El pasillo es largo y el frío se hace sentir. Sin embargo, los cánticos y las plegarias que retumban sobre las paredes le ponen calor. Son personas que cantan animadas y entusiasmadas sus alabanzas a Dios. Pero no están en una iglesia: son parte de los más de 4.000 reclusos de la cárcel de Tacumbú, a la que muchos consideran como “la más dura y peligrosa del universo”. Allí, detrás de esos muros gigantescos donde dicen que pasa de todo, también la Semana Santa se vive de una manera muy especial.
La fe no puede medirse con cifras. Hay, en cambio, pequeñas postales dentro de la penitenciaría de Tacumbú que resumirían el fenómeno de los que creen mucho mejor que un número. “La mayoría de los reclusos tienen mucha fe, y la Semana Santa es un momento más que especial para ellos”, relata a El Nacional el padre Eugenio Valdez, cura párroco de la capilla “Nuestra Señora de la Virgen de la Merced”, que está dentro de Tacumbú.
El sacerdote va armado hasta el penal nada más que con amor y la espada que es la palabra. Semana tras semana, deja todo para llevar un mensaje de esperanza a quienes la sociedad condenó y viven tras las rejas. Y en estos días santos, prepara todas las actividades religiosas para que los reclusos puedan encontrar ese momento de paz y alivio a través de la fe.
“El domingo ya comenzamos con la procesión y bendición de las palmas, simbolizando la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Emociona como los reclusos se envuelven y dan gracias a Dios. Es una señal de arrepentimiento que significa mucho porque el arrepentirse lleva a la vida eterna”, explicó el pa'i Valdez.
Para el padre Valdez, el Jueves y el Viernes Santo se viven momentos muy especiales dentro de la cárcel, con el lavatorio de los pies a los reclusos y el beso a la cruz. “El Jueves Santo tenemos la misa de la Última Cena con el rito del lavatorio de los pies. Se elige a 12 hermanos, privados de su libertad, y se les lava los pies. Es un momento emocionante y lleno de humildad. Jesús dijo 'yo vine para servir y no para ser servido y esa es la actividad pastoral, servir a los hermanos”, dijo. “El Viernes Santo habrá la Adoración de la Cruz, conocida como Tupãitu. Se coloca la cruz sobre una mesita y los reclusos, en medio de una actitud de oración, van besando la cruz de Cristo. Eso se hace a las 15 horas”, expresó. “Ya el Domingo de Pascua vamos a tener la misa de Resurrección”, añadió.
"La misericordia de Dios es para todos"
El padre Valdez no lo niega. Siente y toca la cárcel como si fuera su piel y sabe que la Semana Santa es un momento crucial para llevar la palabra a los privados de libertad. “La misericordia de Dios es para todos. Muchos no tienen parientes, familiares, entonces lo que hacemos dentro de la penitenciara es llevarles la alegría de la palabra de Dios. 'Donde haya tristeza que se lleve la alegría', como decía San Francisco, esa es nuestra misión, llevarles la alegría de la palabra de vida eterna”, comentó. “Y en Semana Santa eso se refleja aún más. La oración es nuestra arma”, expresó.
“Los pasilleros se me acercan y me piden la palabra y eso es porque Dios obra. Tratamos de llevar siempre ayuda en todos los sentidos. La labor es ardua, hay mucho trabajo, pero Dios me da la fuerza para seguir. La palabra de dios significa vida eterna, y siempre le pido para estar disponible para llevar esa palabra a los necesitados. Jesús dijo 'aquel que hace el bien tendrá la vida eterna, aquel que hace el mal y no se arrepiente y se aferra a sus malas acciones está el fuego, el castigo eterno'. Y es eso lo que ellos deben comprender y muchos lo hacen y eso nos alegra. Fui testigo del cambio de vida de muchos presos y solo Dios puede hacer eso”, precisó.
Albergue que ayuda a los que recuperan la libertad
Cuando un preso sale de la cárcel tras haber cumplido condena, inicia un proceso de reinserción social. Y para muchos, la cosa se pone difícil cuando en la puerta de salida nadie les espera. Allí, el miedo a la libertad se apodera de ellos. Además del peso de las cosas que llevan, está el peso del tiempo, la tristeza y la terrible soledad.
Es allí cuando este sitio, que está a cargo de la pastoral penitenciaria, gana notoriedad y brinda ayuda, esperanza y amor a los que salen en libertad y están solos. Hablamos del albergue postpenitenciario “Virgen de la Merced”, un hogar transitorio para las personas que recuperan la libertad y que perdieron contacto con sus familiares y no disponen de recursos económicos que les permitan contar con un lugar a donde ir. “Los hermanos que recuperan su libertad y no tienen a donde ir, van ahí a quedarse por un momento hasta que consigan un lugar. Es parte de la reinserción social”, explicó el padre Valdez. “Este lugar es especial. Está gracias a la misericordia y gracia de Dios. Muchos pudieron haber caído nuevamente en la delincuencia si es que no se quedaban acá”, expresó.