Paraguay se encamina a un cambio de escenario climático en la segunda mitad del año. Proyecciones meteorológicas advierten sobre la posible llegada del fenómeno de El Niño, que traería consigo un aumento de las lluvias por encima de los niveles normales, además de temperaturas más elevadas.
Los modelos climáticos indican que el evento podría instalarse entre el invierno y la primavera, con un impacto directo en el régimen de precipitaciones. De confirmarse, el país enfrentaría meses con mayor frecuencia de tormentas, lluvias intensas y episodios de inestabilidad, especialmente en la región Oriental.
Este escenario no es menor para la economía. Sectores como la agricultura, la ganadería y la logística suelen verse directamente afectados por excesos hídricos, que pueden generar desde retrasos en la siembra hasta complicaciones en el transporte y riesgos de inundaciones en zonas vulnerables.
El fenómeno de El Niño forma parte del ciclo climático conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur) y se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico ecuatorial. Este cambio altera los patrones climáticos a nivel global, generando efectos distintos según la región, pero en el caso de Paraguay suele traducirse en más lluvias y temperaturas superiores a lo habitual.
Precipitaciones más intensas
A diferencia de La Niña —asociada a sequías—, El Niño tiende a favorecer precipitaciones más intensas, crecidas de ríos y eventos climáticos extremos en el Cono Sur. En Paraguay, esto puede implicar tanto oportunidades como riesgos: mejores condiciones hídricas para ciertos cultivos, pero también pérdidas por exceso de agua si no se gestiona adecuadamente.
Las probabilidades de desarrollo del fenómeno han ido en aumento en los últimos meses. Organismos internacionales y servicios meteorológicos regionales coinciden en que el evento podría consolidarse hacia el segundo semestre, con impactos que incluso podrían extenderse hasta 2027.
En este contexto, el foco está puesto en la preparación. Autoridades y sectores productivos siguen de cerca la evolución del clima, conscientes de que un evento de El Niño no solo redefine el mapa meteorológico, sino también las condiciones económicas y sociales del país en los meses venideros.