Nuevo rumbo diplomático

Bolivia mantiene el diálogo con Venezuela, Cuba y Nicaragua, pero priorizará vínculos con países afines en valores

El canciller Fernando Aramayo afirmó que el Ejecutivo no romperá relaciones con los antiguos aliados del MAS, aunque adoptará una política exterior "pragmática" centrada en los intereses nacionales. También confirmó el restablecimiento de vínculos diplomáticos con Estados Unidos tras casi veinte años de distanciamiento.
Rodrigo Paz Pereira, presidente de Bolivia. Foto: Aizar Raldes / AFP.

El nuevo ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, Fernando Aramayo, aseguró que el gobierno del presidente Rodrigo Paz no cerrará el diálogo con Venezuela, Cuba y Nicaragua, aunque marcó distancia política con esos regímenes al afirmar que el país solo "convivirá e interactuará con quienes compartan nuestros valores y principios".

En declaraciones al diario El Deber, el canciller explicó que la política exterior del nuevo Ejecutivo se basará en una visión pragmática, centrada en la defensa de los intereses nacionales y la diversificación de alianzas internacionales. "No significa que dejemos de dialogar o entendernos con quienes no comparten nuestros principios, pero la cooperación se orientará hacia aquellos con los que compartimos una visión democrática y de respeto a los derechos humanos", puntualizó.

La llegada de Paz al poder marca un giro diplomático respecto de los gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), que mantuvieron estrechos lazos ideológicos con La Habana, Caracas y Managua. Aramayo confirmó además que Bolivia inició el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, interrumpidas desde 2008 tras la expulsión del embajador estadounidense durante la gestión de Evo Morales.

El canciller subrayó que la nueva política exterior buscará "superar diferencias" y abrir espacios de cooperación con todos los países, incluida Chile, con quien Bolivia no mantiene relaciones diplomáticas plenas desde 1978 debido a la histórica disputa por una salida soberana al mar.

"Vamos a atender los intereses del país, lo que implica tener la capacidad de superar aspectos que no le aportan positivamente a Bolivia", declaró Aramayo, al ser consultado sobre el futuro de los vínculos con Santiago.

A pesar de la cercanía ideológica entre el expresidente Luis Arce y el mandatario chileno Gabriel Boric, las relaciones bilaterales se mantuvieron frías en los últimos años. En 2013, el gobierno de Evo Morales presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para obligar a Chile a negociar una salida al océano Pacífico; sin embargo, en 2018, el tribunal de La Haya determinó que Santiago no tenía obligación legal de hacerlo.

El tema marítimo continúa siendo una cuestión de Estado para Bolivia, aunque el nuevo Gobierno apuesta por un enfoque menos confrontativo. "La diplomacia del siglo XXI debe ser de resultados, no de consignas", afirmó un alto funcionario del Ministerio de Exteriores, consultado por medios locales.

El presidente chileno Gabriel Boric fue, no obstante, uno de los cinco jefes de Estado sudamericanos que asistieron a la ceremonia de investidura de Rodrigo Paz en La Paz, junto con el argentino Javier Milei, el ecuatoriano Daniel Noboa, el paraguayo Santiago Peña y el uruguayo Yamandí Orsi.

"Me voy con ganas de seguir trabajando por la hermandad de nuestros pueblos", expresó Boric en sus redes sociales tras el acto oficial, un gesto interpretado como una señal de distensión entre ambos países.

Con estas declaraciones, el canciller Aramayo delineó los primeros trazos de una política exterior menos ideologizada, que busca equilibrar las relaciones tradicionales con los nuevos desafíos regionales. La administración Paz, que asumió el poder este fin de semana, pretende posicionar a Bolivia como un actor constructivo en Sudamérica, capaz de tender puentes sin renunciar a sus principios democráticos.