Fauna y biodiversidad del Paraguay

Los pájaros carpinteros o ypekû: ingenieros y arquitectos del bosque (Parte 1)

Una mirada a la sorprendente diversidad de estas aves presentes en el país, sus adaptaciones únicas para vivir entre troncos y su papel clave dentro de los ecosistemas forestales, revelando por qué son consideradas verdaderas especialistas de la vida en los bosques.
Carpintero campestre. Foto: Carlos Ortega.

Hay un orden de aves conocido con el nombre de Piciformes, que alberga dos familias: por un lado los tucanes o arasaríes, o tukâ (los Ramphastidae), y por otro los pájaros carpinteros o ypekû (los Picidae).

Sobre estas aves —los pícidos, y en particular los carpinteros— voy a hablar hoy, ya que el apreciado Carlos Ortega nos comparte bellísimas fotos que muestran la rica diversidad de carpinteros que tenemos en el país, así como las diferentes formas, colores y adaptaciones que presentan.

Melanerpes candidus. Foto: Carlos Ortega

Resulta llamativo que estén más emparentados con los tucanes que con cualquier otro grupo de aves. De estas especies tenemos 21 registradas en Paraguay, y gracias al trabajo y la pasión que personas como Carlos ponen en su profesión es que podemos compartir estas imágenes, que me motivaron a investigar y profundizar en el conocimiento de estos "pájaros locos", como muchos los llamaríamos, ya que crecimos con algunos dibujos animados que los hicieron muy conocidos.

En general son aves arborícolas, aunque también existen especies terrícolas, aunque menos frecuentes. Tienen una vocalización fuerte, un vuelo ondulado muy característico, cabeza grande y un pico fuerte, recto y agudo, lo necesario para golpear continuamente la madera. Además, poseen una cola rígida que utilizan como sostén mientras martillan los troncos.

Ypekû ñu. Foto: Carlos Ortega

Sus pies presentan tarsos con dos dedos hacia adelante y dos hacia atrás, y suele ser difícil diferenciar entre hembras y machos. Cuando están golpeando los árboles, ese sonido puede oírse desde muy lejos. Más adelante hablaremos del golpeteo y del "tamborileo", como lo han descrito algunos investigadores.

Cuando deambulamos por los bosques del Chaco, del Cerrado y del Bosque Atlántico del Alto Paraná, ese sonido rítmico y persistente nos anuncia la presencia de uno de los grupos de aves más fascinantes del continente: los carpinteros o ypekû.

Ypekû la novia en mamón.

Aunque el nombre de la familia Picidae podría parecer relacionado con los peces, nada más lejos de la realidad. Su origen proviene de la palabra latina "pīcus", que hacía referencia al pájaro carpintero conocido en aquel momento. Todas las especies similares a ese pīcus original pasaron a formar parte de la familia Picidae.

Por otra parte, el sufijo griego "oidēs", que significa "parecido", hace que Picidae pueda interpretarse como "los parecidos al pájaro carpintero". Es un lindo ejemplo de combinación entre latín y griego para nombrar un taxón o grupo de animales. Solo faltaría sumar la tercera lengua que también ha dado origen a nombres científicos: nuestro querido guaraní.

El nombre de la familia hace referencia directa a la característica más distintiva del grupo: la acción de golpear o picar la madera. Se trata de un linaje evolutivamente antiguo. Los registros fósiles sugieren que sus ancestros habitaban las Américas hace al menos 45 millones de años.

Esta antigüedad les ha permitido desarrollar un conjunto de adaptaciones morfológicas extraordinarias, casi sin parangón entre las aves. Sus cráneos reforzados actúan como verdaderos cascos biológicos, con una arquitectura ósea capaz de absorber el impacto de miles de golpes diarios contra la madera.

El pico, recto y poderoso, funciona como un cincel de precisión. Las patas zigodáctilas —como dijimos, dos dedos hacia adelante y dos hacia atrás— junto con la cola rígida los convierten en escaladores verticales de excepcional habilidad.

Melanerper flavitrons. Foto: Carlos Ortega

Y la lengua: larga, extensible, cubierta de mucosidad adhesiva y, a veces, con microestructuras en forma de punta, capaz de explorar las galerías más profundas de los troncos en busca de larvas e insectos.

Hay tanto que decir sobre estas especies que, asistidos por ocho de las 21 especies presentes en el país, gracias a las fotografías de Carlos Ortega —quien además me ayudó a confirmar su identidad taxonómica— prepararé material para dos columnas dominicales. Así que no te pierdas el próximo domingo la segunda y última parte.

Dentro de las 21 especies registradas en el país —"hasta ahora", porque la ciencia avanza y también lo hace la gente que observa aves— la variedad morfológica es notable.

Encontramos a los pequeños carpinteritos del género Picumnus (representados por tres especies en Paraguay), que son los más diminutos, de apenas 10 centímetros, con movimientos inquietos que recuerdan más a un pajarito común que a un carpintero clásico.

En el otro extremo están los grandes, como el carpintero grande (Campephilus melanoleucos), también conocido como carpintero de cresta roja, que puede superar los 35 centímetros y produce un redoble tan potente que resuena a gran distancia en los bosques húmedos de la región oriental.

Entre estos extremos encontramos al carpintero campestre (Colaptes campestris), el carpintero dorado (Colaptes melanochloros), varias especies del género Melanerpes, el carpintero amarillo (Celeus flavescens) y el notable carpintero negro (Dryocopus schulzii), entre otros.

Vamos a disfrutar ahora de cuatro de las ocho especies que veremos gracias a las fotografías de Carlos Ortega:

El carpintero del cactus o tiri tiri (Melanerpes cactorum), muy asociado a la zona oeste del país, habitante de bosques y sabanas.

El carpintero campestre o ypekũ ñu (Colaptes campestris), quizás uno de los más comunes, de hábitos bastante terrícolas, que suele verse posado en postes y en tacurúes, con una notable cara y pecho amarillos.

Celeus lugubris. Foto: Carlos Ortega.

El carpintero copete pajizo o ypekũ atĩ (Celeus lugubris), uno de los grandes y más bellos, con ese copete pálido, blancuzco o amarillento. No debe confundirse con su pariente de copete amarillo intenso, también conocido como ypekũ sa'yju (Celeus flavescens).

Y finalmente el inmaculado carpintero blanco o ypekũ la novia (Melanerpes candidus), con un notorio plumaje blanco en cabeza, cuello y pecho, habitante también de bosques, sabanas y palmares.

Todas las especies que habitan el territorio nacional son residentes sedentarias: ninguna migra y todas se reproducen en el país. Son aves diurnas que descansan durante la noche en cavidades de árboles, un rasgo que define buena parte de su ecología y comportamiento.

Nos vemos el próximo domingo para seguir hablando de la diversidad, biología, ecología y adaptaciones de los ypekũ o pájaros carpinteros. Y gracias, una vez más, a Carlos Ortega.