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Trump confirma muerte de líder supremo de Irán tras bombardeo conjunto con Israel

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este sábado que el líder supremo de Irán, Alí Jameneí, murió durante los ataques aéreos lanzados contra territorio iraní en una ofensiva coordinada con Israel. La confirmación llegó primero desde fuentes oficiales israelíes y luego fue ratificada por el propio mandatario estadounidense a través de su red social Truth, donde afirmó que el dirigente iraní "está muerto".

1 Marzo de 2026
1 Marzo de 2026
Trump confirma muerte de líder supremo de Irán tras bombardeo conjunto con Israel

De acuerdo con versiones difundidas por autoridades israelíes bajo reserva, el cuerpo del líder religioso habría sido localizado en un búnker alcanzado por los bombardeos. Según esa misma fuente, los servicios de inteligencia tendrían registros gráficos del sitio del impacto. Sin embargo, desde Teherán las agencias Tasnim y Mehr, vinculadas a la Guardia Revolucionaria, desmintieron la versión y sostuvieron que Jameneí continúa al frente del país. Incluso acusaron a Israel y Estados Unidos de impulsar una "guerra psicológica".

En horas de la noche, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, sostuvo que existen "indicios crecientes" de que el dirigente iraní ya no se encuentra con vida. En un mensaje grabado, aseguró que el complejo donde se encontraba fue destruido y afirmó que la ofensiva continuará en los próximos días contra miles de objetivos vinculados al régimen iraní, incluidos mandos militares y figuras del programa nuclear.

La operación militar tuvo como objetivo inicial a una treintena de altos dirigentes y comandantes del aparato de seguridad iraní. Informes citados por agencias internacionales señalan que familiares cercanos del líder religioso también habrían muerto durante el ataque, aunque la información no ha sido confirmada oficialmente por Teherán.

Jameneí, de 86 años, gobernaba Irán desde 1989, cuando asumió tras la muerte del fundador de la República Islámica, Ruhollah Jomeini. Durante más de tres décadas consolidó un sistema político teocrático con amplios poderes concentrados en la figura del líder supremo. Su permanencia marcó generaciones enteras: la mayoría de los más de 90 millones de iraníes no conocieron otro jefe de Estado.

Su mandato estuvo atravesado por tensiones permanentes con Estados Unidos e Israel, sanciones económicas internacionales y un endurecimiento interno frente a protestas sociales. La muerte de la joven Mahsa Amini en 2022 desató una ola de movilizaciones reprimidas con violencia, dejando cientos de muertos según organizaciones independientes. Las autoridades iraníes siempre defendieron la actuación de las fuerzas de seguridad.

El trasfondo ideológico del régimen, que fusiona religión y poder político, convirtió a Jameneí en la máxima autoridad religiosa y política del país. Su doctrina rechazó la separación entre Estado e islam y defendió una estructura en la que el liderazgo clerical supervisa y corrige a las instituciones electas. Bajo su conducción, Irán reforzó su confrontación con Occidente y expandió su influencia regional a través de aliados y milicias afines.

Si se confirma su muerte, sería la primera vez que Israel elimina a un líder supremo en funciones de un Estado adversario. La ofensiva militar conjunta tiene como objetivo declarado debilitar o incluso provocar la caída del régimen instaurado tras la revolución de 1979. Para Washington y Tel Aviv, la operación busca desarticular el aparato militar y nuclear iraní.

El impacto político de una eventual desaparición de Jameneí abre un escenario incierto. No existe un sucesor claramente definido y el país se encuentra bajo fuerte presión militar externa. Analistas advierten que la ausencia de liderazgo en medio de bombardeos podría profundizar la inestabilidad interna y alterar el equilibrio de poder en Oriente Próximo.

Mientras tanto, en distintas ciudades de la región se registraron manifestaciones tanto de apoyo como de rechazo al régimen iraní. Para sus seguidores, Jameneí sería recordado como un referente de resistencia frente a Occidente; para sus críticos, como el arquitecto de un sistema represivo que dejó al país aislado y económicamente debilitado.

La comunidad internacional observa con cautela el desarrollo de los acontecimientos. La confirmación oficial desde Teherán o la aparición pública de alguna autoridad iraní serán determinantes para disipar o consolidar la versión que, por ahora, mantiene en vilo a la región y al escenario geopolítico global.

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