Ya hemos hablado de humedales y la biodiversidad que albergan, y en particular de las aves, pero en los humedales hay unas "guardianas discretas" que a veces podemos ver u oír, pero que son más comunes de lo que nuestros sentidos pueden percibir. ¿Alguna vez te has detenido a observar la vida secreta de los humedales? A veces es cuestión de tomarse un tiempo, ponerse cómodo y ser pacientes para comenzar a ver unas aves caminadoras y nadadoras muy particulares.
Los humedales son ambientes llenos de agua, con vegetación como el guajó, el pirí, los camalotes, los juncos y otros tipos de vegetación que son verdaderos tesoros naturales, hogar de una increíble variedad de seres vivos, algunos que podemos ver y oír, y otros que pasan desapercibidos por ser más "crípticos" o porque son pequeños, diminutos. Entre esa biodiversidad hay un grupo de aves acuáticas fascinantes, aunque a menudo no las tenemos presentes y son las que conocemos como los rállidos o Rallidae.
Y qué me motivó a abordar este tema, las fotos que tomó el amigo Carlos Ortega en el Lago de la República en Ciudad del Este, un lugar del cual también ya he comentado. Quizás las aves de las que vamos a hablar no te suenen por su nombre común ni por su nombre científico, pero es probable que hayas visto alguna de ellas sin darte cuenta. En épocas de condiciones climáticas difíciles, suelen aparecer en las casas, y la mayor parte de la gente no las conoce y no sabe qué hacer con ellas. Hablamos de gallinetas, pollas de agua, fochas y otras aves similares. Suelen ser bastante tímidas y prefieren moverse entre la densa vegetación de los bordes de ríos, lagos y pantanos; por eso algunas veces se las oye más que se las ve. No son tan llamativas como las garzas, los flamencos con su andar elegante vadeando las aguas someras o los patos nadando en aguas abiertas, pero su presencia es fundamental para la salud de estos ecosistemas.
Los rálidos son como pequeñas ingenieras de los humedales. Con sus patas adaptadas para caminar sobre superficies blandas y su habilidad para nadar y bucear, exploran cada rincón en busca de alimento. Su dieta es variada e incluye insectos, pequeños crustáceos, semillas, brotes de plantas e incluso pequeños peces. Al alimentarse, ayudan a controlar poblaciones de insectos y a dispersar semillas, contribuyendo al equilibrio del ecosistema. Pero su función va más allá de la simple búsqueda de comida. Las pollas y las gallinetas, al igual que otras aves acuáticas, son excelentes indicadores de la salud de un humedal. Su presencia y diversidad nos dicen mucho sobre la calidad del agua, la cantidad de alimento disponible y la integridad del hábitat. Si un humedal está contaminado o degradado, es probable que el número de estas aves disminuya o incluso desaparezcan ciertas especies.
Además, estas aves contribuyen al ciclo de nutrientes en los humedales. Sus excrementos actúan como fertilizante natural, enriqueciendo el suelo y promoviendo el crecimiento de la vegetación. Esta vegetación, a su vez, sirve de refugio y alimento para otras especies, creando un ciclo de vida interconectado y vibrante. La búsqueda de alimento abre la vegetación y permite la oxigenación, así como también el hábitat para otras especies.
Los humedales, con la ayuda de estas aves acuáticas y otros habitantes, nos brindan servicios ambientales importantísimos. Actúan como filtros naturales, purificando el agua que luego llega a nuestros ríos y acuíferos. Son esponjas que absorben el exceso de agua durante las lluvias intensas, y así ayudan a prevenir inundaciones. Y son sumideros de carbono, capturando dióxido de carbono de la atmósfera y contribuyendo a mitigar el cambio climático.
La conservación de los humedales y de las aves que los habitan, como los rállidos, es crucial. Al proteger estos espacios, no solo salvamos a estas fascinantes aves y a un sinfín de otras especies, sino que también aseguramos la disponibilidad de agua limpia, protegemos nuestras comunidades de inundaciones y luchamos contra el cambio climático.
Observar a una gallineta cruzar sigilosamente un claro entre los juncos, o escuchar el reclamo de una polla de agua escondida en la vegetación, es un recordatorio de la belleza y la importancia de la naturaleza que nos rodea. Los rállidos, con su discreta labor, nos enseñan que cada ser vivo, por pequeño o tímido que sea, cumple una función vital en el intrincado mundo de la vida.
Aquí ilustramos con unas pocas especies de rállidos de las más de 20 que tenemos en Paraguay, para mostrar con imágenes tomadas por Carlos Ortega, pero imaginen la diversidad que existe, entre ellas la jacana, la gallineta americana o las pollas. No hemos hablado de la gran diversidad ni de las formas que adoptan (ver los colores que adoptan y las formas de sus patas), ni de sus hábitos alimenticios, ni de sus áreas de nidificación, ni de sus vocalizaciones, así que deberemos abordarlo en un futuro.
Promover la conservación de los humedales es una tarea de todos. Podemos empezar por informarnos, respetar estos espacios cuando los visitemos y apoyar iniciativas que busquen su protección. Cuidar de los humedales es cuidar de nuestro futuro y del futuro de las guardianas aladas que los habitan, entre ellas, los rállidos.
Gracias a Rebeca Irala por la ayuda técnica en la confirmación de especies y el siempre estar ahí para darme una mano.
