“Venceréis, pero no convenceréis”, elecciones USA 2020

“Venceréis, pero no convenceréis”, elecciones USA 2020

Por Alan L. Redick

Nunca se ha visto en la historia electoral de EE. UU un acontecimiento tan bochornoso como el que se vino viviendo esta jornada electoral 2020. En el 2000 los demócratas habían hecho algo similar en las elecciones Bush - Al Gore, en Florida. El recuento de los votos y una decisión de la Corte Suprema finalmente confirmaron la victoria del republicano.

Quizás mucha gente no conozca el sistema electoral de los EE. UU. Ya la mayoría de los lectores estarán informados sobre los colegios electorales, y al respecto existe muchísima información accesible. Lo que quizás no se conozca es lo más rudimentario de las elecciones, que es el cómo votar.

La primera vez que voté en unas elecciones en EE. UU me llamó muchísimo la atención que en Connecticut no pedían ningún documento de identidad para votar. Mi sorpresa fue aún más grande al saber que tampoco en Carolina del Norte, ni en ningún otro estado se necesita de un documento de identidad.

La cosa funciona de lo más primitiva y rudimentariamente posible: uno va a la mesa de votación, dice su nombre, ellos lo buscan en el patrón electoral y luego, a veces, proceden a preguntar por la dirección de donde uno vive para confirmar la identidad.

Ese sistema fue diseñado y funcionaba quizás en el siglo XVIII y XIX, donde por lo general la gente conocía a sus vecinos, pero para seguir con esas prácticas en pleno siglo XXI... me parece una locura.

Es verdad que la mayoría de las personas a las que conozco aquí son extremadamente honestas. Aquí no es raro encontrar en el banco de una plaza un cartelito que diga “encontré una billetera” y dejar el número de contacto. Es cierto, para los latinos, encontrar una billetera es como una señal del cielo, como si Dios nos hubiera dado una bendición.

En mis 15 años que enseñé en la Universidad de Carolina del Norte, siempre quedé sorprendido de la honestidad de mis alumnos. Pero no todo es así en este país. Hace no mucho un informe reveló que la mayoría de los alumnos en Harvard copiaban en los exámenes. En síntesis, como ya lo sabrá cualquier persona medianamente inteligente, en un país tan grande, hay prácticamente de todo, especialmente gente deshonesta.

Por si el lector aún no quedó sorprendido de que en este país se puede uno simplemente presentar en una mesa electoral y votar sin documentos de identidad, para mayor admiración, se puede votar también por carta (lo cual viola el principio del voto secreto y sin coacción).

Votar por correo es una práctica que se viene haciendo desde hace mucho tiempo, pero generalmente ese sistema es usado para casos especiales, y muy pocas personas lo utilizaban. Ahora, con la excusa de la pandemia, los demócratas han hecho su campaña instigando a la gente a que vote por correo.

Ahora, imagínese el ávido lector... si a los políticos compran cédulas en Paraguay se les ofrece este sistema de voto por correo, se sacan la lotería. ¿Qué impide que la gente pobre no venda su talonario de voto por correo? La respuesta se la pueden dar muchos congresistas en Paraguay.

Pero entonces, la pregunta es, por qué no se vino previendo esto, por qué ahora recién el quebranto. La respuesta es que tanto lo uno como lo otro fue hace tiempo motivo de protesta por parte de los republicanos.

Hubo ya varios intentos de hacer pasar una legislación que regule las elecciones presidenciales con una reglamentación federal, de modo a que se unifiquen los estándares. Hubo también varios intentos por parte de los republicanos para imponer el requerimiento de una identificación electoral. Todas las mociones siempre han sido rechazadas fervientemente por los demócratas.

Lo mismo ocurrió con el voto por correo, al cual Trump ya lo vino persiguiendo desde hace tiempo por ser una invitación al fraude electoral. Dirá el amigo lector, pero ¿con pandemia...? Pues la pandemia al parecer no representó ningún problema para Biden en las internas demócratas. Cuando eso todavía Biden no empezaba con su campaña de “quédate en casa”, sino que más bien era “sal a votar” (y dicho de paso, vino un pico de covid justo después de las internas demócratas, pero nadie de la presa acusa de eso a Biden).

Los demócratas tienen una larga tradición de robarse elecciones hasta entre ellos. A Bernie Sanders el grupo de Hilaria Clinton le arrebató las elecciones internas. Por cierto, ese es el mismo grupo de Biden.

Pero por supuesto, no somos ingenuos ni vamos a pretender que los republicanos no son dados al fraude electoral. Aunque cueste creerlo, ellos también tienen a sus Trato Apu'a. Pero son los republicanos quienes vienen rogando por transparencia hace años. Creo que en cualquier lugar del mundo la gente vota, mínimamente, presentando un documento de identidad con foto.

