Una vigilante del Museo del Louvre describió como un "ruido enorme, totalmente inusual" el momento en que se produjo el robo de las joyas de la Corona francesa el pasado domingo. La agente, que pidió mantener el anonimato, estaba en la galería de Apolo junto a otros empleados cuando los ladrones irrumpieron y huyeron con ocho piezas valuadas en más de 100 millones de dólares.
Según relató, los delincuentes accedieron al museo a través de un montacargas instalado en la calle, rompieron las vitrinas con una sierra discal y escaparon en apenas ocho minutos. Durante la intrusión, la vigilante y sus compañeros evacuaron a los visitantes. Uno de los objetos robados, la corona de la emperatriz Eugenia, fue encontrada dañada tras la huida.
La presidenta del Louvre, Laurence des Cars, afirmó que el sistema de seguridad interior funcionó, pero reconoció que la videovigilancia exterior era "muy insuficiente". Por su parte, un agente de seguridad privada que presenció la huida señaló que los ladrones habían perforado el depósito de su moto y que intentaron prender fuego al vehículo con un soplete.
La procuradora de París, Laure Beccuau, informó que se recogieron más de 150 muestras de ADN y otras trazas en el lugar, y que las cámaras públicas y privadas permitirán seguir el recorrido de los sospechosos en la capital y en áreas limítrofes. Beccuau destacó la importancia de actuar rápidamente antes de que las joyas sean desmembradas o fundidas, aunque reconoció que la cobertura mediática del robo podría dificultar la movilidad de los responsables.
El hurto ha generado gran repercusión internacional, y las autoridades francesas confían en que la combinación de evidencias físicas y registros de videovigilancia permitirá detener pronto a los responsables y recuperar las joyas de alto valor histórico.
Fuente: DW