NacionalesFauna paraguaya en riesgo

Nuestras tortugas terrestres: biodiversidad acorazada lenta pero en riesgo

Estos reptiles, conocidos como karumbé, cumplen un rol clave en la dispersión de semillas y el mantenimiento de los ecosistemas de sabana y bosque. Sin embargo, enfrentan amenazas por pérdida de hábitat, caza y tráfico ilegal, lo que las hace vulnerables y exige acciones urgentes de conservación.

Alberto Yanosky
por Alberto Yanosky 1 Febrero de 2026
1 Febrero de 2026
Carbonaria alimentándose.
Carbonaria alimentándose. Foto: Carlos Ortega.

Hace algún tiempo, el apreciado Carlos Ortega me compartía fotos bellísimas de las dos especies de tortugas terrestres que tenemos en Paraguay y en la región. Así que comparto estas fotos agradeciendo a Carlos por permitir que las use para difundir y traer alguna información basada en evidencias que hoy sabemos. No voy a hablar de las tortugas en general, ya que hay varias especies de tortugas acuáticas, y quiero concentrarme en honrar las fotos de Carlos que me motivaron a escribir al respecto.

Carumbé caminando.  Foto: Carlos Ortega.
Carumbé caminando. Foto: Carlos Ortega.

En Paraguay, a las cuales conocemos más como karumbe en idioma guaraní, las tortugas terrestres conocidas pertenecen al género Chelonoidis, con la tortuga chaqueña o común, Chelonoidis chilensis, y la tortuga de patas rojas, Chelonoidis carbonaria. La tortuga común se concentra en el Chaco paraguayo, en ambientes secos y de matorral; mientras que la de patas rojas ocupa sabanas y bordes de bosque en gran parte del país, incluyendo sectores del Chaco y el este, con preferencia por hábitats heterogéneos con claros y cobertura arbórea dispersa.

Tortuga de patas rojas en proceso de deglucion.  Foto: Carlos Ortega.
Tortuga de patas rojas en proceso de deglucion. Foto: Carlos Ortega.

La tortuga chaqueña está adaptada a climas secos con suelos arenosos y vegetación xerófila, usando refugios naturales y cavidades para poder llevar a cabo su termorregulación y protección. Por otro lado, la de patas rojas utiliza mosaicos de bosques y sabanas, frecuenta claros y suelos con hojarasca, y aprovecha microhábitats con frutos y hongos. La karumbe chaqueña es eminentemente herbívora, consume brotes, hojas y material vegetal suculento acorde a la disponibilidad estacional en el Chaco; mientras que la de patas rojas es notablemente frugívora-omnívora, ya que se sabe que incorpora frutos, flores, hojas, hongos y ocasionalmente carroña, lo que le confiere una dieta diversa y flexible frente a cambios ambientales. Ambas especies tienen crecimiento lento, madurez tardía y puestas pequeñas, lo que limita su capacidad de recuperación ante altas mortalidades, sean por razones naturales como la afectación de su hábitat y de sus hábitos, o por la cosecha o caza de las mimas, o temas más cruciales como los cambios en las condiciones climáticas, siendo que su actividad suele ser diurna con variaciones según temperatura y humedad.

Carbonaria a paso lento.  Foto: Carlos Ortega.
Carbonaria a paso lento. Foto: Carlos Ortega.

Si pensamos en la dieta de la de patas rojas y la cantidad de frutas que consume, es un claro dispersor de semillas; su consumo de frutos facilita el transporte y la germinación de semillas, manteniendo la dinámica de regeneración en bosques y sabanas. En ambientes donde los grandes frugívoros son escasos, su función es aún más crítica, ya que ocupa un espacio como frugívoro, pero a nivel del suelo, a diferencia de muchas aves y otros elementos de la biodiversidad que consumen frutas en condiciones más aéreas. Al consumir y fragmentar materia vegetal, ambas especies de karumbe contribuyen a la redistribución de nutrientes y al control de la vegetación baja. Sus refugios y movimientos crean microhábitats usados por invertebrados y pequeños vertebrados, o sea que les facilitan a otras especies sus modos de vida.

Ambas especies están evaluadas por la UICN y figuran con riesgos por pérdida de hábitat y extracción o cosecha. La categorización global ha sido "vulnerable" en evaluaciones ampliamente citadas, con variaciones regionales y actualizaciones periódicas que reflejan presiones locales y cambios en el rango de distribución. En el caso de Paraguay, algunas de las presiones tienen que ver con la conversión de hábitat y fragmentación; la expansión agropecuaria, el desmonte y las quemas en el Chaco y el Bosque Atlántico degradan y fragmentan los ambientes críticos. Por otro lado, el tráfico ilegal y el mascotismo: la captura para el comercio de mascotas reduce poblaciones y altera su estructura etaria. La tortuga de patas rojas es particularmente afectada por su atractivo como especie de "morrocoy" o tortuga carey, como se la conoce en el norte de Sudamérica, la morrocoy sabanera. Estas tortugas también sufren presiones por la caza para consumo; en partes de su rango de distribución, la extracción para carne impacta en las poblaciones de esta tortuga, sumada a su baja fecundidad, lo que provoca declives locales.

Carbonaria ingiriendo frutos.  Foto: Carlos Ortega.
Carbonaria ingiriendo frutos. Foto: Carlos Ortega.

Además, existen algunas incertidumbres taxonómicas, ya que históricamente se pensó que existía otra especie y se la distinguió como C. petersi en el Chaco; sin embargo, trabajos recientes la consideran dentro del complejo de C. chilensis, lo que tiene implicancias para la gestión y el monitoreo de poblaciones.

Hay algunas líneas de acción claras para la conservación, como la protección de su hábitat y la existencia de corredores, y por ello se requiere salvaguardar mosaicos de sabana-bosque y matorrales chaqueños, mantener conectividad y reducir la deforestación y quemas no controladas, lo que es esencial para el movimiento, alimentación y reproducción de las tortugas. Por otro lado, el control del tráfico y educación ambiental: fortalecer la fiscalización y campañas para desincentivar el mascotismo y la caza; promover la tenencia responsable que excluya fauna silvestre y fomentar la liberación controlada de individuos decomisados bajo protocolos sanitarios son algunos de los desafíos que aún debemos abordar. Y es importante que las reconozcamos, ya que el monitoreo y ciencia ciudadana podría ayudar a registrar ocurrencias, rutas de tráfico y mortalidad por caminos, así como también integrar datos con evaluaciones UICN para actualizar el estado y orientar acciones.

Carbonaria comiendo frutos del suelo. Foto: Carlos Ortega.
Carbonaria comiendo frutos del suelo. Foto: Carlos Ortega.

En síntesis, las tortugas terrestres de Paraguay cumplen funciones ecológicas clave —especialmente la dispersión de semillas y el mantenimiento de la estructura vegetal— y enfrentan presiones intensas por pérdida de hábitat y extracción. Su historia de vida las hace vulnerables a incrementos de mortalidad, por lo que proteger sus ambientes, frenar el tráfico y fortalecer el monitoreo son prioridades inmediatas para asegurar su permanencia en los ecosistemas chaqueños y de sabana-bosque del país. Así que ahora, cuando veas una tortuga en cautiverio, piensa si es lo que le conviene a la naturaleza, y contribuye con su conservación.

Chaqueña de frente. Foto: Carlos Ortega.
Chaqueña de frente. Foto: Carlos Ortega.

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