Libertad de prensa

América Latina registra al menos 13 periodistas asesinados en lo que va de 2026

México vuelve a encabezar la lista de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en la región, con siete comunicadores asesinados. Colombia, Guatemala, Venezuela y Haití también reportaron crímenes contra trabajadores de prensa, en un contexto marcado por la violencia, el crimen organizado y la impunidad.
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Al menos 13 periodistas fueron asesinados en América Latina durante 2026, según registros de organizaciones internacionales de libertad de prensa. La mayoría de los casos se concentran en México, que continúa siendo el país más letal del continente para el ejercicio de la profesión, aunque también se documentaron homicidios en Colombia, Guatemala, Venezuela y Haití.

En territorio mexicano se registraron siete asesinatos. Entre las víctimas figura Juan David Gámez, director del portal Táctica SS, quien fue baleado el 18 de marzo en Nuevo León mientras se desplazaba en motocicleta. El comunicador cubría temas de seguridad, narcotráfico, corrupción y operativos policiales.

También fue asesinada Roxana Berenice Guzmán, fundadora de la página Pulso Informativo del Sureste. Había desaparecido el 2 de junio en Veracruz y sus restos fueron encontrados días después. Las autoridades aún investigan si el crimen estuvo relacionado con su labor periodística.

El 11 de junio fue ultimado Luis Ángel López, reportero de sucesos del diario Vanguardia de Veracruz y director de Reportaje Policiaco Veracruzano. Tenía 29 años y había denunciado presunto hostigamiento por parte de agentes de seguridad.

Otro caso fue el de Manuel Alejandro Moreno Serna, conocido como "Alex Serna", periodista ambiental independiente que desapareció el 20 de junio en Guerrero. Su muerte fue confirmada el 3 de julio. El comunicador investigaba temas relacionados con el agua, el medioambiente y posibles hechos de corrupción.

La lista se completa con Josué Martínez Contreras, director del medio digital Noticias San Martín Texmelucan, asesinado el 16 de julio en Puebla frente a su madre y a su hijo de 13 años, y con Francisco Alejandro Leyva Aguilar, columnista político de Oaxaca, quien fue baleado el 22 de julio mientras desayunaba en un puesto callejero, pocas horas después de publicar una columna crítica sobre la inseguridad y difundir denuncias relacionadas con presuntos hechos de corrupción.

En Colombia, dos periodistas perdieron la vida este año. Mateo Pérez Rueda, de 24 años y fundador del medio El Confidente, desapareció mientras cubría enfrentamientos entre el Ejército y un grupo disidente de las FARC en Antioquia; su cuerpo fue recuperado días después. Por su parte, Cristian Herrera, director de Cúcuta Real y Cúcuta al Rojo Vivo, fue asesinado el 6 de junio. El comunicador contaba con medidas estatales de protección debido a las amenazas que había recibido y ya había sobrevivido a un atentado en 2017.

En Guatemala, el periodista indígena Carlos Humberto Cal Ical murió el 26 de abril tras ser atacado con arma de fuego cuando regresaba a su vivienda en Alta Verapaz. Durante años informó sobre conflictos por la tierra, proyectos hidroeléctricos y cuestiones ambientales.

En Venezuela, la periodista Yolimar Hidalgo, de 30 años, fue hallada sin vida el 8 de marzo en el estado Aragua con un disparo en la cabeza. Las circunstancias del crimen continúan bajo investigación.

La situación también se agravó en Haití, donde los reporteros Osnel Espérance y Junior Célestin fueron secuestrados el 13 de marzo mientras realizaban una cobertura en Puerto Príncipe. Posteriormente, investigaciones de organizaciones de prensa concluyeron que existen fuertes indicios de que ambos fueron ejecutados por grupos armados.

Diversas organizaciones internacionales, entre ellas Reporteros Sin Fronteras (RSF) y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), advierten que la violencia contra la prensa en América Latina continúa siendo uno de los principales desafíos para la libertad de expresión. La impunidad, la presencia del crimen organizado, los conflictos armados y la corrupción siguen exponiendo a los comunicadores que investigan temas sensibles como narcotráfico, seguridad, política y medioambiente.

Fuente: DW