Estados Unidos anunció que no enviará ningún funcionario de alto nivel a la COP30, que comenzará en Brasil el 10 de noviembre, con una reunión de líderes prevista para los días 6 y 7. Así lo informó un funcionario de la Casa Blanca que pidió mantener el anonimato.
La decisión marca una ruptura significativa con la habitual presencia estadounidense en las negociaciones internacionales sobre el clima. Según el funcionario, "el presidente está dialogando directamente con líderes de todo el mundo sobre temas energéticos, como se puede apreciar en los históricos acuerdos comerciales y de paz, que tienen un foco significativo en las alianzas energéticas".
El anuncio se produce en un momento particular: Brasil informó que menos de 60 dirigentes mundiales han confirmado su asistencia a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno que se celebra antes del inicio de la COP30.
Para la ciudad amazónica de Belém —sede del evento— se espera una presión logística importante, dado que se estima una afluencia de alrededor de 50 000 participantes entre delegados, acompañantes y prensa.
La postura estadounidense refleja la visión del gobierno de Trump, que ha expresado escepticismo hacia los compromisos multilaterales sobre cambio climático, acusándolos de costosos para la economía. Un funcionario recordó que la administración recurrió a sanciones y presiones diplomáticas contra países que apoyaron medidas como un precio mundial al carbono por transporte marítimo.
A pesar de la ausencia de altos funcionarios del gobierno federal, se anticipa que más de 100 líderes estatales y municipales de EE. UU. (gobernadores, alcaldes) asistirán al evento bajo la coalición "America Is All In", que busca demostrar que la acción climática sigue viva en el país pese a la dirección federal.
Por su parte, la presidencia de la COP30 está a cargo del diplomático brasileño André Corrêa do Lago, quien ya adelantó que uno de los mayores retos será marcar un rumbo sin EE. UU., dado el papel tradicional que ha tenido Washington en estas conferencias.
Analistas advierten que la ausencia de EE. UU. podría debilitar la dinámica negociadora global y abrir un espacio para que otros países tomen mayor protagonismo. Sin embargo, algunos afirman que también podría dar lugar a mayores consensos al reducir la posibilidad de que EE. UU. actúe como obstáculo en las conversaciones.
La COP30 convoca a 170 delegaciones acreditadas para la conferencia principal en Belém. Pero el hecho de que la cumbre de líderes tenga una participación tan baja —menor a los recientes eventos— plantea preguntas sobre el nivel de compromiso internacional frente al cambio climático.
En definitiva, la decisión de Estados Unidos de no desplegar una delegación de alto rango a la COP30 representa una señal política que podría influir en la ambición de las negociaciones climáticas de este año, al tiempo que pone en relieve el peso de los acuerdos bilaterales de energía en la estrategia estadounidense.