Quienes trabajamos en temas de recursos naturales y en particular en conservación de bosques y biodiversidad somos conscientes de la pérdida de este bosque alto y húmedo que alguna vez cubrió unos nueve millones de hectáreas en la región oriental del Paraguay. Si uno ve una imagen regional más allá de los límites del Paraguay podrá ver que esa masa verde boscosa se extendía mayormente en Brasil y aquí en esta región ingresaba a la provincia de Misiones en Argentina y se extendía hacia el sur con algunas intromisiones en el nordeste del Uruguay.Aquí se mezclaba, combinada e integraba con las Pampas o los Pastizales del Sur, como ocurre en Rio Grande do Sul en Brasil, o en el mismo norte uruguayo, y hasta el sur de Misiones (Argentina) y nordeste de Corrientes. Esas mismas condiciones se dan en Itapúa y algunas partes de Misiones (Paraguay), tenemos el honor de tener muestras representativas de ese bosque alto y húmedo que compartimos con Brasil y Argentina, y además de su interrelación con otra ecorregión importantísima como son las Pampas.Esa otra ecorregión importantísima que alberga ese bosque alto y húmeda se la conoce con varias denominaciones, hoy más conocido como Bosque Atlántico del Alto Paraná, o Bosque Atlántico del Interior, o Selva Paranaense; la ciencia le ha dado otros nombres menos “sexy” y que no se usan más allá del ámbito académico. Este Bosque fue el lugar donde la colonización portuguesa ingresó a Brasil y la huella está en las grandes urbes como San Pablo y Rio de Janeiro, esa expansión se puede rastrear asociada al avance de la ganadería primariamente y luego agricultura, y que se intensifica con la producción de soja a partir de la década del 70.En Paraguay, este bosque se encontraba albergando diferentes caminos y senderos que luego se transformaron en rutas, la más conocida es la Ruta 2 que une Asunción con Ciudad del Este en una línea casi recta que va de este a oeste, y uniendo dos polos de desarrollo, ligados al Bosque Atlántico, más en el este que en el extremo oeste. La construcción y puesta en operación de Itaipú también tuvo su impacto en este bosque, aún conscientes de que hay que conservar el bosque para mantener el elemento agua.A principios de la década del 90, la investigación y las organizaciones de conservación comienzan a hacer un llamado por la pérdida de esta masa boscosa ecorregional con características locales como el bosque de Paraguay o el bosque de Araucarias o como lo llamamos en guaraní, Kuri'y (imaginen que este bosque dio origen a una ciudad como Curitiba). Es así que pocos años después se habla que el Bosque Atlántico está entre los 200 ecosistemas más amenazados del mundo, para esa fecha Paraguay ya había tumbado más del 80% de su bosque, con algo más de un millón de hectáreas remanentes.Desde entonces se han hecho varios intentos para mantener lo poco que quedaba de ese bosque, hogar del ave nacional, el Pájaro Campana, alguna vez de águila harpía (ya no la encontramos), de los yaguaretés, de los incógnitos zorro vinagre o jagua yvyguy, y muchísima biodiversidad adicional de animales y una lista de plantas y hongos. También recordando que existen pueblos originarios que vivían de ese bosque como los Mbyá, los Avá, los Aché y otros.También porque el bosque se requiere para mantener el flujo hidrológico que mantienen las tres represas hidroeléctricas del Paraguay, dos de ellas con responsabilidad compartida con los vecinos países. Lo poco que quedaba se logró conservar en diferentes unidades de conservación, como el Mbaracayú, San Rafael - Tekoha Guasu, Cerro Corá, Yvyturusú, Ybicui, y otras más pequeñas, también reservas privadas mostrando la contribución del sector con esta amenazada biodiversidad y las Reservas creadas por la Itaipú.Conscientes de la importancia de este bosque, la ley exige el mantenimiento de una cierta proporcionalidad del bosque en cada propiedad, como así también de los bosques protectores en todos los recursos hídricos del país. Si esto hubiese sido debidamente respetado y fiscalizado, tendríamos un bosque atlántico remanente del 40 al 50%; sin embargo, hace mucho que ya no tenemos eso. Esto indica que hay un pasivo ambiental exageradamente alto que debe restaurarse, para lograr la tan ansiada meta.En la década de la restauración de los ecosistemas, Paraguay debería demostrar un mayor compromiso con este ambiente que alguna vez fue boscoso, invertir en su recuperación y mantenimiento, y asegurar la conectividad entre los pocos y ya degradados remanentes forestales para permitir el flujo genético de la biodiversidad. La contribución de las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado son extremadamente importantes, pero es el Estado y el Gobierno en particular quien tiene la obligación de honrar los compromisos con la sostenibilidad.
15 Agosto de 2021
15 Agosto de 2021