Análisis

Argentina: el país con la psiquis colectiva dañada y al que le cuesta demasiado ser "normal"

Javier Milei, presidente de Argentina. Foto: La Nación Argentina.

La sociedad argentina está totalmente traumatizada por su historia económica de las últimas decadas y eso lleva a escenarios y actitudes colectivas que no son "normales" en ninguna otra nación.

No existe otro país en donde una elección provincial lleve al desplome de una moneda, a la destrucción de activos en la bolsa y al cuestionamiento de si un gobierno nacional tiene el capital político suficiente para culminar su mandato.

Algo que pocos se animan a decir abiertamente es que ese país no tiene moneda. En teoría es el peso, pero en los hechos el argentino, ciudadano de a pie o empresario, se pasa más horas del día mirando su cotización para comprar dólares, en vez de analizar en qué invertir, cómo ofrecer mejores servicios o productos, cómo ganarle a la competencia o cómo bajar costos para disminuir precios.

Es todo una gran timba financiera para cubrirse de "algo" que pueda pasar. Si el dólar está tranquilo y con valor controlado, hay que comprar porque no va a durar mucho y hay que aprovechar. Si el dólar está apreciándose también hay que salir a comprar todo lo que se pueda porque "no se sabe hasta dónde va a llegar".

Esto aún con superávit fiscal y cero emisión, por lo tanto, la dinámica de comportamiento económico de los argentinos ya no responde a argumentos racionales o cifras, sino a una obsesión patológica con el dólar que confirma que el peso es una farsa y que necesitan dolarizar urgentemente o adoptar cualquier otra moneda que calme la "angustia" que les genera el peso, lo cual hace que Argentina sea una economía sin moneda, algo absolutamente inviable más allá del gobierno de turno.

¿Pero por qué los mercados reaccionan tan mal ante un triunfo importante del kirchnerismo? Simple: es la única fuerza política progresista democrática del continente que sigue discutiendo o relativizando la importancia de una macroeconomía ordenada, con independencia del Banco Central, acumulación de reservas y no impresión de moneda.

Brasil, México, Colombia y Chile son economías latinoamericanas grandes gobernadas por partidos progresistas y en ninguno de ellos ocurre algo parecido.

Todos muestran políticas macroeconómicas serias, algunos más y otros menos, pero que no tienen nada que ver con el descontrol fiscal argentino que para muchos referentes del kirchnerismo está justificado porque "darle platita" a la gente "estimula el consumo", aunque sea a costa de la disparada de la inflación y la destrucción del valor de la moneda.

Hacer populismo con algo tan importante sabemos muy bien en qué termina: empobrecimiento general de la población, huida de capitales y talento humano, cortes en la electricidad por falta de inversión, escasez de ciertos productos desde combustibles a medicamentos o insumos importados por falta de divisas y otras calamidades.

Argentina está atrapada entre sus clases medias que quieren cambiar y pueden visualizar cómo debería ser su futuro y las clases populares acostumbradas a subsidios y beneficios sociales de todo tipo y a quienes no les importa el mañana porque viven en el día a día. Se trata de un país que creó un llamado "estado de bienestar" que hoy es insostenible con la incapacidad de generar riqueza que ha mostrado en las últimas décadas.

En otras palabras, quieren vivir como en España con la riqueza de Colombia.

Ojalá y esa gran nación encuentre alguna vez el rumbo y vuelva a ser el faro de cultura y prosperidad que supo ser hace ya varias décadas atrás.