El mandatario de Nicaragua, Daniel Ortega, cumplió este martes 11 de noviembre de 2025 ochenta años, aferrado al poder tras diecinueve años de gobierno ininterrumpido y tres reelecciones cuestionadas. Aunque aquejado por múltiples enfermedades crónicas, el líder sandinista continúa apareciendo en actos oficiales en Managua, visiblemente encorvado y fatigado, acompañado por su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo, así como por su familia, convertida en el símbolo de continuidad del régimen.
Ortega, que dirigió el país por primera vez en la década de 1980 y regresó al poder en 2007, se ha convertido en el gobernante más longevo de la historia nicaragüense. "Es el dictador que más tiempo ha acumulado en el poder", señaló a DW la historiadora Dora María Téllez, exguerrillera sandinista y opositora exiliada, quien recuerda que el mandatario ha instaurado una "oligarquía corrupta" y un "Estado de terror" sustentado en la represión.
La continuidad de Ortega se consolidó tras su retorno al poder gracias a reformas electorales y constitucionales que eliminaron los límites a la reelección. Según Téllez, desde 2011 el país vive bajo un modelo autoritario similar al que los sandinistas combatieron durante la dictadura de los Somoza. Durante las protestas de 2018, el Gobierno ofreció un diálogo con la oposición, pero la represión posterior dejó cientos de muertos y miles de exiliados.
La Organización de las Naciones Unidas, a través del Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN), ha documentado la responsabilidad directa de Ortega, Murillo y su círculo cercano en la comisión de crímenes de lesa humanidad. "Su permanencia ha generado un sistema cerrado, donde el poder político, económico y judicial se confunden", explicó el abogado Reed Brody, miembro del GHREN, quien también advierte del creciente aislamiento internacional del país.
A nivel global, Ortega se suma a una lista de mandatarios de larga permanencia en el poder, como Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial, Paul Biya en Camerún, Ali Jamenei en Irán o Alexander Lukashenko en Bielorrusia, todos caracterizados por regímenes autoritarios y control absoluto del Estado.
En el plano personal, la salud del presidente nicaragüense ha sido motivo de especulación durante décadas. En 1994 sufrió un "infarto silencioso" y, según medios independientes, padece lupus e insuficiencia renal crónica. Diversas fuentes indican que viaja con frecuencia a Cuba para recibir tratamiento y que en su residencia del barrio El Carmen de Managua cuenta con atención médica permanente.
Mientras tanto, las leyes han sido reformadas para permitir que Rosario Murillo continúe gobernando sin necesidad de elecciones si su esposo fallece. Con esta estructura de poder familiar y un país sometido a la represión, Daniel Ortega llega a los 80 años como símbolo de un régimen que combina longevidad, control y deterioro físico, pero que aún no muestra señales de ceder el mando.
Fuente: DW