Adolescentes que amenazan con masacre podrían estar abandonados emocionalmente, dice experta
A finales del mes pasado conmocionó al mundo la matanza por parte de un estudiante en una escuela de Uvalde, en Texas, donde murieron 19 niños y dos profesoras. La tragedia, la peor en una escuela de Estados Unidos en una década, fue perpetrada por un adolescente de 18 años que compró un fusil legalmente y que había anunciado sus intenciones a través de mensajes en Facebook.
La semana pasada se conoció el caso de dos alumnos de un colegio privado de Ciudad del Este, quienes dejaron un escrito en la mesa de la profesora en la sala de clases, donde anunciaban que compraron armas y las usarían en la institución para matar a directivos y estudiantes. Fueron identificados y uno de ellos explicó que solo se trató de una broma para causar susto en la institución.
Otros casos se replicaron en diferentes colegios de la capital, originándose una ola de amenazas de estudiantes con los mismos mensajes escritos: "haverá massacre", y dejado en varios lugares por parte de estudiantes menores de edad. El pánico inundó a una sociedad no acostumbrada a que se trate de menores de edad protagonizando episodios con ese potencial de violencia, y las autoridades empezaron a ponerle un foco a estas aptitudes.
El Nacional conversó con Lic. Marianela Figueredo, psicóloga, directiva del Magenta Consultorio Multidisciplinario, quien se refirió a cómo responder a estos hechos y cómo abordarlos desde las instituciones educativas para prevenir este flagelo que aún no ha cobrado víctimas en nuestro país.
-¿Por qué los adolescentes o niños envían este tipo de amenazas? ¿Es como un juego, un desafío o tienen ese pensamiento de realizar verdaderamente una masacre?
-Particularmente, creo que esta situación se da porque nuestros chicos están muy abandonados emocionalmente y encuentran refugio en las redes sociales. Obviamente, en las mismas se da un abuso de información de este tipo, masacres, tiroteos, suicidios, y es lo que fácilmente ellos absorben, lo hacen muchas veces con el afán de repetir o de buscar protagonismo por el solo de hecho de que no son atendidos y entonces buscan llamar la atención de esa manera. Por juegos, ya que ellos no dimensionan lo que este tipo de situaciones puede generar y lo toman como algo para luego reírse o bromear entre ellos. Como desafío, cuando muchos utilizan el famoso "no te vas a animar" o con los tipos de juegos en redes donde tienen que estar enfrentando, muchos de ellos a través de juegos del play o desafíos de TikTok o los famosos challengers.
-¿Cómo estar al tanto de esos "pensamientos de masacre"?
-Si bien, muchos de estos pensamientos no llevan a la masacre, lo ideal sería, si estamos al tanto de que ellos tuvieron ya episodios jugando o desafiando, empezar a observar, a tener en cuenta, poner alerta a estas primeras señales que son en ocasiones minimizadas y que luego de pensamientos se pueden convertir en acciones.
-¿Por qué se da esto? ¿Los juegos violentos tienen un papel preponderante?
-Creo que sí, ya que estos pueden ser una base incipiente para la formación de hábitos o códigos violentos en nuestro chicos. Muchas veces se da como un juego a imitar, no solo buscan notoriedad o protagonismo, sino que también el sentirse importantes repitiendo esos códigos. Hoy la información está muy al alcance de todos, y nuestros chicos, sabemos que nos pasan por arriba con la rapidez en el tema de las redes y demás. ¿Por qué se da? Por la información a mano, las horas en exceso y también sería tener "mucho ojo" con las actitudes que vamos notando en ellos, no minimizar, tampoco eso significa estar intensamente sobre ellos, pero sí acompañar, mirando qué juegan, quiénes son sus amigos con los que comparte, poner ciertos límites dentro de sus actividades también.
-¿Cómo se podría prevenir o al menos estar al tanto de este tipo de actitudes en los hijos, y qué hacer?
-Para hablar de una prevención primaria, lo fundamental es trabajar con los padres o tutores, ya que ellos son la autoridad sobre el niño, en el manejo y en el control de sus celulares y equipos tecnológicos. Luego, trabajar con los chicos. Pero son los padres o tutores los que tienen que velar y orientar el uso de esas tecnologías. Es importantísimo el acompañar, el estar, el observar, conversar, escucharles. No dar por hecho que ellos lo saben todo. Sabemos que muchas veces no nos quieren hacer caso, diciendo "qué exagerados son", pero igual seguir manteniendo esos límites con amor. Muchas veces a pesar de todo el cuidado, igual pueden suceder estas situaciones; aquí no se trata de culparlos siempre sobre eso, ni culparse uno mismo, pero sí empezar a intervenir.
-¿Cómo la institución educativa podría ayudar en estos casos donde los mismos estudiantes intentan atentar contra el colegio?
-El colegio/estudiantes y padres quedan asustados en estos casos. Principalmente se empieza por generar las herramientas, desde los cuidados hasta la información para que puedan estar en alerta. Toda institución educativa siempre tendrá una limitación que implica el apoyo familiar, si no hay apoyo de la familia es difícil el trabajo. Pero los colegios, lo que pueden hacer, es intensificar los mecanismos de control, las entradas y salidas, las mochilas, cartucheras; es decir, tener en cuenta todos esos recaudos. Y, por otro lado, el trabajo del seguimiento integral se tiene que hacer en conjunto con la familia.
-¿Estos casos podrían llegar a considerarse trastornos o podrían devenir en alguno?
-Cada caso es muy particular, en algunos sí se puede afirmar que existen bases de trastornos, como puede ser de paranoide, esquizoide, límite de la personalidad, puede estar como algo incipiente, pero en otros casos se da más bien como mecanismo de llamada de atención que están haciendo los chicos o provenientes de algunos traumas que no son trastornos, pero sí traumas, como por ejemplo a raíz de un bullying muy severo que han tenido en su infancia. Es importante en estos casos tener el acompañamiento de un profesional.