"La poca oferta universitaria no ayuda a la capacitación de historiadores en Paraguay"

11 Julio de 2021
11 Julio de 2021
"La poca oferta universitaria no ayuda a la capacitación de historiadores en Paraguay"
"La poca oferta universitaria no ayuda a la capacitación de historiadores en Paraguay"

Hablar de la historia de nuestro es país es siempre apasionante, a menudo aparecen nuevos vestigios de nuestros orígenes y de la construcción de nuestra Nación. En esta nueva etapa moderna y democrática del Paraguay emergen nóveles profesionales que abrazan la carrera de la historia que la llevan en las venas con el fin de mostrar con criterios científicos y objetivos los hilos de nuestra sagrada historia.

El Nacional conversó con Ana Barreto Valinotti, historiadora y miembro fundador del Comité de Ciencias Históricas y miembro de la Academia Paraguaya de la Historia de nuestro país. Además de ser miembro de tan importantes instituciones, Ana Barreto tiene varios libros publicados en su haber, entre ellos se pueden destacar: “La Conspiración de San Fernando”, (2021) y “Mujeres que hicieron historia en el Paraguay”, (2012).

En esta nota, Ana Barreto comparte con los lectores sus reflexiones sobre la historia del Paraguay desde una perspectiva académica y profesional.

Actualmente, en la sociedad paraguaya, ¿existe un interés por conocer la verdadera historia del Paraguay?

Me gusta más la palabra “otra” por sobre “verdadera”. Aunque sí, es cierto que muchos lectores al interesarse y descubrir “otro” pasado entienden que la narrativa que conocían, la que aprendieron en la escuela podría no ser la “verdadera”. Sin embargo, esta misma situación construye en sentido positivo y entre la generación de jóvenes, la percepción de la complejidad del pasado: qué pasó, cuándo pasó, quienes lo hicieron, y, sobre todo, cómo se narró o como se ocultó ello. Por eso, creo que existe actualmente un gran interés en conocer otros hechos, otros y otras protagonistas e incluso, otras miradas sobre el pasado del Paraguay. La historia militar y política, que desde la segunda mitad del siglo XX se han mantenido omnipresentes, están cediendo terreno frente a inquietudes más sociales y económicas. Y las redes sociales han contribuido enormemente para ello.

En el ambiente académico, ¿qué proyectos se impulsan para promover el interés por la historia paraguaya?

Al hablar de ambiente académico, quiero señalar como punto interesante, el crecimiento de asociaciones de historiadores profesionales en estos últimos años. El Comité Paraguayo de Ciencias Históricas es uno de los ejemplos no sólo en el sentido de la experiencia de abrir diálogos y proyectos en común en torno a las ciencias históricas, sino además por el salto del conocimiento desde los espacios académicos a escenarios de divulgación: la articulación que también ensaya el Centro de Investigaciones en Historia Social del Paraguay (CIHSP) con centros culturales han hecho que, mediante conversatorios presenciales y por la pandemia, virtuales, un público ávido de aprender pero no especializado pueda oír en primera persona a investigadores presentar avances de su trabajo o problemáticas de la misma ciencia histórica. Y, por otro lado, la experiencia de los libros “de bolsillo” que aparecen con periódicos los días domingo, han posibilitado despertar y sostener el interés en esta “otra” historia, desligada en cierta forma de la narrativa tradicional. Fundamentalmente las colecciones dirigidas por el Dr. Hérib Caballero Campos han hecho o han empujado a historiadores e historiadoras profesionales a dirigirse a un público mayor en un lenguaje más sencillo.

¿En qué manera el Estado paraguayo apoya a los historiadores para llevar a cabo investigaciones en el campo de la historia nacional?

Creo que el apoyo más consistente del Estado a las y los historiadores proviene de CONACYT, que ha sido como institución fundamental no sólo para el estímulo en la investigación y publicación de temas propios de las ciencias históricas sino en la profesionalización y jerarquización. También cuando las instituciones del Estado llaman a consultas y asesorías, preferentemente a historiadores reconocidamente académicos por sobre aficionados.

Frecuentemente, se ven nuevas publicaciones de la “Historia del Paraguay”, incluso por extranjeros, ¿falta aún mucho por contar o descubrir sobre nuestra historia?

Muchísimo y en muchos sentidos. La perspectiva que nos suman colegas del extranjero al trabajar aspectos y actores de nuestra historia, cubren en cierta medida espacios académicos deshabitados, existentes debido a la falta de especialización. Hay que ser claros y honestos: en el Paraguay son pocos los historiadores e historiadoras altamente profesionalizados. Ello, sumado a la poca oferta universitaria y perspectivas laborales más allá de la docencia, hacen muy difícil sostener en el país escuelas de especialización o un colegiado. Y al decir esto, no sólo hablo de historiadores, también de arqueólogos, por ejemplo. Falta mucho por descubrir y por contar, sí. También por releer, por debatir y por socializar: la historia del Paraguay, finalmente, no es única, es una pieza de rompecabezas de una historia más grande.

Paraguay tuvo y tiene grandes historiadores, ¿qué historiador o historiadora lo/la motivó a abrazar la carrera de historia?

