El Juicio Político tiene sus orígenes en el Parlamento inglés, por el cual el Parlamento podía destituir a cualquier oficial del gobierno sin autorización del rey, y solo contra el monarca no se podía ejercer el Juicio Político, ya que actuaba bajo la autoridad de éste. En Estados Unidos, la primera nueva república, se adoptó la figura constitucional del Juicio Político, pero ya sin excepciones ni privilegios.
El Juicio político tiene por base constituirse en una medida política de emergencia para poder remover del poder a cualquier funcionario civil, incluso, o especialmente, al presidente. Cualquier ciudadano puede peticionar un Juicio Político para remover a un presidente, pero es la Cámara de Representantes la única encargada iniciar el proceso, que, de darse en conformidad pasa al Senado para ser juzgado.
En caso de tratarse deun presidente o vicepresidente, quien preside el proceso en el Senado debe ser el presidente la Corte Suprema de Justicia, y de obtenerse las 2/3 partes el presidente es removido del cargo y en consecuencia también es descalificado para volver a candidatarse.
El Juicio Político es un “juicio político”, vale decir entonces que no esun proceso judicial, sino que prima el aspecto político. Está reservado para casos graves, como abusos de poder, traición a la Patria, etc. En Estados Unidos, aunque pocos presidentes pasaron por un Juicio Político, siendo los últimos Trump (2019) y Bill Clinton (1998), ningún presidente ha sido destituido por medio del Juicio Político.
En 1974 se preparó un Juicio Político contra el presidente Richard Nixon, pero al igual que Raúl Cubas, éste renunció mucho antes de que se diera el juicio, y de no ser por el escándalo, Nixon podía volver a presentarse. De hecho, los actos de espionaje durante la administración Obama, solo con lo demostrado por Snowden, dejan al Watergate como una sonsera.
Pero en fin... ahora los demócratas, en complicidad de otros, intentan llevar a cabo un Juicio Político contra un expresidente, o sea, un civil que ya no ostenta ningún cargo en la función pública.
La justificación que hacen para este absurdo es que Trump había incitado una insurrección y se lo acusa de sedición. La evidencia que dan es que Trump había utilizado la palabra “lucha” en su discurso. Cabe decir que si por esa causa se invalidaran a políticos, más del 98 % quedarían inhabilitados por utilizar palabras con alusiones violentas. El mismo Biden incluso fue mucho más lejos que eso.
Tanto es el miedo que tienen contra Trump que la idea es justamente inhabilitarlo para que no vuelva a presentarse en las próximas elecciones, lo cual no tiene sentido, pues si Bidensupuestamente ha ganado las elecciones tan holgadamente, de manera a ser el presidente más votado de la historia, no habría por qué temer. Sin embargo, la locura inconstitucional persiste y la fecha para la deliberación en el senado parece ser este 8 de febrero, ¿y a esto no se le llama sedición?
El absurdo al que se llega y las consideraciones constitucionales que tienen los demócratas superan incluso a la política paraguaya. ¿Un Juicio Político para remover a alguien que ya no está en el cargo, solo para inhabilitarlo? De hecho, cuentan con otra traba, ya que John G. Roberts, Jr., presidente de la Corte Suprema, se niega a presidir el circo que pretenden montar, por obvias razones.
El espíritu del Juicio Político fue siempre el de proveer un balance de poderes y otorgar al Parlamento un poder especial en caso de emergencia, considerando que el pueblo tiene la máxima potestad y quizás no haya tiempo suficiente para un plebiscito. Pero eso de hacer un Juicio Político para inhabilitar a un ciudadano común que ya no constituye un peligro inminente, es simple tiranía.
Ni qué decir de las pruebas y las alegaciones que se dan en contra del presidente más pacífico que tuvo Estados Unidos. Cada vez queda más en evidencia que Trump nada tuvo que ver con el atraco al Capitolio, y que lo ocurrido dentro fue deliberadamente estimulado y permitido por las autoridades policiales del Capitolio (que no están bajo el mando de Trump). De hecho, recientemente, dos policías capitolinos se suicidaron dejando aún más cuestionamientos.
Persecución política
Trump viene sufriendo una alevosa y vehemente persecución política desde el inicio de su carrera política. No hablamos aquí de la contienda que pueda tener con sus rivales políticos, lo cual hasta es saludable para el balance de una democracia, sino de una persecución política donde se ha utilizado la maquinaria del Estado para difamarlo y sediciosamente removerlo del poder, como el fiasco que se dio con las acusaciones que el FBI dejó que se filtraran en relación con los rusos.
Más allá de la simpatía o antipatía que la personalidad de Trump pueda despertar en la gente, uno no puede dejar de preguntarse dónde están estos grandes charlatanes, defensores del Estado de Derecho y los Derechos Humanos. Los más prudentes de ellossimplemente guardar silencio, mientras que otros, más osados y contumaces, siguen apoyando el atropello inconstitucional incluso sin ya poder dar razones. Constitucionalistas de Harvard, Yale y Princeton consideran esta farsa inconstitucional.
Hace poco fue apresado Efraín Alegre, presidente del PLRA, a quien se lo acusa de no solo de corrupción, sino también, más allá de lo legal, de haber llevado a la bancarrota a su propio partido. Increíblemente los representantes de la ñembo oposición (que son hoy cómplices del gobierno) lo defienden intentando elevar a Efraín al grado de “perseguido político”. La excusa que dan ni siquiera es que él no haya robado, sino que la justicia es una justicia selectiva.
