Un atasco vehicular masivo, de más de 24 horas de duración, paralizó las principales autopistas de China al final de la "Semana Dorada", un periodo vacacional crucial en el país. El colapso, que dejó a millones de viajeros varados, se produjo el 7 de octubre de 2025, cuando la masiva ola de retornos a las ciudades superó la capacidad de la infraestructura vial, generando un caos que acaparó la atención internacional. Imágenes aéreas capturaron la magnitud del embotellamiento, mostrando un mar de luces rojas de vehículos inmóviles que se extendía por kilómetros.
El epicentro del monumental embotellamiento se localizó en la estación de peaje de Wuzhuang, en la provincia de Anhui, que se vio completamente desbordada. Videos virales tomados con drones evidenciaron la imposibilidad del flujo de tránsito: 36 carriles de una autopista se veían reducidos a tan solo cuatro para cruzar la estación, creando un cuello de botella casi infranqueable. Las autoridades locales calcularon que, solo en ese punto, más de 120.000 vehículos intentaron pasar el último día de las festividades, un número que superó todas las previsiones.
El caos vial fue el resultado de una convergencia de factores. Este año, la festividad de la "Semana Dorada" se extendió por ocho días, combinando el Día Nacional con el Festival del Medio Otoño, algo que no ocurría desde hace tiempo. Además, la eliminación de peajes durante el feriado fomentó el uso masivo de vehículos particulares, y el buen clima otoñal incentivó a más personas a viajar.
Récord de viajes
El Ministerio de Turismo chino registró un impresionante récord de 888 millones de viajes domésticos durante la celebración, evidenciando un regreso a la normalidad tras la pandemia que superó con creces la capacidad del sistema de transporte.
La congestión masiva se replicó en otras arterias importantes, como la autopista G4, que conecta Beijing con Hong Kong y Macao. En algunas secciones de hasta 50 carriles, el tráfico se detuvo por completo, atrapando a millones de conductores y sus familias en una espera desesperante. La estampa de las filas interminables de automóviles y la frustración de los viajeros se convirtió en el tema dominante en redes sociales como Weibo, donde los usuarios ironizaban sobre la situación.
Para muchos de los afectados, la experiencia no solo fue una prueba de paciencia, sino un recordatorio de los desafíos que enfrenta la infraestructura de China ante la creciente motorización de su población. Los retrasos de hasta 24 horas dejaron a miles de familias a la intemperie en sus vehículos, con las limitaciones propias de una situación tan extrema. Aunque las autoridades habían anticipado un alto volumen de viajes, la magnitud de la estampida superó todos los pronósticos y las medidas preventivas.
El incidente ha reabierto el debate sobre la necesidad de reformar el sistema de peajes y la gestión del tráfico durante los periodos festivos. A raíz del colapso, ha surgido la propuesta de introducir días de retorno escalonados para distribuir el flujo vehicular de manera más equitativa. La indignación pública, expresada en las redes sociales, refleja la urgencia de encontrar soluciones duraderas a un problema recurrente que, con la reactivación del turismo, se ha manifestado con una intensidad sin precedentes.
Este evento se inscribe en la historia de los mega atascos en China, rememorando el tristemente célebre embotellamiento de 2010 en la autopista G110, que se prolongó por 12 días. La diferencia, sin embargo, radica en la rapidez y la masividad del colapso de este 2025, que demuestra que el crecimiento acelerado del tráfico vehicular sigue siendo un reto mayúsculo para el país asiático, a pesar de sus vastas redes de autopistas.