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Así transparentó el papa Francisco las turbias aguas del Banco Vaticano

Entre los principales clientes de esta entidad financiera se encuentran congregaciones religiosas, órdenes, dicasterios, obispos y algunos particulares ligados a la Iglesia.

José Zalazar 26 Abril de 2025
26 Abril de 2025
Fachada del Banco del Vaticano.
Fachada del Banco del Vaticano. Foto: Vaticano News.

Las cuentas de origen del Instituto para las Obras de Religión (IOR) más conocido como Banco Vaticano han sido tema de especulación no solo en la prensa sino también en el cine con películas como el Padrino III, inspirada en el crimen del conocido "banquero de Dios" en referencia a personajes como el presidente del IOR Roberto Calvi, hallado ahorcado en un puente de Londres en 1982, aunque también se lo conoce de esa forma al polémico el arzobispo estadounidense Paul Marcinkus, vinculado a dicha institución. No obstante, el papa Francisco se caracterizó por su enérgico rechazo a ciertas prácticas financieras dentro de la institución y las enfrentó con acciones concretas, auditorías y el cierre definitivo de cuentas sospechosas.

Contexto

Cabe mencionar que el Vaticano es una Ciudad Estado, fruto de años de negociaciones diplomáticas entre las partes que se disputaban los "Territorios Pontificios" que básicamente eran propiedad de la Iglesia Católica en litigio con el estado italiano. 

El conflicto se acabó bajo el gobierno de Benito Mussolini (El Duce) quien providenció una compensación económica de 750 millones de liras italianas a la iglesia en concepto de indemnización por las tierras. Le secundan otros acuerdos pactados en lo que se conoce como "El Tratado de Letrán" de 1929, otorgando la suficiente autonomía a la Santa Sede para tener su propio sello postal, placa vehicular, Corte de Justicia, moneda (lira vaticana hasta 2002) y por supuesto, su propio banco. 

Banco Vaticano, IOR

Fundado en 1942, el Banco Vaticano nació con el propósito de administrar los fondos destinados a causas religiosas. Si bien no funciona como un banco tradicional, sus operaciones son bastante parecidas, ya que ofrece servicios como depósitos, transferencias y manejo de activos.

Entre sus clientes se encuentran congregaciones religiosas, órdenes, dicasterios, obispos y algunos particulares ligados a la Iglesia. Manejaban fondos que superaban los 7.000 millones de euros, provenientes de alrededor de 5.200 entidades católicas.

El sumo pontífice desde su llegada al poder en 2013 promovió transparencia para asegurar un uso adecuado de los fondos, la mayoría provenientes de donaciones de fieles alrededor del mundo. El Banco del Vaticano recibe una parte de los aportes que llegan a las parroquias y obispados globalmente, destinados a financiar proyectos y otros gastos de la Iglesia. Además, administra inversiones y propiedades inmobiliarias de la Santa Sede, una de las instituciones con más títulos de propiedad inmobiliarias del mundo. 

Durante años, estas operaron con escasa supervisión, derivando ocasionalmente en escándalos de corrupción. Según el balance de 2023, el IOR manejaba activos de clientes por un total de 5400 millones de euros. El número de cuentas se ha reducido gradualmente debido a la política de cierre de cuentas sospechosas, teniendo actualmente casi trece mil clientes. 

 Al asumir el papado en 2013, Francisco encontró un sistema con cuentas a nombre de diócesis, congregaciones, instituciones católicas e incluso individuos, muchas sin poder justificar el origen o destino de los fondos. Reaccionó ordenando una auditoría completa del IOR, clausurando unas 5000 cuentas bancarias sospechosas y estableciendo nuevos estándares operativos.

Centralización

Entre sus principales acciones, dispuso que todas las entidades del Vaticano transfirieran sus fondos al Banco del Vaticano para evitar manejos descentralizados y no supervisados. También unificó organismos financieros para eliminar duplicidades administrativas y reforzó los controles sobre las inversiones y proyectos financiados. En 2014, estableció la Secretaría de Economía.

El impacto de esta política resultó en la condena del Tribunal del Vaticano en 2023 a un excolaborador cercano a Francisco, encargado de manejar las finanzas, un hecho sin precedentes en la historia de la Iglesia Católica. Se trata del cardenal Giovanni Angelo Becciu, quien invirtió en propiedades lujosas en Londres mediante un crédito superior a 200 millones de euros, garantizado con fondos del Banco del Vaticano.

Según el balance anual 2023 del IOR, el banco cuenta con 107 empleados y administra activos totales por 2.431.820.477 de euros (incluyendo 27 millones en efectivo). Fondos de 12.361 clientes por 5400 millones de euros, de los cuales, 1.601 millones de euros son de depósitos, 2.951 millones de euros bajo cartera propia y 837 millones de euros en custodia.

En 2023, la entidad cerró con ganancias netas de 30,6 millones de euros, ligeramente inferiores a las de 2022, debido a la volatilidad del mercado, pero con un margen bancario del 49% y un ratio de solvencia TIER 1 del 60 %, uno de los más altos del mundo. 

Además, la firma Mazars Italia S.p.A. auditó externamente la gestión financiera y en noviembre de 2013 fue contratada la empresa auditora Ernst & Young para la realización de auditorías externas a fin de descartar irregularidades. Actualmente, se confirma la precisión de los estados contables, bajo la supervisión de la Autoridad de Supervisión e Información Financiera (ASIF), encargada de regular las finanzas vaticanas. 

En suma, anteriormente las cuentas que recibían dinero de los fieles se usaban para canalizar fondos ilícitos, generados fraudulentamente. Pero bajo el mandato de Francisco se intentó frenar esta y otras prácticas turbias de financiación, pero tras su fallecimiento hay una gran incertidumbre sobre si su sucesor seguirá ese camino de transparencia institucional.

Patrimonio personal

Como es de público conocimiento, al sumo pontífice se le suele obsequiar una gran gama de presentes, como aquel hermoso Lamborghini Huracán de 640 HP edición especial que recibió en 2017, pero que Francisco decidió remitir a la casa de subastas Sotheby's en Mónaco, que lo vendió por más de USD 800 mil, dinero que fue destinado para ayudar a inmigrantes. 

Por su parte el pontífice antes de partir a la última morada el lunes pasado, hizo una donación de su cuenta personal de 200.000 euros para los presos, lo que representaba "sus últimas posesiones", informó este miércoles el obispo Benoni Ambarus, director de la oficina de pastoral carcelaria y responsable de asuntos caritativos en Roma. En otras palabras, su testamento deja un legado 100% inmaterial. Le sobrevive su única hermana María Elena Bergoglio, quien está al cuidado de religiosas en Argentina debido a su avanzada edad.

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