Joshua Molfino: "Faltan programas de iniciación y escuelas deportivas abiertas"
Indudablemente, los Juegos Panamericanos Junior acercaron a los jóvenes a distintas disciplinas deportivas en las que Paraguay tuvo un destaque más que importante, especialmente en los deportes acuáticos, como el remo, el velerismo y otros. En una de ellas, el remo, Paraguay conquistó una medalla de oro.
La Costanera de Asunción vivió semanas de alegría durante la competencia y, de cierta manera, se convirtió en un escenario no planeado de reencuentro de la población asuncena y del país con el río, que por décadas estuvo de espaldas a la ciudadanía.
Para conocer más sobre los deportes acuáticos, El Nacional conversó con Joshua Molfino, joven entusiasta, amante del velerismo e instructor, quien en una charla amena destacó aspectos esenciales de esta disciplina quizás poco conocida: la vela.
—Los Juegos Panamericanos Junior tuvieron un gran despliegue y mucho destaque en Paraguay. A tu criterio, ¿qué aspectos positivos se pueden rescatar del evento, especialmente en el área de deportes acuáticos?
Creo que uno de los aspectos más positivos fue que quedó claro que Paraguay se está preparando para recibir competencias internacionales de mayor nivel. No solo por la organización en sí, sino también porque se están haciendo inversiones importantes, como el nuevo Centro Acuático Olímpico en el Comité Olímpico Paraguayo. Ese tipo de proyectos muestran que hay interés en fortalecer los deportes acuáticos.
Pero, para mí, lo más valioso fue la visibilidad que tuvieron disciplinas como la natación, el remo, las aguas abiertas y el velerismo. Son deportes que no siempre están en la tapa de los diarios, y verlos en casa, en un evento de este nivel, hace que la gente se involucre más: como espectadores, como hinchas y, sobre todo, como jóvenes que empiezan a soñar con estar ahí algún día. Desde mi experiencia, eso inspira muchísimo y deja un legado que va más allá de la infraestructura.
—Paraguay ha obtenido varias medallas en disciplinas acuáticas. ¿Cómo se podría capitalizar esto para que los jóvenes se interesen en practicarlas?
Creo que esas medallas muestran que hay talento en Paraguay y que, con apoyo, se pueden lograr cosas grandes. Para aprovechar estos logros, lo primero es darles más visibilidad: que los chicos vean a nuestros atletas en medios y redes, porque tener referentes locales inspira y los anima a soñar con estar ahí también.
Pero lo más importante, desde mi punto de vista, es que estos deportes sean más accesibles. Hay muchos jóvenes que quisieran probar, pero a veces el factor económico es una barrera. Por eso hacen falta programas de iniciación y escuelas deportivas abiertas, donde cualquiera pueda tener la oportunidad de empezar. Si logramos que más chicos se suban a un bote, se tiren a la piscina o prueben remar, muchos descubrirán una pasión que puede cambiarles la vida.
—A nivel local, ¿cómo describirías la situación de los clubes que promueven disciplinas acuáticas? ¿Qué clubes están a la vanguardia?
En Paraguay existen varios clubes con mucha tradición en deportes acuáticos, que han sido fundamentales para mantener vivas estas disciplinas a lo largo de los años. El Club Nacional de Regatas El Mbiguá es uno de los principales referentes, con una historia muy marcada en remo, canotaje y velerismo.
También están clubes tradicionales como el Deportivo Puerto Sajonia y el Centenario, que han tenido un papel importante en la natación. En los últimos años se sumaron otros, como el SYC y el Pacífico, que también han aportado en esta disciplina. Y, en el caso del Club de Remo Alemán Paraguayo, su trabajo se centra específicamente en el remo.
En general, todos estos clubes cumplen un rol clave en el desarrollo de los deportes acuáticos. Aun así, se necesita mayor inversión en infraestructura y programas de iniciación para seguir creciendo y atraer a nuevas generaciones.
—El golf, el tenis y el automovilismo son deportes costosos. ¿Se puede considerar al velerismo en esa categoría o está abierto a todo segmento de la sociedad paraguaya?
Se suele pensar que la vela es un deporte elitista, como el golf o el tenis, pero en Paraguay no necesariamente es así. Yo empecé a navegar en el Club Mbiguá sin tener un bote propio, primero en la clase Pampero y después en la clase ILCA. Eso me dio la oportunidad de aprender, competir y crecer dentro de este deporte.
Esa experiencia demuestra que la vela tiene una puerta de entrada abierta a todas las edades: niños, jóvenes y adultos pueden iniciarse sin necesidad de contar con un barco propio. Por supuesto, competir a nivel alto sí requiere mayor inversión, pero los primeros pasos están al alcance de muchos más de lo que se cree.
—Vinculando la pregunta anterior, ¿cómo te involucraste en el velerismo?
Mi relación con el agua empezó mucho antes de la vela, porque vengo de la natación. Siempre tuve una conexión especial con ese medio y eso me llevó a buscar nuevas experiencias. Fue así que descubrí el velerismo, y desde el primer día me atrapó la mezcla de naturaleza, técnica y estrategia que lo hacen único.
