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Devoción y tradición en el día del Divino Niño Jesús

Cada 20 de julio, miles de familias paraguayas celebran al Divino Niño con promesas cumplidas, chocolatadas y agradecimientos por milagros recibidos. En esta nota recogemos algunos testimonios.

20 Julio de 2025
20 Julio de 2025
Imagen del Divino Niño Jesús.
Imagen del Divino Niño Jesús. Foto: Gentileza.

Aunque no es una festividad oficial del calendario litúrgico, el Día del Divino Niño Jesús se ganó un lugar central en la religiosidad popular de nuestro país. En capillas, casas y calles, la fe se vuelve ofrenda en forma de velas, flores, oraciones y gestos solidarios hacia los niños más vulnerables.

La imagen del Divino Niño Jesús —con sus brazos abiertos hacia el cielo y su túnica rosada— forma parte del paisaje religioso del Paraguay profundo. Cada 20 de julio, esta figura infantil de Jesús es el centro de una celebración que mezcla ternura y fe, especialmente entre mujeres devotas que organizan misas, procesiones y chocolatadas para niños de escasos recursos.

La devoción al Divino Niño se afianzó en territorio nacional a partir de la segunda mitad del siglo XX, con fuerte influencia de Colombia, país donde el culto adquirió notoriedad a través del sacerdote Juan del Rizzo. Desde entonces, en barrios populares, asentamientos y zonas rurales, muchas personas le atribuyen milagros y recurren a su intercesión, especialmente en casos de salud o dificultades económicas.

En Villa Adela del Cuarto Barrio de Luque, la Comunidad Divino Niño Jesús honra esta fecha con una misa, seguida de un karu guasu comunitario, donde vecinos comparten una tallarinada y, por la tarde, una chocolatada para los niños del barrio. Todo es donado por los mismos vecinos como gesto de agradecimiento. 

Capilla Divino Niño Jesús de Villa Adela, Luque.
Capilla Divino Niño Jesús de Villa Adela, Luque.

Las promesas cumplidas no solo se materializan en rezos. En varias comunidades, los devotos agasajan a los más pequeños con meriendas, dulces o juguetes. Es el caso de Laura Duarte, también de Luque, quien cada año organiza una chocolatada en un asentamiento cercano a su casa. "Yo le pedí algo muy grande, y se me cumplió. Entonces, en su día, hago algo por los niños que más necesitan. Así se agradece", cuenta.

Ofrendas ofrecidas a niños de Villa Adela en Luque.
Ofrendas ofrecidas a niños en Luque.

En el barrio Santa María de Asunción, la Capilla del Divino Niño Jesús es uno de los puntos de encuentro de esta celebración. Allí, la fe se traduce en gestos concretos: recolección de víveres, ropa para bebés, campañas solidarias. Todo aporte cuenta: desde la que barre el local y la que decora hasta el que acerca sillas de su casa y el que se encarga de servir a los creyentes.

Desde Lambaré, Isis Geraldo, por su parte, recuerda cómo su cuñada Mari se aferra cada año a esta devoción. "Mi sobrino con parálisis cerebral siempre necesitó estudios, medicación y cuidados especiales. Ella se encomienda al Divino Niño y, de alguna manera, siempre, siempre, consigue lo necesario para los tratamientos y cuidados de su hijo. Es una fe que sostiene".

Uno de los lugares que más convocan a fieles de todo el país es la capilla Divino Niño de la compañía Monte Alto, en Atyrá. Las familias acuden para la procesión, el rezo y las actividades posteriores para pagar sus promesas.

Procesión en Atyrá.
Procesión en Atyrá.

 Angelina Barrientos, residente en la comunidad Macharety, departamento de Boquerón, recuerda cómo su hermana estuvo a punto de morir tras ser diagnosticada con neuromielitis óptica: "Se quedó sin moverse, usaba pañales, no podía ni hablar. Yo le oraba todos los días al Divino Niño Jesús para que interceda por ella en el hospital, y ahora ya camina otra vez. Fue un verdadero milagro", dice, agregando que en su comunidad existen muchas personas que rezan y se encomiendan al Niñito.

Imagen del Divino Niño Jesús al que reza una familia de Macharety, departamento de Boquerón.
Imagen del Divino Niño Jesús a la que reza una familia de Macharety, departamento de Boquerón.

Lejos de los grandes templos, la celebración del 20 de julio se vive con intensidad en las casas y en los barrios, donde los altares adornados con flores, caramelos y papel crepé reflejan una espiritualidad cotidiana. Para muchas personas, el "Niñito" no solo escucha, sino que acompaña, consuela, protege y cumple con sus seguidores.

La devoción al Divino Niño Jesús no figura entre las fiestas litúrgicas oficiales, pero cada año crece, se fortalece y se multiplica. En un país donde la fe es muchas veces el último refugio frente a la adversidad, su imagen infantil sigue convocando a los fieles.

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