Realmente, en el hogar de una adolescente donde no había casi libros por lo ajustado de la economía, fue determinante haber presenciado a inicios de los años 90 la puesta teatral de Yo El Supremo. Y de ahorros, comprar mi primer ejemplar en una librería de usados. En ese momento no lo sabía, pero Roa Bastos jugaba, además de la ficción, con historia y memoria en un lenguaje literario y esa mezcla, a los 14 años, me fascinó. Quien soy hoy, o el camino que decidí tomar para investigar y escribir se lo debo a mis profesores y profesoras en la Universidad Católica: Beatriz González de Bosio, Elisa Bordón, José Zanardini, Margarita Durán, Óscar Rodríguez Campuzano, Marilyn Rehnfeldt; ellos y ellas me enseñaron a ver el pasado, cuestionándolo permanentemente, desde diferentes perspectivas.

¿Cómo ve la asignatura de historia en el sistema educativo paraguayo?

¡Como una gran oportunidad desperdiciada! Las clases de historia en el ámbito escolar son en una gran mayoría determinantes como conocimiento total para una sociedad: nos quedamos marcados por aquello que nos enseñaron en las escuelas acerca de cómo se formó y modeló nuestra Nación. Ahora imagínate que la malla curricular incluya industrias y tecnologías; conflictos por la tierra, sociales y obreros; luchas y conquistas por los derechos civiles; decisiones acertadas, problemas y déficit económicos; vida cotidiana y doméstica. O, que los textos escolares en sus ilustraciones aparezcan en igual número mujeres y hombres; niñas y niños. La historia ya no es algo con qué “construir el futuro” debería servir para comprender nuestro presente: nuestras dificultades como sociedad, nuestros límites, nuestra identidad indígena, migrante, afrodescendiente. La historia en las escuelas debería apuntalar el sistema democrático del Paraguay. Debería.

En cuanto a documentos históricos diseminados por el mundo, ¿hay iniciativas del Estado para recuperarlos?

Bueno, también esta pregunta exige una respuesta absolutamente honesta y cruda: El Estado paraguayo tiene un franco problema con la propia documentación que se encuentra en el país, con una política real y efectiva que preserve el pasado: la gestión de acervos y repositorios públicos. De cierta manera, esto también se configura en un impedimento para investigar otros aspectos del pasado paraguayo que no fuera, aquello puede ser encontrado en el Archivo Nacional, es decir la época colonial o el siglo XIX. Investigar el siglo XX en temas puntuales, muchas de las veces conducen a demasiados desalientos y frustraciones.

¿Qué estrategias elaboraría Ud. para promover el interés por la historia en nuestro país?

Quizás por mi experiencia como directora del Museo Casa de la Independencia, veo un vínculo educativo extraordinario entre museos, patrimonio e historia. Si estuviera en mis manos, acompañar políticas públicas para promover la historia o los estudios históricos, vincularía espacios y edificios patrimoniales; museos pequeños, museos grandes y sitios históricos a una historia incluyente, a una historia participativa. A una narrativa en que la sociedad se vea a si misma reflejada. Que genere orgullo si, por supuesto; pero también un poco de vergüenza e incomodidad, la que sea necesaria para conducirnos a una sociedad más justa.

Según su óptica y sincera reflexión, ¿es necesario una revisión de la historia del Paraguay?

Aunque siga existiendo un trasnochado sentimiento de nostalgia sobre esta historia -heredada de la época de las dictaduras militares- nacionalista, una relectura del pasado ya está en marcha. Y lo está hace treinta años, de manera sostenida y con intercambio generacional y todo, desde el Bicentenario. La sola existencia del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas como capítulo del Comité Internacional de Ciencias Históricas responde a la necesidad no sólo de acercarse más al pasado tantas veces narrado en claves de héroes y villanos, sino además de comprender las intencionalidades de la narrativa histórica en la construcción de la Nación o de sus usos políticos. La revisión, eso sí, debe ser académica; reconocida, socializada, comparada y debatida por pares nacionales y extranjeros. Tal y como se construyen cualquier ciencia. En manos de aficionados, sería un absurdo retroceso.

Si el Estado le diera ahora mismo USD 5 millones para revitalizar parte de nuestro acervo histórico, ¿qué elegiría?, ¿y por qué?

¡Ay Caramba! ¡Que pregunta difícil! Pienso en la postergación de la digitalización completa de los periódicos del siglo XX -infelizmente inconclusa- en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, y también pienso en la urgencia y necesidad de un archivo del Poder Judicial. Eso sólo por nombrar mis dos primeras y mayores preocupaciones. También pienso en que el Estado no posee un acervo propio de imágenes fotográficas ni fílmicas. ¿Por dónde empezar o cuál priorizar ante tanta urgencia? Bueno, probablemente empezaría por fortalecer el vínculo entre la carrera de Ciencias de la Información con las instituciones públicas para el manejo de sus acervos. Los 5 millones de dólares creo quedarán muy cortos: dividiré fondos para ir al rescate de documentación que en poco tiempo más, estará irremediablemente perdida.

Doctor en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica.

Universidad de Kiel, Alemania.

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