Madre de lejos: "La distancia física no siempre significa ausencia emocional"
Hay niños que aprenden a esperar una videollamada como parte de su rutina diaria. Otros crecen entendiendo que los abrazos, los cumpleaños o las despedidas muchas veces dependen de un trabajo que obliga a sus madres a estar lejos.La Mg. Katherine Denice Román Sachelaridi, psicóloga clínica, especialista en Psicología Clínica de la Niñez y la Adolescencia y magíster en Neuropsicología Infantil, explicó que la ausencia física prolongada de una madre puede generar un impacto importante en el desarrollo emocional de los niños, especialmente durante los primeros años de vida.
"La ausencia física prolongada de la madre, especialmente en los primeros años de vida, puede generar un impacto emocional importante en el niño. Sabemos, desde la psicología del desarrollo y la neurociencia, que el vínculo de apego es fundamental para la regulación emocional y el desarrollo cerebral", señaló.
Según explicó, cuando un niño crece con separaciones frecuentes o prolongadas puede experimentar sentimientos de inseguridad, ansiedad, tristeza o miedo al abandono, dependiendo también de cómo se maneje esa distancia y de qué otras figuras de cuidado estén presentes.
"A nivel cerebral, los primeros vínculos afectivos ayudan al niño a desarrollar seguridad, confianza y regulación emocional", agregó.
Cuando los niños son muy pequeños
La especialista indicó que muchas veces los niños pequeños no logran comprender completamente por qué su madre debe irse a trabajar lejos, por lo que la manera en que los adultos manejan esa ausencia resulta fundamental.
"Los niños pequeños no siempre comprenden completamente los motivos laborales, por lo que, si no existe una explicación adecuada o una preparación emocional, pueden interpretar la distancia como abandono o desinterés", afirmó.
Por ello, destacó la importancia de hablar con los hijos desde pequeños, utilizando explicaciones sencillas y acordes a cada etapa. "Es importante hablar con ellos desde pequeños, explicarles de manera sencilla y acorde a su edad por qué mamá debe ausentarse, pero reforzando siempre que sigue presente afectivamente y que va a regresar", sostuvo.
También habló desde su experiencia personal. Además de ser psicóloga, es personal militar, una profesión en la que las ausencias laborales forman parte de la rutina. "Desde que mi hijo era pequeño fui conversando con él sobre mis días de guardia y mis responsabilidades laborales. Eso le permitió ir procesando la información y entender que mi ausencia no significaba falta de amor, sino parte de mi trabajo", relató.
Aseguró que, cuando existe comunicación, estabilidad emocional y demostraciones constantes de afecto, los niños suelen adaptarse mejor a esas separaciones.
La especialista explicó además que la edad influye directamente en la manera en que los hijos viven la distancia.
"No es lo mismo un bebé, un niño pequeño o un adolescente, porque cada etapa del desarrollo tiene diferentes necesidades emocionales y distintas formas de comprender la ausencia", indicó.
Apego
En la infancia temprana, añadió, la figura de apego cumple un rol clave en la sensación de seguridad emocional. Por eso, los niños pequeños pueden experimentar mayor ansiedad, tristeza o inseguridad frente a separaciones prolongadas.
"A medida que crecen, los niños pueden entender mejor los motivos de la ausencia, pero igualmente necesitan contención emocional, comunicación y estabilidad afectiva", señaló.
En la adolescencia, en cambio, esas emociones pueden expresarse de maneras diferentes. "Muchas veces manifiestan la distancia con enojo, aislamiento o cambios emocionales", explicó.
Sobre las señales emocionales más frecuentes, la psicóloga detalló que los niños pequeños suelen expresar el sufrimiento a través de conductas más que de palabras.
"Pueden aparecer berrinches, irritabilidad, mayor sensibilidad, llanto frecuente, dificultades para dormir, apego excesivo a otros cuidadores o incluso retrocesos en conductas o habilidades ya adquiridas, como volver a hacerse pipí en la cama", mencionó.
En niños mayores pueden observarse tristeza, ansiedad, bajo rendimiento escolar, aislamiento o cambios importantes en el comportamiento. "Es importante entender que muchas veces detrás de esas conductas hay una necesidad emocional y no simplemente un mal comportamiento", afirmó.
Mantener el contacto
La especialista sostuvo que la forma en que la madre se despide y mantiene el contacto también influye directamente en cómo el niño procesa la distancia.
"Los niños pequeños todavía no comprenden completamente conceptos como distancia, tiempo o trabajo; por eso necesitan explicaciones simples, claras y repetitivas que les den seguridad emocional", indicó.
También remarcó la importancia de evitar desaparecer sin previo aviso. "Evitar irse escondiéndose o sin despedirse es fundamental, porque eso puede generar inseguridad y ansiedad en el niño", expresó.
Según explicó, mantener rutinas de contacto mediante videollamadas, mensajes afectivos y figuras cuidadoras estables ayuda a sostener el vínculo emocional incluso en medio de la distancia.
"Cuando mamá explica que debe ir a trabajar y luego cumple con regresar o mantenerse en contacto, el niño aprende que, aunque exista distancia física, el vínculo afectivo sigue presente", sostuvo.
Aclaró además que la ausencia física, por sí sola, no determina necesariamente cambios permanentes en la personalidad del niño.
"La distancia física por sí sola no define la personalidad o la conducta del niño. Lo que más influye es cómo se sostiene el vínculo afectivo y el acompañamiento emocional durante esa separación", explicó.
Sin embargo, advirtió que, cuando las separaciones se viven con sufrimiento emocional intenso, escasa contención afectiva o sentimientos persistentes de abandono, algunas consecuencias pueden extenderse hasta la adolescencia o la adultez.
"He observado adolescentes con dificultades en la regulación emocional, sentimientos de tristeza profunda, ansiedad, inseguridad afectiva o problemas de autoestima", comentó.
También mencionó que algunos jóvenes pueden manifestar esas dificultades mediante aislamiento social, irritabilidad, bajo rendimiento escolar o conductas de riesgo.
Consultada sobre las emociones que suelen aparecer con mayor frecuencia, indicó que predominan la tristeza y la ansiedad, aunque en algunos casos también surge enojo, especialmente cuando el niño no logra comprender lo que siente.
Desde la teoría del apego, explicó que las primeras experiencias relacionales influyen en la manera en que una persona aprende a confiar y a construir vínculos en el futuro.
"Si un niño ha vivido separaciones difíciles sin suficiente contención emocional, podría desarrollar cierta inseguridad afectiva, miedo al abandono o dificultad para confiar en las relaciones", afirmó.
No obstante, aclaró que estas experiencias no son determinantes y que los vínculos pueden fortalecerse posteriormente mediante experiencias seguras y saludables.
Finalmente, la especialista señaló que lo más importante para evitar que la distancia física se transforme en ausencia emocional es cuidar la calidad del vínculo.
"Es muy importante que exista una conexión emocional real, atención plena, escucha activa, validación emocional y demostraciones de afecto", expresó.
Asimismo, destacó la importancia de mantener una comunicación constante con los hijos, incluso a distancia. "Lo que sostiene el vínculo no es solo la presencia física, sino la calidad del vínculo emocional y la consistencia en el contacto afectivo", concluyó.
En el marco de las conmemoraciones por el Día de la Madre y el Día del Psicólogo, Román Sachelaridi también dejó un mensaje dirigido a las familias.
"Es fundamental que, como padres, estemos atentos a las conductas de nuestros hijos, que podamos observar si hay cambios emocionales o conductuales y, sobre todo, mantener una comunicación abierta y cercana con ellos", finalizó.