Aves conspicuas y curiosas

Los anós: los "cucos" sociales de nuestros campos

Hablemos de dos especies. De plumaje negro satinado, cola larga y pico robusto, son aves gregarias que se desplazan en grupos que son bien ruidosos por orillas de caminos, estancias y humedales.
Anó chio con frio. Foto: Carlos Ortega.

Entre las aves más conspicuas y curiosas del Paraguay están los anós, aves que pertenecen al Crotophaga. Este nombre lo puso el gran Lineo, por lo que evidentemente hizo observaciones muy particulares, ya que etimológicamente el nombre viene de la combinación de krotōn (garrapata) + -phagos (que se alimenta), lo que significa que se alimenta de garrapatas. Y una vez más el apreciado Carlos Ortegas me compartió bellísimas fotos tomadas en el Parque Nacional Defensores del Chaco, donde se pueden encontrar estas dos especies de las que vamos a hablar hoy, y aprovechamos para enviar un cordial agradecimiento a estos "guardianes" de nuestros parques nacionales, por el importante trabajo que hacen para conservar la biodiversidad.

Hablemos entonces de dos especies de anós. De plumaje negro satinado, cola larga y pico robusto, son aves gregarias que se desplazan en grupos que son bien ruidosos por orillas de caminos, estancias y humedales. El más común es el anó chico (Crotophaga ani), ampliamente distribuido en el Neotrópico y particularmente asociado a paisajes abiertos y agroganaderos, y más común que el anó grande (Crotophaga major). Ambas son especies de un grupo de aves conocidas como "cucos" por pertenecer a los Cuculidae o cucúlidos.

Si ya tuviste la oportunidad de ver un grupo de anátidos, vas a observar una pequeña comunidad en movimiento; avanzan juntos a baja altura, se posan en alambrados, descansan al sol y forrajean preferentemente en el suelo y en el estrato bajo de vegetación. Su dieta es omnívora, con un fuerte componente insectívoro. Consumen grandes insectos (saltamontes, ortópteros), arañas y otros artrópodos; también pueden capturar pequeños reptiles y anfibios, y complementar con frutos y semillas cuando escasean los invertebrados. Esta flexibilidad alimentaria explica su éxito en ambientes transformados, ya que es una de las aves más comunes en los ambientes rurales modificados. No es raro verlos siguiendo el arado o asociándose al ganado, aprovechando los insectos que se levantan con la actividad humana.

La faceta más fascinante de los anós es su reproducción comunal. En lugar de nidos individuales, varios adultos cooperan para construir una única estructura de hojas y ramitas, profunda y bien oculta en arbustos o árboles bajos. Varias hembras ponen sus huevos en ese nido compartido —cada una puede aportar varios— y todos los miembros del grupo incuban y alimentan a los pichones. Se han documentado nidos con decenas de huevos, aunque por límites de espacio y sincronía raramente eclosiona una fracción de ellos; sin embargo, el cuidado cooperativo aumenta la supervivencia de los que prosperan. Este sistema social, poco común entre aves, refuerza la cohesión del grupo y puede permitir más intentos reproductivos por temporada cuando las condiciones lo favorecen.

Sus hábitats predilectos y donde las poblaciones prosperan son pastizales y sabanas secundarias, bordes de humedales y cursos de agua, zonas agrícolas y ganaderas, con cercos vivos, tacuarales y franjas de vegetación ruderal, y también en áreas suburbanas con parques y baldíos. Su presencia es particularmente notoria en el litoral del río Paraguay y los humedales del Ñeembucú, así como en el Chaco oriental, donde la matriz agropecuaria y los claros favorecen su forrajeo. La deforestación y apertura de ambientes, que perjudican a tantas especies forestales, han beneficiado a los anós en términos de expansión; no obstante, esa aparente "plasticidad" no los inmuniza ante otras presiones.

En los años, el campo paraguayo encuentra un aliado y un vecino intrigante: aves comunes que, al observarse con calma, revelan una vida social compleja y estrategias adaptativas notables. Cuidar los bordes, los "rincones" verdes y adoptar prácticas productivas más amigables con la biodiversidad es una forma concreta de asegurar que estos cucos negros sigan animando nuestros caminos con sus llamadas y vuelos rasantes, recordándonos que la naturaleza vive también en lo cotidiano y compartido.

El año grande es de mayor tamaño que el año chico, con cola larga y un pico más alto y robusto, marcado por surcos; plumaje negro con brillo azulado más notorio. Sus vocalizaciones son fuertes y quejumbrosas, distintas del "chirrido" que hace el anó chico. Si bien su distribución es muy parecida, en Paraguay su presencia es localizada y asociada a grandes cuerpos de agua y humedales, incluyendo riberas del río Paraguay y ambientes palustres del norte (por ejemplo, el área paraguaya del Pantanal), así como bosques de galería y orillas de lagunas. De hábitos gregarios también, y se mueve en grupos que se alimentan y descansan juntos. Es principalmente insectívoro y oportunista; gusta de grandes insectos, pero se sabe que come pequeños vertebrados en zonas cercanas al agua (humedales).

Al igual que el chico, mantiene el sistema cooperativo típico del género para reproducirse. Varias hembras ponen en un nido comunal profundo de ramitas y hojas; y los adultos comparten incubación y alimentación de los pichones.

Para diferenciarlo, hay que ver el tamaño, el pico y la coloración. El anó grande tiene un tamaño mayor y pico más alto, con surcos visibles en el culmen; el brillo azulado del plumaje suele ser más marcado y, en cuanto a las vocalizaciones, son más potentes y lastimeras, distintas del repertorio del anó chico.