El primer ministro Keir Starmer espera que un nuevo enfoque para las solicitudes de asilo le permita controlar un debate sobre inmigración que amenaza su gobierno. La propuesta ha provocado reacciones negativas.
El primer ministro Keir Starmer espera que la nueva política restrictiva del Reino Unido para las personas que solicitan asilo le permita controlar un encendido debate sobre la inmigración que amenaza su gobierno. Pero las duras normas nuevas ya están provocando acusaciones de "crueldad performativa", sobre todo por parte de legisladores de su propio Partido Laborista.
Esto es solo el principio de los retos a los que se enfrentará Starmer. Está proponiendo una política que negará a los refugiados la posibilidad de establecerse permanentemente en el Reino Unido hasta que lleven 20 años en el país —frente a los cinco años actuales— y los someterá a revisiones periódicas, después de las cuales podrán ser obligados a regresar a sus países de origen si estos vuelven a considerarse seguros.
El Reino Unido está emulando a Dinamarca, que se ha propuesto hacer la vida de los refugiados lo más incómoda posible para disuadir a otros de seguirlos. Otros países escandinavos han probado partes de este enfoque, que los expertos en inmigración han etiquetado "marca país negativa".
Sin embargo, no está claro si esta ruta negativa hará que disminuya el número de llegadas al Reino Unido, como ocurrió en Dinamarca. Además, según los expertos, la política podría tener un efecto corrosivo a largo plazo sobre los inmigrantes legales, que a menudo sienten que son el blanco de los mensajes hostiles del gobierno.
Kristina Bakkaer Simonsen, experta en inmigración de la Universidad de Aarhus, dijo que en Dinamarca "los inmigrantes tienen niveles más bajos de confianza política y satisfacción democrática", y añadió, "esto es especialmente pronunciado entre los inmigrantes musulmanes y los que tienen menos estudios".
Simonsen dijo que era difícil precisar en qué medida el descenso de las solicitudes de asilo en Dinamarca se debía a sus políticas. Después de un repunte en 2015, impulsado por las guerras en Siria, Afganistán e Irak, las solicitudes de asilo disminuyeron en toda Europa. Pero la proporción de solicitudes de Dinamarca también se redujo en relación con sus vecinos.
El recorte de las prestaciones sociales a los solicitantes de asilo por parte del gobierno danés contribuyó a ese descenso, dijo. Pero también hizo que más refugiados vivieran en la pobreza, lo que contribuyó a un aumento de la delincuencia y a peores resultados en la educación.
Los críticos dijeron que las propuestas entrañarían los mismos riesgos para el Reino Unido, que ya ha pasado de ser uno de los países más liberales de Europa hacia los solicitantes de asilo —aprobaba el 76 por ciento de las solicitudes en 2022— a situarse en la mitad del grupo, pues aprobó el 48 por ciento en el primer semestre de 2024.
"Los planes para dejar a los refugiados en un estado de incertidumbre perpetua sobre dónde y si podrán rehacer sus vidas no son solo crueldad performativa, son contraproducentes para la integración y la economía", publicó el lunes en las redes sociales Stella Creasy, diputada laborista.
Los críticos se sintieron especialmente ofendidos por lo que un ministro dijo que era un plan para confiscar objetos de valor, incluidas joyas, a las personas que llegaran al país y solicitaran asilo para ayudar a sufragar el costo de su alojamiento y alimentación. El gobierno aclaró posteriormente que no confiscaría joyas ni bienes con valor sentimental en la frontera.
"La propuesta de las joyas es una crueldad performativa con terribles resonancias históricas para las personas que se beneficiaron de un santuario en el Reino Unido", dijo Sunder Katwala, director de British Future, organización de investigación en Londres, en referencia a quienes huyeron del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Katwala dijo que comprendía "la presión para mostrar control, pero debe ser un control con compasión".
Al presentar el plan en el Parlamento el lunes, la ministra del Interior, Shabana Mahmood, aludió a los disturbios que han estallado en hoteles que alojan a solicitantes de asilo en el último año. La revisión del sistema, dijo, era fundamental para evitar más malestar social.
