Cada 19 de mayo se conmemora el Día Mundial de las Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII) para visibilizar un grupo de afecciones del tracto digestivo. Aunque no tienen cura, hoy existen tratamientos que permiten llevar una vida plena. El desafío es llegar a tiempo ya que muchos pacientes demoran en consultar por vergüenza o por normalizar síntomas que no deberían ignorarse.
La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa son dos de las llamadas Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII), condiciones crónicas que se caracterizan por una inflamación prolongada del tracto digestivo, con períodos de crisis y calma que las hacen impredecibles. A nivel mundial, los casos de EII vienen aumentando, especialmente en países de ingresos medios. En América Latina, este crecimiento representa un desafío creciente para los sistemas de salud.
Los síntomas más comunes son diarrea persistente, con moco y presencia de sangre en las heces, dolor abdominal, sangrado intestinal, fatiga, pérdida de peso, entre otros síntomas. En algunos casos, también pueden afectar órganos fuera del intestino, como la piel, las articulaciones, los ojos o el hígado. Aunque muchas veces los signos no se notan a simple vista, pueden transformar por completo la vida cotidiana de las personas que las padecen.
Estas enfermedades pueden ser debilitantes, con periodos de actividad (presencia de síntomas) y remisión (ausencia de síntomas), lo que impacta significativamente en la calidad de vida de los pacientes. Cuando la enfermedad está activa, los síntomas más comunes incluyen diarrea, sangrado rectal, cólicos abdominales, urgencia intestinal, pérdida de peso y fiebre, entre otros. Esta sintomatología genera una considerable carga física y emocional, intensificada por la constante incertidumbre sobre la manifestación de los signos, lo que provoca estrés y ansiedad adicionales en quienes la padecen.
El problema de aguantar en silencio
Uno de los mayores obstáculos para tratar estas enfermedades es que muchas personas demoran demasiado en consultar al médico. "Existe una cultura de aguantar o naturalizar ciertos síntomas.
Muchas personas consultan recién cuando la enfermedad ya está avanzada, y eso reduce las posibilidades de un mejor control", señala el Dr. Gabriel González, especialista en EII. La vergüenza y el tabú que rodean a los síntomas digestivos llevan a muchos pacientes a ocultar lo que les pasa.
Sin embargo, los especialistas reafirman que no es normal vivir con dolor abdominal o con síntomas persistentes. Consultar a tiempo abre una "ventana de oportunidad" para frenar el avance y complicaciones de estas enfermedades.
Más allá del intestino: el impacto en la vida diaria
Las EII no solo afectan el cuerpo. Su impacto llega también al trabajo, a las relaciones sociales y a la salud mental. "Hay pacientes que organizan su vida en función de su enfermedad: desde planificar actividades según la disponibilidad de un baño, hasta limitar salidas, viajes o encuentros sociales", explica el Dr. González. Esto puede generar aislamiento, ansiedad y depresión, especialmente en momentos de crisis o brotes de la enfermedad.
Por eso, el abordaje de estas enfermedades debe ser integral con medicación oportuna, alimentación adecuada, actividad física y apoyo psicológico.
Tratamiento: constancia que marca la diferencia
Las EII requieren tratamiento sostenido en el tiempo porque es crónica. Abandonarlo puede provocar recaídas y complicaciones evitables. En las últimas décadas, los avances en la medicina han transformado el tratamiento de estas enfermedades, pasando de un enfoque centrado en aliviar síntomas a estrategias que buscan modificar su curso y lograr una remisión más profunda y sostenida en el tiempo que permita a las personas, una mejor calidad de vida.
El enfoque actual en el tratamiento de estas enfermedades se ha expandido. Ya no solo se busca calmar los brotes, sino también alcanzar una mejora sostenida en la condición del paciente. "Un objetivo clave es lograr la cicatrización de la mucosa intestinal, puesto que se ha comprobado que este estado se relaciona con una remisión más duradera, una reducción de la necesidad de hospitalizaciones o intervenciones quirúrgicas, y una notable mejoría en la calidad de vida del paciente," precisa el Dr. Gonzalez.
"Hoy contamos con terapias con medicamentos biológicos que no solo alivian los síntomas, sino que buscan controlar la inflamación y modificar la evolución de la enfermedad. Esto permite que muchos pacientes puedan llevar una vida plena", afirma en otro punto.
Sin embargo, el acceso a estos tratamientos, muchas veces costosos, sigue siendo un desafío. "Son enfermedades crónicas que requieren tratamientos prolongados y costosos. Es fundamental que los pacientes puedan acceder a la medicación adecuada y sostenerla en el tiempo", concluye el especialista.
Resulta casi imposible que una persona pueda acceder al tratamiento de estas enfermedades sin el apoyo de Instituciones como la seguridad social o un sistema público de salud que, primero conozca acerca de la existencia de estas enfermedades, y que pueda darle la importancia y visibilidad necesaria para poder facilitar el acceso a los tratamientos.
¿Qué pasa en Paraguay con estas enfermedades?
En nuestro país, el manejo y tratamiento de la EII constituyen todo un desafío. Primeramente, por la falta de acceso a la medicación, incluso la más básica. El paciente no puede costear su tratamiento a largo plazo. La seguridad social si dispone de mayores herramientas de tratamiento.
Otro problema podría ser la derivación tardía y el acceso a los especialistas en Gastroenterología que estén familiarizados con el tratamiento de estas enfermedades. Y otro punto muy importante, es la formación de una Asociación de pacientes que padecen EII y que a través de ella, se puede visibilizar y pedir a las Instituciones correspondientes, el acceso a las terapias convencionales y fármacos biológicos.
Lo que hay que saber si tenés EII
● Consultá al médico ante síntomas digestivos que persisten.
● No abandones el tratamiento.
● El diagnóstico temprano mejora la evolución.
● Acompañá la medicación con buena alimentación y ejercicio.
● Buscá apoyo emocional.
● Exigí acceso a los medicamentos que necesitás.