El nacimiento de un hijo suele narrarse como un estallido de felicidad: abrazos, regalos, y un futuro lleno de promesas. Pero a veces detrás de esa escena idílica se oculta una sombra. El reciente caso ocurrido en Ñemby, donde la joven Tania Alejandra, madre de 21 años que atravesaba una crisis extrema y que acabó con la vida de su pequeño de apenas 42 días de nacido, es solo la punta visible de un problema que atraviesa en silencio a miles de mujeres: la depresión posparto.
"Me sentía culpable por no estar feliz, aunque todos a mi alrededor decían que debía ser el momento más hermoso de mi vida", confiesa Laura (nombre ficticio), una madre primeriza de San Lorenzo que fue diagnosticada con depresión posparto en 2023. Su relato refleja un sentir compartido: la contradicción entre el mandato cultural de la maternidad como plenitud y la vivencia real de ansiedad, tristeza o vacío.
No se trata de la llamada "tristeza posparto" o baby blues, que afecta a casi el 80% de las madres en las dos primeras semanas tras el parto y suele disiparse solo. La depresión posparto es otra cosa: un trastorno que puede durar meses, incluso años, y que requiere atención médica y acompañamiento cercano.
Las cifras locales
En Paraguay, distintos estudios ponen en números esta realidad:
En el Hospital San Pablo, el 34% de las mujeres evaluadas en 2018 presentó síntomas depresivos tras el parto.
En el Hospital de Clínicas, en 2023, el 52,5% de las madres consultadas mostró indicios claros de depresión posparto.
A nivel general, especialistas estiman que una de cada cinco madres paraguayas atraviesa esta condición en algún grado, aunque muchas no llegan a un diagnóstico formal.
Son cifras que contrastan con el silencio social y muestran que no estamos frente a un problema aislado, sino a un desafío de salud pública.
Los factores que pesan
La depresión posparto es multifactorial:
-El brusco descenso hormonal tras el parto.
-Antecedentes de depresión o ansiedad.
-Partos complicados o cesáreas de urgencia.
-Falta de apoyo de la pareja o la familia.
-Estrés económico o precariedad laboral.
-El aislamiento social, que en Paraguay se acentuó durante la pandemia.
"Muchas veces las madres consultan por insomnio o cansancio, pero debajo de esos síntomas hay una depresión que no siempre se detecta a tiempo", explica la psicóloga clínica Claudia Mareco, especialista en salud perinatal.
En nuestro país, hablar de depresión aún incomoda. En el caso de la maternidad, el estigma es mayor: se espera que la madre sea abnegada y feliz. Confesar tristeza o rechazo puede ser visto como una falta imperdonable. Por eso, muchas mujeres callan y atraviesan la tormenta solas.
"Me daba miedo contarle a mi mamá lo que sentía. Pensaba que iba a decirme que era una mala madre", recuerda otra paciente que recibió tratamiento en un centro de salud del área Central. Esa autocensura retrasa la búsqueda de ayuda y profundiza el aislamiento.
Paraguay cuenta con la Ley de Salud Mental N.º 7018/2022, que reconoce la importancia de la atención integral, pero la implementación es aún incipiente. Los especialistas coinciden en que se necesitan tres frentes: detección temprana (aplicar test como la Escala de Edimburgo en controles postnatales); acceso a servicios: fortalecer la red de salud mental en hospitales distritales y unidades de salud familiar; y redes de apoyo comunitario: grupos de madres, acompañamiento psicológico y campañas que reduzcan el estigma.
Una oportunidad para hablar
El caso de Tania Alejandra estremeció por su desenlace, pero debe servir como detonante de una conversación pendiente: ¿cómo cuidamos la salud mental de las madres en Paraguay? Dar espacio a estas voces, reconocer que la maternidad no siempre es color de rosa, y crear entornos de cuidado puede marcar la diferencia entre una vida a oscuras y un camino hacia la plenitud.