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El mensaje del Papa León XIV: "Que el Espíritu Santo abra las puertas que aún siguen cerradas"

24 Mayo de 2026
24 Mayo de 2026
El papa León XIV.
El papa León XIV. Foto: ALBERTO PIZZOLI / AFP

Este 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, tras haber celebrado la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV dirigió desde la ventana del Palacio Apostólico la oración mariana del Regina Caeli. En su alocución, el Pontífice invitó "como los primeros discípulos", a encomendarnos "a la intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia".

"Incluso en nuestros días, especialmente en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas", esta fue la exhortación del Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Caeli de este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, en la cual "estamos llamados a contemplar el don del Espíritu Santo, derramado en abundancia sobre la Iglesia naciente - indicó el Papa - y, hoy, nuevamente dispensado a sus miembros, como luz y fuerza que los acompaña en cada momento de la vida".

El Espíritu abre las puertas 

Desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre indicó que, en esta solemnidad de Pentecostés podemos detenernos en una imagen del Espíritu que nos da la liturgia de hoy: el Espíritu abre las puertas.

"En efecto, el Evangelio nos dice que estaban «cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos» (Jn 20,19) y, al mismo tiempo, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra que el Espíritu llegó como una ráfaga de viento (cf. Hch 2,2), que abriendo las puertas impulsó a los discípulos a salir a anunciar la Buena Noticia de Cristo resucitado".

La intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo

Antes de concluir su alocución, el Papa León XIV subrayó que, en nuestros días, especialmente en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas. Y como los primeros discípulos, encomendarnos a la intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia.

"Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos".

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