¿En qué quedamos entonces? ¿Será que la propuesta para combatir la justicia selectiva (que sí la hay) es aplicando más justicia selectiva? Para Kattya González y sus epígonos ya ha quedado bien en claro que la justicia es selectiva, ¿pero siempre que beneficie a sus intereses está bien?
Hace treinta años venimos arrastrando uno de los poderes judiciales más corruptos del mundo. La oposición no solo fue cómplice, sino coautora de este nuevo sistema judicial que comenzó con el “pacto de gobernabilidad” propuesto por Wasmosy. De hecho, cada parlamentario al parecer tiene su cupo de poder, del que ni Kattya ni el influencerCarlos Portillo parecen estar exentos.
Si hay un perseguido político en Paraguay, ese es justamente el Sen. Payo Cubas, quien, a pesar de llegar al puesto por voluntad del pueblo, fue removido del Senado con complicidad de la misma oposición que hoy defiende a un personaje de oscura trayectoria moral como Efraín.
Independientemente a la simpatía o antipatía que Payo pueda generar, o a que nos guste o no su política o forma de hacer política, el parlamentario está para parlamentar y legislar. A Payo no se lo acusa de ningún crimen de acción penal pública. Si sus modales y su 'inconducta' generó problemas, los mismos fueron siempre del campo penal privado. Es decir, ameritaba que se lo dejara sin inmunidad parlamentaria para ser querellado por aquellos a quienes agredió.
Han quitado del Senado al más feroz opositor que tuvo el gobierno (y no solo el gobierno de Marito, porque el 'loco' de Payo arremetió embistiendo contra muchos más). ¿De que si estuvo bien todo lo que hizo Payo? Eso me resulta irrelevante, pues para eso mismo los parlamentarios tienen inmunidad parlamentaria, y no para robar meriendas escolares y traficar influencias.
La “locuras” de Payo fueron cometidas como expresión política, no como una impericia personal. Si ha cometido algún crimen contra el Estado, eso sería algo diferente, pero el hecho de que yo no esté de acuerdo con el “modo en el que manifiesta su postura política” no es razón para removerlo del Senado. En tal caso, si estaba loco, que llamen a peritos para que lo examinen y lo remuevan por loco.
El parlamentario muchas veces está para hacer berrinches, como los berrinches de Kattya que he defendido tantas veces; está para denunciar a los colegas a pesar de no tener pruebas, como lo hizo Celeste Amarilla, quien fuera también injustamente penalizada por eso y a quien también en la ocasión la defendí (a pesar también de no estar de acuerdo con su postura política). En todo el mundo, se pueden ver en el Parlamento el punto de ebullición social, lo cual es lógico ya que se trata de tener en él a los representantes del pueblo.
Hace poco Cachito Delgado (más conocido como “El Padrillo Republicano”, quien no niega ser 'hurrero' de Stroessner ni de Cartes, y a quien Cartes lo considera su hermano.) lanzó su intención de buscar una banca en el Senado este 2023. Inmediatamente los dictadores de la democracia hicieron llegar junto al rechazo sus lloros. Pero lesrecuerdo que es el pueblo el que debe elegir a sus representantes, y después de Payo, quizás ningún otro candidato del senado ha salido de las mismas bases del pueblo. Hay una clara diferencia entre ser popular y ser populista.
Llore quien llore y chille quien chille, se debe respetar la voluntad del pueblo. A Payo la elite no solo le ha quitado del Senado, sino que también la Prensa le ha dado la marca de Caín, exiliándolo de cualquier espacio público, a pesar de haber sido quien más audiencia les ha garantizado con sus atropellos y extravagancias.
La Prensa ha iniciado una campaña de desprestigio contra todos los verdaderos representantes del pueblo y los caudillos naturales. El caudillo es una figura natural capaz de congregar gente e influir en ella. No son héroes de la sociedad, sino simplemente líderes naturales. Si observamos un grupo de niños en un jardín de infante, veremos ya a quienes se perfilan como caudillos.
En Paraguay tenemos cuatro líderes naturales capaces de mover a la gente, uno de ellos, HC, está ya constitucionalmente inhabilitado para ser presidente, pero él sí tiene sus propios medios de prensa para defenderse; los otros, Payo Cubas, José Luís Chilavert y Goli Stroessner, independientemente a nuestra simpatía o a la virtud de ellos, son constantemente atacados o ignorados por la Prensa con el fin de neutralizarlos. La finalidad de la elite es la de imponer candidatos manipulables o títeres.
Se irán “imponiendo” candidatos como se viene haciendo, el Grupo de Puebla ya está abiertamente haciendo campaña para ello.Pero los candidatos deben surgir de las bases populares para representarnos. Hoy, tanto la presidencia como los curules tienen precios, y el voto del pueblo no vale nada en esta ñembo democracia. Ya se viene ganando la guerra contra la voluntad del pueblo, con políticos per?rí y con los atropellos a la voluntad del pueblo (que tendría que haber sido sagrada).
En una democracia, los votantes deben elegir a los políticos, y no los políticos a los votantes.