Advertencia de pediatras

Dar clericó a los niños: una costumbre festiva que puede poner en riesgo la salud

El pediatra Robert Núñez advierte sobre los peligros de ofrecer clericó a menores de edad durante las fiestas de fin de año y llama a revisar prácticas culturalmente aceptadas que exponen a los niños al alcohol desde edades tempranas.
Advierten sobre consumo de clericó en población delicada. Foto: Referencia.

Durante décadas, en Paraguay se naturalizó que los niños "prueben un poco" de clericó en celebraciones como Navidad y Año Nuevo. La escena se repite en reuniones familiares y visitas tradicionales: un vaso de la bebida con frutas, colorida y dulce, ofrecido sin mayor reparo también a los más pequeños. Sin embargo, especialistas advierten que esta práctica encierra riesgos concretos para la salud infantil.

El pediatra Roberto Núñez recuerda que el clericó contiene vino y, por lo tanto, alcohol, una sustancia que el organismo de los niños no está preparado para metabolizar. "Aunque sea poca cantidad, el alcohol puede generar reacciones adversas desde la primera ingesta", señala el médico, subrayando que no existe una dosis segura de alcohol para menores de edad.

Entre los síntomas más frecuentes tras el consumo de clericó en niños se encuentran la taquicardia, mareos, vómitos, somnolencia y desorientación. En algunos casos, incluso pueden presentarse alteraciones en el estado de conciencia. Estas manifestaciones suelen minimizarse o confundirse con cansancio propio de las fiestas, lo que retrasa la atención oportuna.

El riesgo aumenta cuando se trata de niños pequeños, cuyo peso corporal y desarrollo neurológico los hace especialmente vulnerables. Según advierte Núñez, en situaciones más graves la intoxicación alcohólica puede evolucionar hacia un coma alcohólico, una condición potencialmente mortal que requiere atención médica urgente.

Errores que se deben evitar

Uno de los errores más comunes es creer que, por contener frutas o tener un sabor dulce, el clericó es inofensivo. "La presencia de frutas no neutraliza el alcohol", enfatiza el pediatra. El dulzor, por el contrario, puede facilitar que el niño consuma mayores cantidades sin percibir el peligro, incrementando el riesgo de intoxicación.

En el contexto de las fiestas de fin de año, el cuidado de los niños debe ir más allá de la alimentación y la vestimenta. Implica también revisar costumbres arraigadas que hoy cuentan con evidencia médica en contra. Ofrecer jugos naturales, aguas saborizadas sin alcohol o bebidas especialmente preparadas para ellos es una alternativa simple y segura.

Finalmente, Núñez insiste en que proteger a los niños también es una responsabilidad colectiva. Padres, familiares y anfitriones deben asumir un rol activo en la prevención, entendiendo que lo que antes se consideraba "normal" hoy puede representar un daño evitable. Las celebraciones pueden y deben ser momentos de alegría, sin exponer a los menores a riesgos innecesarios.