Aves de nuestros ecosistemas acuáticos

El ype apá o macá pico grueso: un centinela de nuestros humedales

Discreto y excelente buceador, este singular habitante de esteros, lagunas y tajamares refleja el estado de conservación de los ambientes donde vive. Su presencia revela tanto la riqueza biológica como las amenazas que enfrentan los cuerpos de agua del Paraguay.
Macá pico grueso podilymbus podiceps b. Foto: Carlos Ortega.

A menudo, como ya saben, la inspiración para estas líneas llega de la mano de la observación aguda y la lente comprometida de quienes recorren nuestra geografía y captan esos elementos de la naturaleza, como ocurre en nuestros parques nacionales. En esta ocasión, la motivación nace una vez más de unas magníficas fotografías que me compartió Carlos Ortega, donde se aprecia al ype apá o macá pico grueso, científicamente conocido como Podilymbus podiceps, navegando en nuestras aguas. Estas imágenes no son solo un registro estético; son también un llamado a reflexionar sobre la salud de nuestros ecosistemas acuáticos.

Los macáes pertenecen a la familia de los podicipédidos, que alberga 22 especies, de las cuales solo cinco habitan el territorio paraguayo. El macá pico grueso, también conocido como zambullidor, es una especie fascinante y ampliamente distribuida, tanto en Paraguay como en el resto de las Américas. Su rasgo más distintivo, que le da nombre, es su pico corto y robusto, atravesado por una banda negra durante la época reproductiva.

Es un buceador experto que depende intrínsecamente de la calidad de su hábitat para sobrevivir y se alimenta de pequeños peces, crustáceos y anfibios. Muchas veces, cuando veo este tipo de ave acuática que, a la distancia, parece un pato, una forma sencilla de distinguirla es observar cómo se sumerge y zambulle. En guaraní se la conoce como ype (pato), aunque técnicamente no lo es. Si bien es común confundirlos porque ambos habitan lagunas, lagos y bañados, se trata de aves evolutivamente muy distantes. Los macáes tienen los dedos lobulados, las patas ubicadas muy atrás en el cuerpo —lo que los convierte en excelentes buceadores— y un pico más parecido al de una gallina. Otro detalle útil es que, cuando nadan, generalmente solo se les ve la cabeza y una pequeña parte del lomo.

Maca pico grueso podilymbus podiceps. Foto: Carlos Ortega.

El ype apá es un zambullidor típico de nuestros humedales. Mide unos 28 centímetros, tiene un cuerpo compacto y rechoncho, y carece del penacho o semicopete característico de otros macáes. Tampoco presenta las plumas alargadas que sobresalen de la cabeza; esta es completamente lisa. Para reconocerlo debemos observar que la corona y el dorso son negruzcos. Las partes inferiores son parduscas, aclarándose hacia la panza, que puede ser marrón claro o grisácea, mientras que la garganta es negra, formando una especie de "babero". Su rasgo más conocido es el pico blanquecino con una gruesa franja negra en el centro. Se alimenta principalmente de peces, aunque también consume moluscos, crustáceos, renacuajos, ranas y, ocasionalmente, material vegetal.

En nuestra región, esta ave es un habitante habitual de esteros, lagunas y tajamares. Sin embargo, como bien muestran las fotografías de Ortega, a menudo la encontramos en ambientes con claros signos de eutrofización. La presencia de estas aves en aguas con exceso de nutrientes y proliferación de algas nos recuerda su papel como especie bioindicadora. Trabajos realizados en la región, como los estudios en la Lagoa da Pampulha, en Brasil, sugieren que, si logramos conservar poblaciones saludables de este macá, estaremos garantizando también la preservación del ecosistema que sostiene a innumerables otras especies.

La biología reproductiva de este zambullidor es igualmente notable. Según investigaciones realizadas en humedales de Colombia, estas aves establecen vínculos monógamos y construyen nidos flotantes utilizando vegetación acuática emergente y lodo. Estos nidos constituyen verdaderas plataformas de vida, aunque son extremadamente vulnerables a la limpieza mecánica de los cuerpos de agua y a la pérdida de la vegetación ribereña, factores que con frecuencia destruyen sus nidadas, generalmente compuestas por entre uno y seis huevos.

Pero existen señales de alerta más sutiles que la ciencia apenas comienza a documentar. Un estudio reciente en México registró casos de aberraciones cromáticas, como el leucismo parcial, en poblaciones urbanas de esta especie. Estas anomalías, que producen un plumaje parcial o totalmente blanco, podrían estar relacionadas con factores de estrés ambiental, contaminantes o deficiencias nutricionales derivadas de la degradación de sus hábitats. Aunque todavía se trata de registros escasos, constituyen una advertencia de que la presión urbana y la contaminación de nuestras aguas podrían estar alterando incluso la genética y la apariencia de nuestra fauna silvestre.

En Paraguay, la situación de nuestros humedales es crítica. El avance desordenado de las urbanizaciones, el vertido de efluentes sin tratamiento y la colmatación de los cauces representan amenazas directas para el macá pico grueso. Como proponen diversos programas internacionales de recuperación, no bastan las acciones aisladas; necesitamos restaurar nuestros bosques ribereños y promover una educación ambiental que entienda al humedal no como un "baldío de agua", sino como una fuente indispensable de biodiversidad y bienestar.

Agradezco nuevamente a Carlos Ortega por recordarnos, a través de su arte, la belleza y la fragilidad de este extraordinario zambullidor. Ahora ya sabemos que, cuando vemos un "pato" sobre el agua, puede que no sea un pato. Así que vale la pena mirar con más atención la superficie de nuestros humedales. La conservación de nuestra avifauna es, en última instancia, el reflejo de nuestro compromiso con la vida misma.