Venezuela en máxima tensión tras la captura de Maduro:
En las horas posteriores, el alto mando militar venezolano denunció que la detención se produjo tras el asesinato "a sangre fría" de una parte importante del equipo de seguridad presidencial y calificó lo ocurrido como un "secuestro", al tiempo de exigir la liberación del mandatario.
Con el control político en disputa, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) manifestó su respaldo a Delcy Rodríguez luego de que el Tribunal Supremo de Justicia la convocara para asumir como presidenta encargada. Sin embargo, en el mismo pronunciamiento, los militares insistieron en presentar a Maduro como el "líder constitucional" y reclamaron su "pronta liberación", una postura que expone la tensión entre la formalidad institucional invocada por el TSJ y la narrativa de "continuidad" que sostiene el chavismo.
Del lado opositor, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) elevó el tono y planteó como condición "urgente" la liberación inmediata de todos los presos políticos para que exista una transición posible, subrayando que no puede hablarse de reconciliación ni unidad nacional si persiste la persecución contra dirigentes y activistas. La coalición citó como referencia las cifras de la ONG Foro Penal, que ubicaba en torno a 900 el número de detenidos por motivos políticos hasta mediados de diciembre.
En Washington, el secretario de Estado Marco Rubio marcó una línea clara al señalar que Estados Unidos puede "trabajar" mejor con Delcy Rodríguez que con Maduro, a quien acusó de incumplir acuerdos previos. La definición alimenta las especulaciones sobre el tipo de interlocución que buscará la Casa Blanca en Caracas, mientras se abre un escenario incierto sobre el camino a elecciones y el formato de una eventual transición.
La repercusión internacional se expandió rápido. El Consejo de Seguridad de la ONU convocó una reunión de urgencia para el lunes a las 10:00 (15:00 GMT) a fin de abordar el impacto de la operación estadounidense y sus implicancias para la paz y la seguridad internacionales, en una cita impulsada por Colombia y respaldada por Rusia y China.
En paralelo, el Vaticano también intervino con un mensaje orientado a la desescalada: el papa León XIV pidió que prevalezca el bien del pueblo venezolano, reclamó respeto del Estado de Derecho y de los derechos humanos, y exhortó a evitar el camino de la violencia en un país que ya arrastra una crisis social y económica profunda.
Mientras tanto, el relato interno venezolano sigue fragmentándose entre denuncias de "agresión" y pedidos de "transición", con el componente más explosivo concentrado en dos preguntas que dominan el escenario: cuánta capacidad real conserva el chavismo para sostener gobernabilidad sin Maduro y qué condiciones se impondrán —desde adentro y desde afuera— para abrir un proceso político que no termine en más violencia.