Degradación del tejido moral de la Nación: ¿Producto de un inadecuado sistema educativo?
Por (*) Martín Ramírez Machuca
En mi vasta trayectoria en la educación paraguaya he sido testigo de un sinfín de situaciones alarmantes, desafiantes y angustiantes de nuestro sistema educativo nacional. Recuerdo en mis años mozos, allá por Misiones, montado a caballo debía traspasar toda suerte de obstáculos para llegar a un pueblito, con el fin de dar clases de alfabetización de adultos en idioma guaraní a un numeroso grupo de personas ávidas de aprender. Ad honorem, con mis bártulos propios y ningún apoyo oficial de las autoridades del Ministerio de Educación de esa época. La tarea no era fácil, al encontrarme in situ con los participantes, me topé con la dura realidad de la desidia, el abandono, la miseria y el desahucio. Los participantes no tenían útiles, ni lápiz, ni papel, pero las ganas de aprender sí abundaban. Tuve que proveerles de mi propio peculio los útiles escolares para que pudieran iniciar el curso. Es una anécdota que ha marcado mi vida de docente a lo largo de los años que me cupo ejercer esta profesión en el país.
Esta anécdota saltó con mucha fuerza en un acto de clausura de un curso decapacitación docente. En dicho evento asistió el ministro de Educación de ese entonces, Carlos Ortiz Ramírez (Ñandejára taxi), quien ganó fama no por su elocuencia, ni capacidad, sino por su famosa frase que hasta hoy día resuena en los oídos “La calle es de la policía”, una persona arrogante y mimada en la época de la dictadura.
Retomo el hilo de la anécdota; por esas cosas del destino -digamos- me asignaron a preparar y leer el discurso en el acto de clausura. Para que esto sea del agrado de los popes del Ministerio y para no quedar mal con los superiores, le enviaron a un personal que me “orientara” a hilar el tenor del discurso. Como ya les había pillado la jugada, les seguí la corriente y acepté la “noble y ética” propuesta, pero no tuvieron en cuenta que yo había preparado otro texto con un tenor en contra del paupérrimo sistema educativo al cual estábamos sumergidos. Como un chiquillo rebelde, pero con causa justa y con los pies sobre la tierra, leí mi discurso y desnudé las falencias y la calamitosa situación de la educación en esa parte olvidada del país. Se lo dije directamente al “Ñandejára Taxi”,quien no podía ocultar su enojo por el mal gusto que estaba pasando al oír las verdades de su administración. Al finalizar la lectura y el apretón de mano protocolar, un colega me había soplado en guaraní, bien bajito:“ekañyko'águi” (desaparecé de aquí), te van a apresar. En la confusión de los saludos, pude salir y escaparme del lugar. Logré ver a algunas personas bien trajeadas en los pasillos vociferando “¿dónde está el del discurso?”. Me metí en una salita oscura y me quedé ahí un buen tiempo hasta que las aguas se calmaran.
En la actualidad, parecería ser que la historia se repitiera en el Ministerio más sensible del Poder Ejecutivo, tenemos un ministro interpelado -está de moda la interpelación- con voto censura y con precario apoyo de la comunidad educativa del país. Varias organizaciones, intelectuales, técnicos y maestros con solvencia le han sugerido al Presidente de la República la imperativa necesidad de removerlo del cargo.
En estos días saltó nuevamente el nombre del ministro Petta, y afecta directamente a su desgastada figura como responsable del MEC, por un supuesto caso de sobrefacturación en compras de kits escolares. El ciberactivista Alfredo Guachire, @GuachireM, ha sacado a luz el tema con fuente extraída de la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas (DNCP).
En países un poco más cultivados que el nuestro, ante una mínima duda de la honorabilidad de un funcionario del Gobierno “servidor del pueblo” es apartado automáticamente de este entorno omotu proprio se aleja para no recibir el escarnio de la ciudadanía, y de los posibles sinnúmeros de adjetivos descalificativos que pondrían en peligro al Gobierno del Ejecutivo.
Aquí, en nuestro caso, este ministro, ya interpelado y con voto censura a cuestas, sigue campante como si nada haya pasado.
¿Cómo la educación paraguaya mejorará, si normalizamos el “vai, vai”, el “péicha, péichante”, “así nomás” ?, justamente estas son algunas razones del deterioro de la moral de la Nación, la normalización de prácticas funestas, inmorales y alejadas de la norma legal vigente.
Si se está dudando de la autoridad central y esencial del responsable de la conducción de la educación de la República, ¿qué resultado positivo se puede esperar de los estudiantes?;¿cuál es el mensaje que le llega a los niños que se inician en el sistema formal educativo?
Reconstruyamos juntos el tejido moral desgastado que actualmente se vive en el país, quizás Emmanuel Kant nos podría ayudar con su teoría sobre la moral: “Las acciones de los individuos están sujetas a una obediencia de una ley moral universal”.
*Martín Ramírez Machuca
Doctor en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica.