Proceso de admisión

Isepol elimina la restricción por tatuajes y amplía el acceso a la formación policial

Los tatuajes dejaron de ser un motivo de exclusión para ingresar a los institutos de formación de la Policía Nacional. La medida se ajusta a la Ley N.º 6634/20 y busca evitar prácticas discriminatorias, aunque seguirán prohibidos los diseños vinculados al crimen organizado, drogas o mensajes de odio.
Escuela de policía. Megacadena.

El Instituto Superior de Educación Policial (Isepol) confirmó que los postulantes a la Academia Nacional de Policía "General José Eduvigis Díaz" y al Colegio de Policía "Sargento Ayudante José Merlo Saravia" ya no podrán ser excluidos del proceso de admisión únicamente por tener tatuajes. La decisión responde a la aplicación de la Ley N.º 6634/20, que prohíbe establecer este tipo de restricciones como criterio de ingreso.

El director del Isepol, comisario general Brígido Ojeda, explicó que la normativa vigente sustituyó las disposiciones contenidas en la Resolución N.º 839 de 2018, que limitaba la ubicación de los tatuajes e impedía el ingreso de aspirantes con diseños visibles en distintas partes del cuerpo. A partir de ahora, el criterio de evaluación se centra exclusivamente en el contenido de las imágenes y no en su existencia o ubicación.

La Policía aclaró que continuarán siendo motivo de exclusión los tatuajes que hagan apología al crimen organizado, al narcotráfico, a grupos delictivos o que contengan mensajes discriminatorios, violentos o contrarios a los valores institucionales. Incluso, durante el actual proceso de selección ya fueron rechazados algunos postulantes por portar símbolos asociados a organizaciones criminales.

El cambio también se suma a otras flexibilizaciones incorporadas en los últimos años para adecuar el proceso de admisión a la legislación vigente. Entre ellas se encuentran la eliminación de restricciones relacionadas con la estatura mínima y la posibilidad de que madres con hijos puedan postular a las unidades académicas de la institución.

Más allá de la modificación reglamentaria, la decisión refleja un cambio de paradigma dentro de las instituciones públicas. Durante décadas, los tatuajes fueron asociados a criterios estéticos o disciplinarios que hoy han perdido vigencia frente a una realidad social en la que esta forma de expresión es cada vez más común entre los jóvenes. El desafío para la Policía pasa ahora por evaluar a los aspirantes por sus capacidades, conducta y aptitudes profesionales, más que por aspectos vinculados a su apariencia física.

Al mismo tiempo, la institución mantiene la necesidad de preservar determinados estándares de idoneidad e imagen institucional. La diferenciación entre un tatuaje de carácter personal y uno que represente organizaciones criminales o mensajes incompatibles con la función policial busca equilibrar el principio de no discriminación con los valores que debe representar un integrante de la fuerza pública. Ese equilibrio será clave para que la actualización de las reglas fortalezca la transparencia del proceso de selección y contribuya a atraer un mayor número de postulantes calificados.