Memoria histórica

¿Monumentos para el justo homenaje o para el olvido?

La reciente anulación del plan de erigir un obelisco monumental en homenaje a los combatientes de la Guerra del Chaco abre un debate mayor: ¿qué lugar ocupan los monumentos en la construcción de la memoria colectiva del Paraguay? ¿Vale la pena invertir sumas millonarias cuando los existentes están abandonados?
Imagen de IA. Captura.

El Congreso Nacional decidió archivar el proyecto que proponía levantar un obelisco de 40 metros en el Chaco, como homenaje a los combatientes y otras figuras resaltantes de la Guerra del Chaco. La idea, impulsada por legisladores que apelaron al "patriotismo" y a la necesidad de perpetuar la memoria de los héroes nacionales, generó controversia desde un principio. No tanto por el gesto simbólico en sí, sino por el presupuesto: más de G. mil millones, en un país donde escuelas públicas se caen a pedazos, los hospitales se encuentran desabastecidos y la crisis social crece al paso de los días.

Pero el problema va más allá de un obelisco cancelado. Lo que la discusión pone sobre la mesa es cómo —y cuánto— se invierte realmente en memoria histórica en nuestro país. Y qué entendemos, como sociedad, por "homenaje".

Para el arquitecto, historiador y urbanista Jorge Rubiani, no se trata de estar a favor o en contra de los monumentos, sino de entender su función social. "El monumento no es sino una tenaz resistencia hacia el olvido", afirmó. Pero en Paraguay —agregó—, "nosotros estamos consagrados al olvido".

Jorge Rubiani. Foto de archivo.

Ante la consulta de El Nacional, Rubiani lamentó que en el país no exista un solo sitio histórico en condiciones dignas de veneración y visita. Ni por su calidad estética y material, ni por el mantenimiento que debería garantizar el Estado. "Lamentablemente, no tenemos un solo lugar en el Paraguay donde los monumentos estén en condiciones", señaló.

Ni siquiera Humaitá —el lugar que más se acerca a un espacio con valor monumental e histórico nacional— se salva. "Hoy está absolutamente abandonado. No estoy hablando de limpiarlo con escobas y sacarle la suciedad más visible. Estoy hablando de un lugar que debería tener una gran calidad estética y material, guardia de honor, personal capacitado para contar lo que allí ocurrió. Todo lo que requiere un sitio visible y memorable", describió Rubiani.

Ruinas de Humaitá.

El abandono no solo se ve en la infraestructura. Se traduce también en un deterioro simbólico: "Cuando la gente nota que no hay cuidados oficiales, agrega lo propio para que la cosa se deteriore todavía más", observó el especialista. La ausencia de políticas públicas sostenidas y la desvalorización social de estos espacios refuerzan una cultura del descuido, donde incluso los memoriales más importantes se vuelven invisibles o irrelevantes.

Por eso, la pregunta que deja la cancelación del obelisco no es solo si era un proyecto costoso e innecesario, sino si estamos haciendo lo suficiente por preservar y resignificar los monumentos que ya existen. "Los monumentos están para sostener esa memoria histórica y tienen que dotarse de la mejor calidad posible. Pero si dejamos que las cosas simplemente sucedan, el monumento desde luego tiene muy poca importancia", concluyó Rubiani.

Mientras tanto, la memoria sigue luchando por no ser arrastrada por el olvido. Y tal vez la mejor forma de homenajear a quienes lucharon por este país no esté en levantar nuevos símbolos de cemento o cualquier otro material, sino en restaurar —y cuidar— con respeto los que ya tenemos.