Reitero el agradecimiento a Carlos Ortega por motivarme a escribir sobre las libélulas o ñahatî como las conocemos guaraní, y gracias al tema tuve la oportunidad de interactuar más con Bolívar Garcete, quien muy profesionalmente me comentó varios aspectos destacados de estos maestros del aire y del agua.
Libélulas y Caballitos del Diablo son odonatos similares, pero que podría diferenciarlos por el tamaño, forma del cuerpo, la posición de las alas en reposo, tamaño de las alas, ojos y vuelo. Para el caso de los caballitos del Diablo son más pequeños y delgados, el cuerpo es fino y cilíndrico, las alas en reposo están plegadas juntas sobre el abdomen, ambos pares de algas son similares en tamaño, los ojos están separados, y tienen un vuelo más débil y lento.
Uno de los comportamientos más sorprendentes de las libélulas es su naturaleza territorial. Los machos defienden tenazmente sus territorios contra los intrusos, y esto es clave para el éxito del apareamiento, ya que los machos atraen a las hembras a "su territorio" y cuando hay disputas territoriales, uno queda fascinado, ya que suelen ser luchas muy dramáticas, involucrando persecuciones aéreas y exhibiciones de agilidad. El macho debe convencer a las hembras de que es un "buen partido" y que tiene un territorio que defiende, según Bolívar.

Otro aspecto muy llamativo es cómo se aparean y esto debe haber tenido algo que ver, seguramente, con el Kama-sutra. Las libélulas exhiben una formación de rueda de apareamiento única, donde el macho agarra a la hembra detrás de su cabeza, y ella dobla su abdomen para conectarse con sus órganos reproductivos, siendo el acto un verdadero espectáculo que evidentemente garantiza una fertilización exitosa. Bolívar comenta detalles que llaman la atención, ya que no hay órganos copuladores, sino unos dispositivos en el tórax del macho que tiene la función de depositar el esperma en el abdomen de la hembra, en un acto que la hembra acepta, y en el que el macho antes de depositar su esperma, limpia el lugar para remover cualquier esperma de otro macho. El macho utiliza unas pinzas que tiene en el abdomen y le sirven para "trabar" a la hembra y así poder volar en tándem.
Los adultos poseen extraordinarias habilidades de vuelo que los diferencian de la mayoría de los otros insectos. Pueden flotar inmóviles, volar hacia atrás, hacer giros bruscos de 90 grados y alcanzar velocidades de hasta 35 kilómetros por hora. Bolívar destaca esta habilidad poder volar hacia cualquier lado y que pueden llegar a 100 km/hora en un arranque. Sus cuatro alas funcionan de forma independiente, lo que les permite una agilidad aérea inigualable que utilizan tanto para cazar presas voladoras como para evadir a los depredadores. Una máquina perfecta que las hace maestras en el aire y una excelente depredadora aérea.
Criss Baez nos comenta que más allá de sus impresionantes habilidades de vuelo y su complejo ciclo de vida, las libélulas poseen uno de los sistemas visuales más avanzados del reino animal. Las libélulas son conocidas por su comportamiento migratorio. Algunas especies emprenden largas migraciones, recorriendo cientos de kilómetros. Las libélulas o ñahatî son un componente vital de la biodiversidad de Paraguay, contribuyendo al equilibrio ecológico y la salud de los ecosistemas acuáticos.

Las libélulas y los caballitos del diablo representan mucho más que simples insectos en los ecosistemas de Paraguay: son indicadores vivos de salud ambiental, controladores naturales de plagas y ejemplos de adaptación evolutiva. Sus complejos comportamientos, desde batallas territoriales hasta grandes migraciones, demuestran las intrincadas relaciones que sustentan la biodiversidad. A medida que Paraguay continúa equilibrando el desarrollo con la conservación, la protección de estas extraordinarias criaturas y sus hábitats sigue siendo esencial para mantener el equilibrio ecológico que sustenta el rico patrimonio natural del país.
Gracias a David Portillo, Cristhian Báez, Carlos Ortega, Sergio Ríos y Bolívar Garcete.