El caso que sorprendió al país tuvo un desenlace trágico. El hombre que había sido declarado muerto y luego recuperó el pulso en la morgue del Hospital de Santa Rosa del Aguaray, en el departamento de San Pedro, falleció finalmente tras ser derivado a un centro especializado en Asunción.
El paciente, de 41 años, había ingresado con un cuadro grave de quemaduras de tercer grado y sufrió un paro cardiorrespiratorio durante su traslado. Tras ser dado por fallecido por el personal médico, fue llevado a la morgue, donde minutos después volvió a presentar signos vitales, en un episodio que generó asombro tanto en el hospital como a nivel nacional.
Luego de ese hecho, fue reanimado y trasladado de urgencia a Asunción para recibir atención especializada. Sin embargo, pese a los esfuerzos médicos, no logró sobrevivir debido a la gravedad de su estado clínico, marcado por las severas lesiones que presentaba desde su ingreso.
El episodio reabre interrogantes sobre los protocolos de constatación de fallecimiento y manejo de pacientes críticos, en un sistema de salud donde este tipo de situaciones extremas exponen debilidades operativas y la necesidad de reforzar controles. Más allá del desenlace, el caso deja instalada una preocupación de fondo: la precisión médica en contextos límite y la confianza pública en los procedimientos sanitarios.