Medios de Comunicación y Redes Sociales

Otra cosa que nunca se ha visto es el ataque y la deshonestidad tan alevosa de los grandes medios de comunicación. Jamás se ha visto una campaña tan visceral contra un presidente. Ya en el 2016 las encuestadoras dieron un amplio margen de ganancia para Hilaria, lo cual de hecho jamás se dio.

Este año se ha repetido la misma historia. El día de la votación no se vio el maremoto azul que se anunciaba con ahínco. Al contrario, Trump terminó nuevamente ganando en varios lugares.

Esto viene siendo una amenaza enorme para la democracia. Se sabe que las encuestas pueden llegar a influenciar grandemente en las elecciones. Suprimen el voto de mucha gente que ya no ve la necesidad de votar donde ya no hay esperanzas. Sin embargo, todo les está permitido.

Las redes sociales igualmente han censurado durante toda la carrera electoral los comunicados del presidente Trump, de su equipo y sus seguidores. Con la excusa de constituirse en censores de la verdad han editado contenidos en redes sociales, casualmente solo de los republicanos.

Tan solo anoche, cuando Trump estaba dando su discurso, varios medios cortaron la transmisión por considerar ellos que el mensaje del presidente de los EE. UU se basaba en información falsa.

Elecciones 2020

Las elecciones del 3 de noviembre se desarrollaron con cierta normalidad. No hubo nada altamente llamativo.

El conteo de votos inició como de costumbre. A Biden le adjudicaron rápidamente los estados que le correspondían, pero luego, un poco pasada la una de la madrugada, el conteo de votos se detuvo sin razón en los estados cruciales donde iba ganando Trump. El conteo se rehabilitó después de varias horas con la llegada de “nuevos votos”. Algo inaudito en la historia electoral de EE. UU.

Tardaron bastante tiempo en adjudicar a Trump la Florida, y hasta el momento los estados de Georgia, Carolina del Norte y Pennsylvania no ha pasado para Trump.

Ohio es otro de los estados en los que Biden tenía que arrasar (según las encuestas), pero lo terminó ganando Trump. Este es un estado muy significativo, ya que históricamente, Ohio siempre elige al ganador; o sea, el candidato que ganaba Ohio siempre ganaba la presidencia.

El juego que han hecho con la suspensión y proyección del conteo es también crucial, especialmente para la psicología de las masas. El tablero terminó congelado en Biden 264 y Trump 214, cuando en realidad, de no haberse detenido el conteo el tablero se leería: Biden 264 y Trump 268, faltando solo Nevada para decidir la puja (incluso Arizona podría quedar para Trump, ya que aún quedan 90%).

Este no solo es un cuadro real, sino también es lo que varios analistas vinieron prediciendo, entre ellos Jaime Bayly, cuyo tablero electoral antes de las elecciones pasó a reflejarse con la realidad.

Este es otro problema crítico. No es lo mismo cuando la gente ve durante tanto tiempo que la cuestión va 264 contra tan solo 214. Así, con esa proyección, parecería que en definitiva Biden arrasó en las elecciones, cuando en realidad van muy parejos, e incluso Trump lleva aventajando por 4 puntos.

Votos milagrosos

Cuando se detuvo el conteo de votos en los estados donde manejan el sistema electoral los demócratas, Trump iba ganando. Luego, aparecieron una cantidad enorme de votos que casualmente eran en su totalidad a favor de Biden.

Las irregularidades electorales son tantas que sería tedioso describirlas y sería mucho más entretenido buscar la cantidad de videos que circulan por internet. En Pennsylvania no permitieron a los observadores de Trump entrar a vigilar el conteo. Tuvieron que recurrir a la Corte para conseguir un permiso, el cual de todos modos no se cumplió a cabalidad. A todo eso, los demócratas apelaron la decisión de la Corte para no permitir a los observadores de Trump.

La lista de irregularidades es simplemente lujuriosa. Ya en internet puede verse un sin número de video que muestran cómo en las cámaras se puede ver la alteración o sustracción de papeletas electorales.

Trump y Biden

Trump, que había pedido que el conteo continúe, al ver la cantidad de votos que aparecían de la nada, irónicamente, pidió que se detenga el conteo. Biden recién ahí pidió que “todos los votos se cuenten”; a eso Trump pidió que “todos los votos 'legítimos' se cuenten”.

Sea como se dé el resultado, esta fue una jornada luctuosa, donde las grandes corporaciones mundiales manipularon como quisieron las elecciones y la información sobre ella.

Como ha confesado el mismísimoBiden: “Hemos reunido, creo, la más extensa e inclusiva organización de fraude de votos en la historia política americana” (traducción de sus palabras textuales).

Definitivamente se ha perdido la legitimidad de estas elecciones. Ya han aparecido más votos que votantes. Nadie puede decir que estas fueron unas elecciones normales, jamás se ha hecho eso de dejar de contar votos sin motivos, ni de no dejar que entren los observadores.

Una democracia sin transparencia no es democracia.