En todas mis columnas dominicales hablo de la biodiversidad, la naturaleza y cómo somos parte de ella, nos nutrimos de ella, nos inspiramos en ella, y cada vez más veo una disociación nuestra, de los seres humanos, con la naturaleza que nos rodea; no valoramos suficientemente el ambiente, sus servicios y productos, ni en el campo ni en las condiciones urbanas, y esta pérdida afecta nuestra calidad de vida y la de todos los elementos vivientes en el planeta. Y parece que no se hace mucho caso a lo que se viene diciendo, lo que la ciencia está evidenciando. Ahora el IPBES, la Plataforma Intergubernamental para la Biodiversidad y los Servicios Ecosistémicos IPBES, sigla proveniente del inglés Intergovernmental Platform on Biodiversity and Ecosystem Services, iniciativa de Ciencia y Políticas para la Gente y la Naturaleza (Science & Policy for People & Nature), nos da un nuevo y alarmante mensaje. La pérdida de biodiversidad se clasifica como el segundo riesgo global más grave durante la próxima década. El Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial sitúa a la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas como el segundo riesgo a largo plazo más importante, solo por detrás de los fenómenos meteorológicos extremos. Los tres principales riesgos de aquí a diez años son todos ambientales: (a) fenómenos meteorológicos extremos, (b) pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas y (c) cambios críticos en los sistemas terrestres. E ilustro esta columna con imágenes de los carrizales del Ñeembucú, uno de los sitios más emblemáticos del Paraguay, en donde la gente forma parte de la naturaleza, de estos extensivos humedales ricos en biodiversidad.

Llamativamente, desde el lanzamiento de la Evaluación Global de la IPBES en el 2019, los riesgos ambientales y climáticos han ocupado constantemente una posición destacada y no es que estemos haciendo bien las tareas. Todo esto subraya lo que la ciencia nos ha estado diciendo y no estamos escuchando el mensaje que se está dando: la crisis de la naturaleza y la crisis climática están profundamente interconectadas y deben abordarse conjuntamente. Mientras que las preocupaciones a corto plazo se centran en los desafíos geopolíticos y sociales, las perspectivas a largo plazo muestran que los riesgos ambientales predominan. Esto es una clara señal de que el cambio transformador en la naturaleza no puede esperar.
El Informe de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial, basado en una encuesta anual a más de 1300 líderes mundiales y consultas con expertos en riesgos, documenta una clara transición hacia una "era de competencia". Si bien el riesgo global continúa aumentando en velocidad, escala y alcance, el informe señala que "el futuro no es un camino único e inamovible, sino una serie de decisiones que tomamos hoy Official Use Only como comunidad global". Describe un panorama multipolar emergente, marcado por la confrontación en lugar de la cooperación y la confianza. La incertidumbre seguirá siendo el tema definitorio del futuro cercano. La mitad de los encuestados prevé que 2026 sea un año turbulento o tormentoso. Sin embargo, al considerar el riesgo a 10 años, este porcentaje se expande al 57 %, y casi una quinta parte anticipa riesgos catastróficos globales en el futuro próximo.

Los riesgos ambientales han figurado entre los más destacados en los últimos años.
Sin embargo, este año se están reordenando a corto plazo, en relación con las amenazas no ambientales percibidas como más apremiantes. Si bien los fenómenos meteorológicos extremos y la contaminación se mantienen entre los 10 principales, con ligeras caídas en las perspectivas para los próximos dos años, los cambios críticos en los sistemas terrestres y la pérdida de biodiversidad han experimentado un marcado descenso, situándose en la mitad inferior de la clasificación, en comparación con el informe del año pasado.

Sin embargo, esta situación es diferente en las perspectivas a 10 años, donde los riesgos ambientales se mantienen en la cima de la clasificación. Cinco riesgos ambientales se sitúan entre los 10 principales: los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas, y los cambios críticos en los sistemas terrestres, los tres primeros. La escasez de recursos naturales ocupa el sexto lugar y la contaminación el décimo, mientras que la principal preocupación a corto plazo, la confrontación geoeconómica, ha descendido al 19.º puesto.
La naturaleza sigue allí dándonos alimentos, vestimenta, medicina, refugio y manteniendo las condiciones para que ciertos ciclos y procesos sigan su curso, a pesar de nuestras interferencias; es clave que nuestros líderes tomen acciones concretas para conservar la naturaleza, "usarla" para obtener soluciones tecnológicas a nuestros problemas, y que nosotros, los ciudadanos nos organicemos.
