Alejandro Mendoza, de 22 años, cursa el quinto año en la Universidad Nacional de Asunción y combina la paternidad con sus estudios y el trabajo en una carpintería. Sin apoyo para el cuidado de su bebé, la lleva cada día a la facultad.
Alejandro Mendoza tiene 22 años y cursa el quinto año de la carrera de Derecho en la Universidad Nacional de Asunción (UNA), en el turno mañana. Desde hace siete meses, su rutina académica incluye una responsabilidad adicional: asistir a clases con su hija en brazos.
El joven explicó que la decisión responde a la falta de alternativas para el cuidado de la pequeña. "No tengo con quién dejarle a mi hija y tampoco para pagar niñera. Como su mamá trabaja desde temprano, le traigo conmigo y, a la tarde, cuando voy a trabajar con mi papá en la carpintería, también le llevo", relató.
Cada jornada comienza temprano. Alejandro sube al colectivo con su bebé, además de sus libros y apuntes. Durante las clases, se organiza para atender las necesidades de la niña, cambia pañales, prepara la leche y procura cumplir con sus obligaciones académicas sin descuidar su rol de padre. Reconoce que la dinámica no es sencilla. "Me cuesta, entre llevar mis libros y alzarle a ella, es pesado, pero es la que me da fuerzas para seguir luchando y recibirme de abogado", expresó.
Por la tarde, tras la universidad, continúa su jornada laboral junto a su padre en una carpintería, donde también lleva a la pequeña. Su historia refleja las dificultades que enfrentan muchos jóvenes padres para continuar su formación profesional, especialmente ante la falta de recursos para servicios de cuidado infantil.
A pesar de los desafíos, Alejandro mantiene firme su objetivo de culminar la carrera y ejercer la abogacía, convencido de que el esfuerzo diario es una inversión en el futuro de su hija.