Recuerdo claramente la primera vez que agarré el timón: sentí una libertad inmensa, una adrenalina que me impulsaba a seguir aprendiendo. Después de unas cuantas clases ya estaba compitiendo en regatas, lo que me abrió un mundo completamente nuevo. Hoy sigo viviendo esa dualidad que hace tan especial a la vela: la adrenalina de navegar con mucho viento y, al mismo tiempo, la paz de deslizarse suavemente en días de poco viento.
Además de competir, me fui involucrando en otros aspectos del deporte: realicé cursos de reglamento y participé como voluntario en el área técnica de velerismo en los Juegos Panamericanos Junior, lo que me permitió aprender desde otro ángulo y aportar mi granito de arena. Y algo que también valoro mucho es la gente que conocí gracias a la vela: compañeros, entrenadores y amigos de distintos lugares que comparten la misma pasión.
—En mi corta experiencia, noté que es un deporte bastante completo. ¿Qué estrategias propondrías para atraer a los jóvenes al velerismo?
Creo que la mejor forma de atraer a más personas a la vela es acercarles la experiencia. Una cosa es escuchar hablar del deporte y otra muy distinta es subirse a un bote por primera vez. Sentir el viento en la vela y el movimiento en el agua genera una emoción que engancha de inmediato.
Por eso hacen falta más programas de iniciación y jornadas abiertas, donde niños, jóvenes y adultos puedan vivir esa primera experiencia. Además, darle mayor visibilidad en medios y redes sociales ayudaría a que el deporte se conozca mejor. La vela no solo es emocionante: también forma carácter, enseña disciplina y respeto por la naturaleza.
—Asunción cuenta con la bahía y el río Paraguay. ¿Qué beneficios ofrecen para aprovechar al máximo el velerismo?
La bahía de Asunción es espectacular para deportes como el canotaje, el remo y también para iniciarse en la vela. Sus aguas tranquilas son un lugar ideal para que quienes recién empiezan aprendan con seguridad y confianza.
El río Paraguay, en cambio, lleva la navegación a otro nivel. Allí entran en juego la corriente, la fuerza del viento y condiciones mucho más desafiantes. Esa experiencia es muy valiosa porque en muchas competencias internacionales se navega en escenarios de este tipo: basta pensar en el Río de la Plata, en Argentina y Uruguay, o en sedes costeras donde se corre directamente en el mar. Entrenar en un río como el nuestro te prepara mucho mejor para esas exigencias.
Para mí, la combinación de la bahía y el río es un privilegio único. Primero aprendés en la bahía, y después el río te da ese plus que te hace crecer como navegante y te conecta con lo que es la vela a nivel internacional.
—El Club Mbiguá es pionero en remo, canotaje y vela. ¿Cómo ves actualmente al club y qué se podría hacer para potenciar sus disciplinas acuáticas?
El Club Mbiguá tiene una tradición muy importante en los deportes acuáticos, especialmente en remo, canotaje y vela. De hecho, su nombre, "Regatas", refleja ese origen ligado al agua y lo convierte en un referente histórico de estas disciplinas en Paraguay.
Hoy el club sigue cumpliendo un papel fundamental, pero también enfrenta el desafío de modernizarse y apostar más fuerte al futuro. Para potenciar sus disciplinas acuáticas creo que es clave una mayor inversión en infraestructura y recursos, y que esa inversión sea equitativa entre todos los deportes. Solo así cada disciplina podrá crecer de manera balanceada y ofrecer mejores oportunidades, tanto a los atletas que ya compiten como a quienes quieran iniciarse.
—En cuanto al apoyo del Estado, ¿cuáles son las principales necesidades de las disciplinas acuáticas?
El Estado ya cuenta con programas importantes, como las becas de apoyo a atletas de la Secretaría Nacional de Deportes, pero su gestión depende de las federaciones. Y ahí está uno de los puntos que, en mi opinión, todavía falta mejorar: muchas veces esos beneficios no llegan de manera equitativa, sino que se concentran en unos pocos atletas o determinados clubes. Eso genera un sentimiento de exclusión y limita el desarrollo del deporte en su conjunto.
El desafío es garantizar que estos apoyos sean transparentes y balanceados, para que todos los clubes y deportistas tengan acceso a las mismas oportunidades. El Estado también podría trabajar más de cerca con los clubes, colaborando en infraestructura, logística y programas de formación, de modo que el apoyo no dependa únicamente de la gestión de las federaciones.
Si queremos que Paraguay crezca en los deportes acuáticos, necesitamos un sistema de apoyo justo, abierto y sin favoritismos. El talento existe en muchos lugares; lo único que falta es dar a todos la oportunidad de desarrollarse.
—Como buen velerista, ¿qué mensaje les darías a los niños y jóvenes para que descubran este deporte?
Mi mensaje es que se animen a vivir la experiencia. La vela es un deporte que regala momentos únicos: desde la adrenalina de sentir el viento empujando el barco hasta la tranquilidad de deslizarse en calma sobre el agua. Es un contacto directo con la naturaleza que, al mismo tiempo, enseña valores como la paciencia, la disciplina y la resiliencia.
Más allá de los resultados o las competencias, la vela tiene el poder de transformar. A mí me dio mayor claridad, un propósito y la posibilidad de conectar con gente increíble que comparte la misma pasión. Por eso, si alguna vez tienen la oportunidad de subirse a un velero, no lo duden: puede ser el comienzo de un sueño y de un camino que los acompañe toda la vida.
(*) Correo electrónico: mrmwebinars@gmail.com