Estamos en esos momentos del año en que la naturaleza nos brinda colores por sus flores o por sus frutos, es en invierno cuando comienzan a aparecer esos despliegues de la naturaleza que tienen “fines” meramente reproductivos, es decir de perpetuar a la especie, de perpetuar sus genes, información que pasan a su descendencia, y como sabemos las plantas con flores o fanerógamas, lo hacen a través de un proceso que se conoce como floración y que da paso a la fructificación. Es en esta fructificación que se generan las semillas en los frutos para asegurar que esa descendencia pueda prosperar dando individuos que permitirán asegurar el flujo genético.
Ya hemos visto la importancia de las flores, de sus colores, y también hemos visto casos de frutas, cómo han evolucionado para ser más exitosas. También hemos visto cómo algunas de las flores brindan alimento a diferentes animales y el rol que estos animales tienen para asegurar de llevar la información genética de una flor a otra, asegurando así no solo el éxito reproductivo sino también de que se fomente el intercambio genético. Pero quizás lo más común a nuestros ojos son los colores de las flores y cómo algunas especies tienen estrategias reproductivas que hacen que “pongan toda la energía” en esto que es tan importante como la reproducción y la perpetuación de su especie. Y qué mejor ejemplo que los lapachos, esos árboles majestuosos que llenan de colorido nuestros bosques y ciudades.Y para hablar de los lapachos, qué mejor que contar con el acompañamiento de una apasionada experta, la profesora Lidia Pérez de Molas, quien además de instruirnos, nos comparte bellísimas fotos para ilustrar lo que aquí estamos narrando. Hoy nuestros bosques y plazas, parques e inclusive muchos árboles aislados están llenos de flores rosadas, y llamativamente sin hojas, precisamente se trata del lapacho rosado. Sin embargo, tenemos que conocer que existen dos especies de lapachos rosados, según con comenta la profesora Lidia. Estos dos lapachos rosados pertenecen al mismo género, son Handroanthus, una es H. impetiginosus y la otra es H. heptaphyllus. En redacción técnica, cuando el género se mencionó ya en el párrafo, luego se abrevia, de ahí la H.; sin embargo, al leerlo se debe pronunciar el género. Pero cuando está terminando la floración del lapacho rosado comienza la del lapacho amarillo. Y el lapacho amarillo también es del mismo género, y para hacer la cuestión un poco más complicada, es que tenemos tres diferentes especies (pero del mismo género) de Handroanthus, H. albus, H. pulcherrimus y H. ocheaceus ssp. ochraceus.
Son nombres difíciles de pronunciar, pero no dejan de sorprender por su diversidad, y se preguntarán sobre el que falta. Y es correcto, el que falta es el bello lapacho blanco, que pertenece a otro género, se trata de Tabebuia roseo-alba. Y es este el último en florecer, allá por octubre aproximadamente. Lo cierto es que ya hace semanas (en mayo normalmente) estamos con los lapachos rosados, proceso que lo lidera el H. impetiginosus, que pronto darán lugar a los amarillos para terminar con los lapachos blancos. Y ya en noviembre y diciembre desaparecen esos colores de los lapachos y deberemos esperar hasta el año próximo para poder volver a sentirlos, a disfrutarlos. Estos primeros lapachos que florecen están varias semanas, y le sigue el otro lapacho rosado, el H. heptaphyllus. Es este el que superpone su floración con los lapachos amarillos.Nos damos cuenta de que los lapachos están por florecer ya que pierden sus hojas y comienzan a aparecer sus yemas florales, donde aparecerán las flores. Es evidente nos cuenta la profesora Lidia que el frío es importante para estas especies, como así también el hecho de que se acortan los días, menos horas de luz y bajas temperaturas. De hecho, las primeras floraciones se dan en el sur dónde los fríos se sienten más y llegan antes. Los lapachos son exclusivos de las zonas más cálidas de las Américas, y se los puede encontrar naturalmente desde México hasta Argentina.
Los lapachos brindan además de los servicios ecosistémicos como la captura, absorción y almacenamiento de agua, la polinización, y ofrece no solo alimentación sino refugio para la fauna, oportunidades para otra biodiversidad que puede o bien dar sustrato o sostén a otras plantas (epífitas) o algunas que se sirven de ellos como las plantas parásitas. Pero quizás lo más común sea la madera, muy apreciada para la construcción. Se le atribuye también propiedades medicinales a la corteza de los lapachos.Ahora cuando veas un lapacho deberías preguntarte cuál de estas seis especies es, y observar su estado, si tiene hojas entonces seguramente está lejos de su época reproductiva, pero si no tiene hojas seguramente ya está a punto de reproducirse o comenzando a hacerlo, poniendo mucho esfuerzo en la floración, en un fenómeno que conocemos como geitonogamia, que implica la polinización entre flores distintas del mismo individuo para especies que tienen una floración masiva. Sé que este artículo le sacó un poco de “glamour” al fenómeno de la floración de los lapachos, pero es bueno entender cómo funciona y cómo ha evolucionado la naturaleza. Finalmente, este despliegue nos dará unas “chauchas” típicas de las bignoniáceas (familia a la cual pertenecen los lapachos), que tendrán en su interior gran cantidad de semillas que una vez maduros podrán dispersar para que podamos seguir disfrutando de estas maravillas de la naturaleza. Así como una querida amiga, Hilda Blazer, quien pintó los tres colores de lapacho en flor, ambientándolos en un lugar con luego conocería, en base a fotos que le enviábamos desde Paraguay y esos cuadros hoy han perpetuado a estos maravillosos árboles.
Gracias a la profesora Lidia por sus enseñanzas, motivación e ilustraciones.