MundoFondo Internacional de Desarrollo Agrícola

Más de 200 agricultores y técnicos de Argentina, Brasil, Bolivia y Colombia intercambian experiencias

El taller sirvió para compartir y profundizar estrategias de conservación, producción, circulación y uso de variedades de semillas adaptadas a distintos contextos ambientales.

3 Junio de 2026
3 Junio de 2026
Puerto Iguazú reunió experiencias diversas, con agricultores y técnicos de Misiones y Jujuy, junto a delegaciones de Brasil, Bolivia y Colombia.
Puerto Iguazú reunió experiencias diversas, con agricultores y técnicos de Misiones y Jujuy, junto a delegaciones de Brasil, Bolivia y Colombia. Foto: IICA.

Más de 200 agricultores, técnicos y representantes de instituciones de investigación de Argentina, Brasil, Bolivia y Colombia participaron en Puerto Iguazú en un taller internacional del proyecto Raíces, orientado a la conservación, el rescate y el mejoramiento genético participativo descentralizado de semillas criollas y nativas.

El encuentro formó parte de una iniciativa trinacional, enfocada hacia Argentina, Brasil y Bolivia, que promueve la integración entre investigación científica, prácticas agroecológicas y saberes populares y ha sido diseñada en alianza por distintos organismos internacionales.

El proyecto Raíces es financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), a partir de fondos suplementarios de la Unión Europea. Es ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y en Argentina beneficia a 1200 familias agricultoras de las provincias de Misiones y Jujuy.

Puerto Iguazú reunió experiencias territoriales diversas, con presencia de agricultores y técnicos de Misiones y Jujuy, junto a delegaciones de Brasil y Bolivia y la participación de Colombia como país invitado. En total, participaron más de 25 organizaciones de agricultores y pueblos originarios y otros productores guardianes de semilla que integran el proyecto, así como referentes de diez instituciones académicas de Misiones.

El taller contó con la participación de instituciones nacionales de investigación agropecuaria de referencia en la región, como la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (EMBRAPA), el Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (INIAF) de Bolivia, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Argentina y la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (AGROSAVIA), consolidando así un espacio de articulación entre ciencia, territorio y agricultores.

Intercambio regional con foco en los agricultores

El taller sirvió para compartir y profundizar estrategias de conservación, producción, circulación y uso de variedades de semillas adaptadas a distintos contextos ambientales.

Se realizaron exposiciones técnicas y capacitaciones a cargo de especialistas regionales, entre ellos el investigador de EMBRAPA, Altair Machado, referente en mejoramiento genético participativo descentralizado, quien abordó metodologías para el desarrollo de variedades adaptadas a condiciones locales a partir de la agrobiodiversidad local.

También se generaron espacios de intercambio entre organizaciones de los distintos países, donde se compartieron experiencias vinculadas a la conservación de semillas, su distribución y su comercialización, así como los desafíos que plantea la normativa vigente para su registro y circulación.

La investigadora de INTA Cerro Azul y responsable del proyecto en Argentina, Silvina Fariza, destacó que "el enfoque es acompañar a los agricultores en sus chacras, usando sus semillas y respondiendo a sus necesidades, para que puedan mejorar, conservar y comercializar semillas criollas bajo la normativa vigente".

Desde Colombia, la productora y guardiana de semillas María Belma Echavarría destacó el valor de resignificar el mejoramiento desde la práctica: "Para nosotros es nuevo hablar de mejoramiento, porque nos hicieron creer que eso se hace en laboratorio y por científicos. Sin embargo, vemos que lo que nuestros antepasados hicieron desde hace miles de años también es mejoramiento".

Durante la jornada, en el paraje Santa Cruz del Monte, se llevó adelante de manera colectiva la cosecha de espigas de maíz previamente seleccionadas, y se trabajó sobre una variedad criolla conocida como "100 días",  un material que presenta buen rendimiento, alta adaptación a condiciones climáticas variables, y una destacada resistencia a plagas y enfermedades.

El territorio como espacio de aprendizaje

En el paraje Santa Cruz del Monte, los participantes del taller, junto a la comunidad local, recorrieron el primer corredor de la agrobiodiversidad demostrativo implementado en Argentina en el marco del proyecto Raíces, conformado por 12 familias agricultoras. Allí se desarrollan sistemas productivos diversificados, en los que el cultivo de maíz se realiza en consorcio con girasol, crotalaria juncea, poroto sable y maní, promoviendo la agrobiodiversidad, la fertilidad del suelo y el manejo integral de plagas para la sustentabilidad del sistema agrícola.

Durante la jornada se llevó adelante de manera colectiva la cosecha de espigas de maíz previamente seleccionadas. Se trabajó sobre una variedad criolla conocida como "100 días", que es cultivada desde hace más de 40 años por el productor y referente comunitario Valdir de Paula. Se trata de un material que presenta buen rendimiento, alta adaptación a condiciones climáticas variables —como sequías y tormentas— y una destacada resistencia a plagas y enfermedades.

Valdir subrayó el carácter intergeneracional y colectivo del trabajo con semillas: "Desde niño aprendí la selección de semillas y hoy veo a jóvenes interesados en continuar. En este corredor, lo importante es sumar otras semillas y trabajar juntos para seguir aprendiendo".

La productora y guardiana de semillas brasileña Cintia Reis destacó que "este proceso necesita cada vez más la participación de mujeres y jóvenes. La idea de los corredores es algo muy importante para avanzar en nuestros territorios con las semillas y fortalecer la soberanía alimentaria".

La boliviana Esmeralda Copareare, productora y guardiana de semillas, resaltó los aprendizajes técnicos generados en el intercambio: "Hay muchas diferencias con lo que tenemos en Beni, pero con este proyecto hemos aprendido mucho sobre estas técnicas. Me llamó especialmente la atención cómo marcan las mejores mazorcas en el campo".

La oficial técnica del FIDA y responsable del proyecto Raíces, Doina Popușoi, subrayó que "el objetivo es construir sistemas alimentarios fuertes y resilientes. También se busca promover la nutrición y la inclusión social, especialmente de mujeres, jóvenes y pueblos originarios y tradicionales en los sistemas alimentarios, tanto en la producción como en la comercialización".

Por su parte, Caio Lourenço, supervisor de proyectos del IICA Brasil, puso en valor el carácter colaborativo del proyecto: "Trabajamos junto a técnicos y productores, articulando el conocimiento científico con las prácticas locales. Estos espacios permiten intercambiar aprendizajes, generar resultados relevantes y difundirlos a nivel regional".

El grupo visitó también una aldea guaraní en la zona de Puerto Iguazú, donde se generaron espacios de intercambio en torno a los saberes tradicionales vinculados al uso, conservación y diversidad de semillas. Estas instancias permitieron integrar una mirada cultural al abordaje técnico del taller, reconociendo el rol histórico de las comunidades en la preservación de la agrobiodiversidad agrícola.

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