica masculina. Ustedes averiguarán de qué se trata. 

Un buen baño en charco del camino. Foto: Carlos Ortega.

Este importante elemento de nuestra fauna está considerado como "vulnerable" según la Lista Roja de la UICN, ya que, si atendemos su conservación, podríamos perderlo. Las principales amenazas tienen que ver con la pérdida y fragmentación del hábitat debido a la deforestación y cambios de cobertura natural, la cacería para el consumo de su carne, el atropellamiento en carreteras, y en algunos casos la competencia con el ganado doméstico. 

La disminución de sus poblaciones afecta directamente la salud de los bosques, ya que los servicios ecológicos que provee son difícilmente reemplazables por otras especies; además, en muchas culturas indígenas de Sudamérica, el tapir tiene una importante presencia en sus cosmovisiones, mitos y arte, como ya vimos, lo que refleja la estrecha relación de estos pueblos con la biodiversidad de sus territorios.

La conservación del tapir requiere estrategias que incluyan la protección de grandes extensiones de bosque y pastizales continuos, corredores biológicos y la reducción de la presión de caza, beneficiando así no solo a esta especie sino a todos los ecosistemas que dependen de su presencia, y lo primero es conocerlo, valorarlo y comenzar con los más chiquitos a mostrarle la importancia de este gran herbívoro de nuestros ambientes. Tristemente, veo que pocos saben la importancia de los grandes herbívoros y cuando saben algo, solo se refieren a los grandes herbívoros africanos.