¿Por qué volvemos a quien nos lastima? La adicción a una relación

por Sandra Lustgarten 23 Noviembre de 2025
23 Noviembre de 2025
Foto referencial.
Foto referencial.

Hay vínculos que duelen, pero aun así cuesta soltarlos. Relaciones en las que una persona engaña, miente, hiere... y, sin embargo, el otro vuelve una y otra vez. No es falta de inteligencia ni debilidad: es una adicción emocional, tan poderosa como cualquier otra droga.

El círculo que atrapa

La adicción a una relación se construye en un ciclo repetitivo: idealización, decepción, ruptura y reconciliación. Cada reencuentro libera una descarga de dopamina —el neurotransmisor del placer— que funciona como recompensa inmediata después del sufrimiento. Así, la mente asocia el dolor con la expectativa del alivio que trae volver. Con el tiempo, ese patrón se consolida. La persona ya no busca amor, sino el alivio momentáneo del abandono. El vínculo se vuelve una especie de droga emocional: produce euforia, ansiedad y abstinencia.

¿Por qué no se puede dejar?

En estas relaciones hay algo de lo conocido, de lo familiar, incluso cuando es dañino. Muchas veces el adicto afectivo repite modelos aprendidos en la infancia: la necesidad de ser aceptado, el miedo al rechazo o el mandato de "salvar" al otro. El engaño y la mentira generan un vaivén que refuerza la dependencia: el sufrimiento se mezcla con la esperanza.

"Esta vez va a cambiar", "ahora sí me eligió", "no puedo vivir sin él o ella". En el fondo, la persona no busca al otro, sino una versión de sí misma que solo existe en esa relación.

¿Cómo salir de ese tipo de vínculo enfermo?

El primer paso es reconocer que no es amor, sino adicción. Y que el único tratamiento posible comienza con el contacto cero: eliminar toda comunicación para cortar el circuito químico que mantiene la dependencia. No se trata de castigar, sino de desintoxicarse emocionalmente. Durante ese proceso, aparecen síntomas parecidos a los de cualquier abstinencia: ansiedad, tristeza, vacío. Pero son parte del duelo por una ilusión, no por un amor real.

Sanar el vacío

Superar una adicción afectiva no se logra con fuerza de voluntad, sino con acompañamiento.

Un espacio terapéutico ayuda a entender el origen del enganche, a trabajar la autoestima y a construir vínculos desde otro lugar: con respeto, reciprocidad y calma. Recuperarse implica aprender que el amor sano no genera angustia, ni miedo, ni confusión. Que no se necesita sufrir para sentirse vivo. Que no se vuelve a quien miente, desprecia o maltrata... porque el amor no se negocia con la verdad.

¿Es posible olvidar?

Las parejas que viven este tipo de relación muchas veces vuelven para vengarse; el círculo vicioso y atrapante es pensar que esta vez hay cosas que no se van a permitir o se hará justicia con el "ojo por ojo...". La realidad es que la víctima jamás pierde su rol, y que la mayoría de las veces el daño se intensifica o lo que recibe es más grave. El juramento de cambio, hoy soy otra persona, es solo la forma de enganchar a la otra persona nuevamente y generar el círculo adicto hasta que algo provoque una nueva crisis, por ejemplo, descubrir otra mentira u otra infidelidad; sin duda, esto va alimentando la relación conflictiva una y otra vez, generando adrenalina y provocando excitación en el vínculo que transita estados y conlleva vivir desniveles intensos de emoción.

Ejemplo:iosota adicciones son sorbos de dopamina que ayudan a ver por instantes lo negativo de la vida como positivo, creyendo fantasiosamente que esa es la única manera de sobrevivir.

Últimas noticias