El amigo Carlos Ortega me compartía una bella foto de una libélula, a la que conocemos en guaraní como ñahatî, insecto que pertenece a la familia de los libelúlidos o Libellulidae, dentro del grupo de los Odonata. Este es un grupo diverso, se encuentra en todo el mundo, y se destacan por sus colores vibrantes y su vuelo ágil. En Paraguay, las ñahatî contribuyen significativamente a la biodiversidad local, prosperando en varios hábitats acuáticos como ríos, lagos y humedales. Y su presencia es un claro indicador de calidad ambiental. Como tenemos mucho que contar para un grupo que muchas veces pasa desapercibido, vamos a dedicar dos domingos a las libélulas.
La foto original que motivara esta columna pertenece a Erythrodiplax gracias al aporte de Bolívar Garcete y Sergio Rios, posiblemente E. umbrata. Esta libélula es muy llamativa y es de las libélulas de tamaño pequeño y mediano, el género tiene muchas especies distribuidas en América Latina.
Las libélulas se asocian principalmente con ecosistemas de agua dulce. En Paraguay, se encuentran en diversos hábitats que van desde el Bosque Atlántico en el este hasta lo más remoto del Chaco en el oeste. Estas libélulas juegan un papel crucial en el ecosistema como depredadoras y presas. Como depredadores, ayudan a controlar las poblaciones de insectos, incluidos los mosquitos, que son vectores de enfermedades. Su presencia indica un ecosistema saludable, ya que requieren agua limpia para que sus larvas se desarrollen.

Cuando uno estudia los ambientes acuáticos, puede ver una amplia gama de especies de libélulas, cada una adaptada a nichos ecológicos específicos. La intensa colonización y deforestación en áreas como el Alto Paraná ha impactado sus hábitats, pero se están llevando a cabo esfuerzos de conservación para proteger estos ecosistemas vitales, a veces guiados por otras especies más conspicuas y atractivas para el ser humano.
Las libélulas tienen un fascinante ciclo de vida que incluye etapas acuáticas y terrestres. Su vida comienza como huevos puestos en el agua o cerca de ella. Al eclosionar, las larvas, conocidas como ninfas (o náyades, como también se las conoce), viven bajo el agua durante varios meses o años, dependiendo de la especie. Durante esta etapa, son depredadores voraces, se alimentan de insectos acuáticos e incluso de pequeños peces. He acompañado muchas veces al colega y amigo Cristhian Báez en la búsqueda de estos indicadores acuáticos para estudiar la calidad del agua, desde el punto de vista biológico.
Las ninfas se someten a varias mudas antes de emerger como adultas. Esta transformación es una de las maravillas de la naturaleza, ya que la ninfa sale del agua, muda su piel y emerge como una libélula completamente formada. Apreciemos este fenómeno de la naturaleza en la foto que nos comparte Criss Báez. El despojarse de esa cutícula inelástica se conoce como "ecdisis" y Criss nos recuerda que estos invertebrados experimentan una metamorfosis incompleta, lo que significa que su ciclo de vida tiene tres etapas distintas, a diferencia de la metamorfosis completa que incluyen una etapa de pupa (como las mariposas).
Uno de los comportamientos más sorprendentes de las libélulas es su naturaleza territorial, como así también el modo de apareamiento, y las migraciones que realizan como otros temas de los que hablaremos el próximo domingo.

Las libélulas representan mucho más que simples insectos en los ecosistemas de Paraguay: son indicadores vivos de salud ambiental, controladores naturales de plagas y ejemplos de adaptación evolutiva. Sus complejos comportamientos, desde batallas territoriales hasta grandes migraciones, demuestran las intrincadas relaciones que sustentan la biodiversidad. A medida que Paraguay continúa equilibrando el desarrollo con la conservación, la protección de estas extraordinarias criaturas y sus hábitats sigue siendo esencial para mantener el equilibrio ecológico que sustenta el rico patrimonio natural del país.
Gracias a David Portillo por confirmar el nombre en guaraní para las libélulas, gracias a Cristhian Baéz por los aportes y las fotos, y a Carlos Ortega por la foto original y la motivación. Sergio Ríos y Bolívar Garcete me han apoyado con la identificación taxonómica.