"Para el público británico, el sistema parece fuera de control e injusto", dijo Mahmood. "Para mantener la generosidad que nos permite ofrecer santuario, debemos establecer el orden y el control".
El gobierno espera que el plan ayude al Reino Unido a frenar el flujo de solicitantes de asilo que cruzan el Canal de la Mancha en embarcaciones a menudo no aptas para navegar. Casi 40.000 personas han realizado esas peligrosas travesías en lo que va del año, más que en el mismo periodo del año pasado, aunque por debajo de la cifra récord de 2022.
Con sus anticuadas políticas hacia los solicitantes de asilo, dijo Mahmood, el Reino Unido se ha quedado rezagada respecto a otros países europeos en el control de la afluencia de estos migrantes. En 2024, dijo, las solicitudes de asilo en el Reino Unido aumentaron un 18 por ciento, un nivel récord; en toda Europa, disminuyeron un 13 por ciento.
Según las nuevas propuestas, las personas a las que se les conceda asilo recibirán 30 meses de residencia, tras los cuales se reevaluarían sus solicitudes y se enfrentarían a la deportación si ya no se las "considerara necesitadas de protección". Si se considerara que sus países de origen son seguros, serían devueltos por una vía rápida.
Con la política actual, las solicitudes de asilo se deciden solo una vez y se concede a los refugiados permiso para permanecer en el Reino Unido durante cinco años, después de los cuales pueden solicitar la residencia permanente. Con el nuevo sistema, los refugiados solo podrían solicitarla al cabo de 20 años.
El Reino Unido dijo que dejaría de expedir visas a los países que no cooperaran en la readmisión de refugiados. Los funcionarios señalaron a Angola, Namibia y la República Democrática del Congo como posibles objetivos de esa sanción.
El gobierno también reducirá las prestaciones a los solicitantes de asilo, para animarlos a encontrar trabajo o a pagar su propio alojamiento. Y eliminará la obligación legal de prestar ayuda a todos los solicitantes de asilo que, de otro modo, quedarían en la indigencia.
"El reto al que se enfrentan los gobiernos es que tienen un conflicto entre dos objetivos", dijo Madeleine Sumption, directora del Observatorio de Migración de la Universidad de Oxford. "Quieren reducir el número de refugiados. Pero si la gente va a pasar de forma realista el resto de su vida en el país, quieren que se integren".
"El mismo conjunto de políticas que se utilizan para disuadir a la gente de venir son también políticas que dificultan su integración", dijo.
Gran parte del plan seguía sin estar claro el lunes. Los funcionarios dijeron que no tenían estimaciones de cómo afectarían las nuevas normas a las travesías en pequeñas embarcaciones, las solicitudes de asilo o las cifras de inmigración en general.
El plan está impulsado tanto por la política como por las directrices. Starmer está desesperado por defenderse de la presión de la derecha, en particular del partido antiinmigración Reform UK, que ha acumulado una ventaja de dos dígitos sobre los laboristas en las encuestas, en parte debido a su explotación de la ansiedad sobre la inmigración descontrolada.
Pero los reparos expresados por los legisladores laboristas deberían ser una advertencia para el gobierno, según los analistas políticos. Starmer se ha visto obligado a dar marcha atrás en propuestas anteriores, como un recorte de las prestaciones sociales, después de que provocaran una reacción negativa en su partido.
El gobierno, dijeron, podría encontrarse en la poco envidiable situación de enemistarse con sus partidarios sin ganarse el favor de la derecha que se opone a la inmigración.
"Parece que nos encontramos en una especie de círculo vicioso en el que hacen declaraciones rimbombantes que son recogidas por los tabloides y alarman a su base", dijo Robert Ford, profesor de política de la Universidad de Manchester. "Luego se retractan y fingen: 'Eso no es lo que queríamos decir en absoluto'".
Por: Mark Landler, The New York Times.
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